Por primera vez desde 2021, esta categoría superó a los homicidios interpersonales y las armas de fuego estuvieron presentes en casi la mitad de las muertes, mientras cinco regiones avanzaron en sentido contrario a la tendencia nacional
Chile cerró el primer semestre de 2026 con 472 víctimas de homicidio consumado, 41 menos que en igual período del año anterior, y una tasa de 2,3 casos por cada 100 mil habitantes. El indicador volvió así al mismo nivel registrado durante los primeros seis meses de 2018 y completó cuatro años consecutivos de descenso desde el máximo alcanzado en 2022.
La trayectoria nacional es clara. Después de llegar a 660 víctimas durante el primer semestre de 2022, el registro bajó a 633 en 2023, 586 en 2024 y 513 en 2025, antes de alcanzar las 472 actuales. En ese período, la tasa se redujo 32,4%, mientras que frente al primer semestre del año pasado la disminución fue de 11,5%.
Las cifras forman parte del Informe Nacional de Víctimas de Homicidios Consumados elaborado por el Centro para la Prevención de Homicidios y Delitos Violentos de la Subsecretaría de Prevención del Delito. El documento consolida información del Observatorio de Homicidios y sus registros son contrastados y validados por el Ministerio Público junto a otras instituciones del Estado.
El giro detrás de la caída nacional
La disminución general, sin embargo, esconde un movimiento en dirección contraria. Los homicidios ocurridos en contextos asociados a delito y/o grupo organizado aumentaron desde 165 hasta 195 víctimas, 30 casos adicionales y un incremento de 18,2%. Su participación dentro del total pasó además a 41,3%, el nivel más alto desde el primer semestre de 2021 y un dato que adquiere especial relevancia mientras el Gobierno despliega su agenda contra el crimen organizado y el terrorismo.
El cambio exige una precisión. La categoría utilizada por el informe no equivale exclusivamente a crimen organizado. También incorpora homicidios producidos durante otros delitos, ataques efectuados por desconocidos sin aparente provocación y otras circunstancias definidas metodológicamente por el Observatorio. Por ello, los 195 casos no pueden atribuirse íntegramente a organizaciones criminales.
Aun así, la composición de la violencia homicida cambió. Mientras la categoría asociada a delitos y grupos organizados aumentó, los homicidios interpersonales bajaron de 202 a 185 víctimas y representaron 39,2% del total. Las armas de fuego, en paralelo, estuvieron presentes en 48,9% de las muertes, retomando terreno después de tres primeros semestres consecutivos de descenso, y el 62,9% de las agresiones ocurrió en la vía pública.
El fiscal nacional, Ángel Valencia, puso el acento en la trayectoria general al señalar que “estamos volviendo a la situación en la que nos encontrábamos en el año 2018 o el año 2019, en términos globales”. El desafío que dejan los datos es ahora distinto: mantener esa reducción mientras cambia el contexto en que se produce una parte creciente de los homicidios.
Tarapacá, Coquimbo y O’Higgins se mueven contra la tendencia
La baja tampoco se distribuye de manera uniforme. Once de las 16 regiones redujeron su tasa de homicidios, mientras cinco registraron aumentos. Tarapacá encabezó las alzas con 78,9%, seguida por Coquimbo con 42,1% y O’Higgins con 33,3%.
Las tres terminaron además sobre la tasa nacional de 2,3 víctimas por cada 100 mil habitantes, reforzando el debate sobre una mayor capacidad regonal para definir prioridades de seguridad pública.
Víctimas de homicidio consumado por región
| Región | Víctimas 2025 | Víctimas 2026 | Variación víctimas |
|---|---|---|---|
| Arica y Parinacota | 15 | 8 | -46,7% |
| Tarapacá | 8 | 14 | +75,0% |
| Antofagasta | 21 | 17 | -19,0% |
| Atacama | 11 | 3 | -72,7% |
| Coquimbo | 17 | 24 | +41,2% |
| Valparaíso | 55 | 53 | -3,6% |
| Metropolitana | 239 | 218 | -8,8% |
| O’Higgins | 19 | 25 | +31,6% |
| Maule | 22 | 25 | +13,6% |
| Ñuble | 5 | 6 | +20,0% |
| Biobío | 40 | 38 | -5,0% |
| La Araucanía | 21 | 16 | -23,8% |
| Los Ríos | 12 | 8 | -33,3% |
| Los Lagos | 20 | 14 | -30,0% |
| Aysén | 5 | 1 | -80,0% |
| Magallanes | 3 | 2 | -33,3% |
| Total nacional | 513 | 472 | -8,0% |
El movimiento regional ayuda a entender por qué esas tres zonas adquieren relevancia. Tarapacá pasó de ocho a 14 víctimas y su tasa saltó de 1,9 a 3,4; Coquimbo avanzó de 17 a 24 víctimas, mientras su tasa subió de 1,9 a 2,7; y O’Higgins pasó de 19 a 25 casos, con un indicador que creció desde 1,8 hasta 2,4. No son simplemente regiones donde hubo más homicidios: son las tres mayores alzas de tasa de todo el país.
La concentración absoluta sigue, en cambio, radicada en las zonas más pobladas. La Región Metropolitana registró 218 víctimas, Valparaíso 53 y Biobío 38. Juntas reunieron el 65,5% del total nacional, aunque las tres redujeron sus cifras respecto de 2025. El mapa muestra así dos fenómenos simultáneos: el volumen permanece concentrado en las grandes regiones, mientras los mayores repuntes aparecen en otros territorios.
Ese contraste adquiere especial fuerza en O’Higgins y Coquimbo, dentro de una macrozona Centro que fue la única del país que aumentó su tasa de homicidios durante el semestre. En el norte, Tarapacá vuelve a quedar bajo observación después de elevar su tasa a 3,4, la más alta registrada entre las regiones durante los primeros seis meses de este año.
De reducir homicidios a golpear las estructuras
La nueva radiografía desplaza progresivamente el desafío. Reducir el número general de homicidios sigue siendo la primera señal de avance, pero cuando aumenta la proporción de muertes asociadas a delitos y grupos organizados, la persecución debe ir más allá de detener a quienes ejecutan materialmente los ataques.
Ese frente ya forma parte de la discusión legislativa sobre inteligencia económica. El objetivo es conectar capacidades de organismos como la Unidad de Análisis Financiero, el Servicio de Impuestos Internos y Aduanas para detectar los recursos que sostienen actividades ilícitas. El senador por O’Higgins Juan Luis Castro lo ha resumido en la necesidad de “seguir la ruta del dinero y llegar a quienes financian y sostienen estas redes criminales”.
El primer semestre deja, por tanto, una señal doble. Chile registra menos homicidios que hace un año y vuelve a una tasa equivalente a la de 2018, pero dentro de ese universo más reducido aumentan los casos asociados a delitos y grupos organizados. Al mismo tiempo, Tarapacá, Coquimbo y O’Higgins avanzan en sentido contrario al promedio nacional. La evolución de ambos indicadores será una de las claves para determinar si la baja de la violencia homicida consigue consolidarse durante el resto de 2026.



