El proyecto del Gobierno amplía de cuatro a 16 semanas el período para promediar la jornada, mantiene topes semanales y modifica la compensación de horas extra. Una simulación privada estima ahorros para empresas estacionales como el comercio
La Ley de 40 Horas podría enfrentar uno de sus cambios más relevantes desde que comenzó su implementación. El Gobierno ingresó al Congreso un proyecto que busca ampliar de cuatro a 16 semanas el período sobre el cual empresas y trabajadores pueden promediar la jornada laboral, una modificación orientada a entregar mayor margen para enfrentar períodos de alta y baja actividad.
La diferencia está en cómo se distribuye el tiempo. Desde el 26 de abril de 2026, la jornada ordinaria se redujo a 42 horas semanales y la legislación mantiene el proceso gradual que llevará a Chile a las 40 horas en abril de 2028. El proyecto no altera esa reducción: modifica el período disponible para distribuir las horas trabajadas.
El alcance económico puede ser significativo en actividades donde la demanda cambia durante el año. Una simulación elaborada por Vigatec para una tienda de retail convencional, considerando remuneraciones entre $500 mil y $750 mil, estima que un ciclo más largo podría reducir en torno a 42% el gasto anual asociado a horas extraordinarias, desde aproximadamente $450 mil a $260 mil por trabajador. Se trata de una estimación privada para un caso específico y no de una proyección oficial aplicable a todas las empresas.
De cuatro a 16 semanas: qué cambia realmente
La propuesta, correspondiente al Boletín 18.478-13, permite que la jornada ordinaria pueda distribuirse sobre un ciclo de hasta 16 semanas en el régimen general. Se mantiene un máximo de 45 horas ordinarias en una semana, que podría utilizarse durante períodos acotados dentro del ciclo.
El mecanismo tampoco podría ser aplicado unilateralmente. El proyecto contempla acuerdo escrito entre trabajador y empleador, calendarios de distribución previamente establecidos y reglas destinadas a limitar la cantidad de semanas que pueden superar las 40 horas ordinarias.
El ministro del Trabajo, Tomás Rau, ha defendido precisamente esa diferencia entre reducir la jornada y ampliar el período utilizado para calcularla. “La jornada no se toca, se amplía el ciclo de cálculo. Obviamente tenemos que velar porque ese promedio sea armónico”, explicó al abordar la propuesta.
Rau agregó que el Ejecutivo no pretende revertir la reducción ya implementada. El objetivo, sostuvo, es ampliar el ciclo de cálculo manteniendo la jornada vigente y acercar el período de referencia chileno a los utilizados internacionalmente, especialmente en actividades donde la demanda tiene fuertes componentes estacionales.
| Materia | Regla actual | Proyecto |
|---|---|---|
| Período para promediar jornada | Hasta 4 semanas | Hasta 16 semanas |
| Tope ordinario semanal | 45 horas | Se mantiene en 45 |
| Turismo y actividades conexas | Régimen general | Hasta 52 semanas |
| Descanso por horas extra | Hasta 5 días hábiles al año | Hasta 10 días |
| Plazo para usar descansos | 6 meses | 12 meses |
| Pago de horas extra | Recargo legal | Se mantiene |
La modificación más profunda aparece en turismo y actividades conexas. Para trabajadores de hoteles, restaurantes, pubs, discotecas, casinos de juego y otras actividades consideradas en el régimen especial, el período de referencia podría llegar hasta 52 semanas, manteniendo los límites establecidos para la jornada ordinaria.
El 42% de ahorro y el efecto sobre las horas extra
El cálculo de Vigatec permite observar por qué la modificación interesa especialmente al comercio. Una empresa que enfrenta aumentos pronunciados de actividad durante Navidad, por ejemplo, puede concentrar una cantidad relevante de horas extraordinarias en pocas semanas, aunque posteriormente experimente meses de menor demanda.
Con un período de 16 semanas, parte de esas variaciones podría distribuirse dentro de un ciclo más largo. En la simulación realizada para retail, el gasto anual asociado a horas extraordinarias bajaría desde aproximadamente $450 mil a $260 mil por trabajador, mientras que entre noviembre y febrero las horas extraordinarias calculadas disminuirían desde unas 54 a poco más de 36.
Boris Muñoz, gerente de la División de Control de Asistencia de Vigatec, explica que el efecto esperado no pasa por extender el tiempo total trabajado, sino por modificar su distribución. “Lo relevante de esta propuesta es que no busca extender la jornada laboral, sino entregar una herramienta para distribuir de forma más eficiente las horas. En actividades estacionales, esa flexibilidad puede traducirse en una operación mucho más productiva”.
La cifra requiere, sin embargo, una precisión. No significa que todas las empresas chilenas puedan reducir 42% sus costos de horas extraordinarias. El resultado dependerá de la estacionalidad de cada actividad, su estructura de turnos, remuneraciones y comportamiento de la demanda. Las horas extraordinarias que correspondan seguirán sujetas a las reglas legales de compensación y pago.
Empresas respaldan la adaptabilidad y oposición cuestiona las garantías
El proyecto ha encontrado respaldo en organizaciones empresariales. La Cámara de Comercio de Santiago (CCS) planteó ante la Comisión de Trabajo que ampliar el período de referencia permitiría adaptar de mejor manera la distribución del tiempo de trabajo a los ciclos productivos y a las variaciones estacionales de la demanda, manteniendo el carácter pactado del mecanismo.
Para el gremio, el debate ocurre además en un mercado laboral debilitado. La CCS puso sobre la mesa una desocupación de 9,5% en el trimestre mayo-julio, más de 981 mil personas desempleadas y una caída interanual superior a 54 mil empleos formales, cifras que utiliza para sostener la necesidad de introducir herramientas que faciliten contratación, inversión y continuidad operacional.
La mirada desde la oposición es distinta. Uno de los cuestionamientos apunta a que la legislación todavía no completa siquiera su implementación y, por lo tanto, estaría siendo modificada antes de contar con una evaluación integral de sus resultados.
El diputado Luis Cuello (PC) sintetizó ese reparo al señalar que “Esta ley ni siquiera está en régimen. Ahora tenemos 42 horas, ni siquiera se ha terminado con la gradualidad”. A su juicio, introducir modificaciones antes de que el sistema llegue a las 40 horas podría alterar el espíritu de la reforma original.
El debate también alcanza a la capacidad real del trabajador para negociar la distribución de su jornada frente al empleador. Parlamentarios de oposición han planteado que ampliar el espacio para acuerdos individuales puede generar una relación asimétrica, mientras quienes respaldan el proyecto sostienen que las restricciones semanales y el carácter escrito de los acuerdos mantienen las garantías fundamentales.
Una flexibilidad que acerca a Chile a la OCDE
La duración del período de referencia tampoco es un asunto exclusivo del mercado laboral chileno. El Ejecutivo ha utilizado como argumento que los actuales cuatro semanas constituyen un ciclo relativamente corto frente a otras economías desarrolladas y que una extensión permitiría responder mejor a períodos variables de producción.
Rau ha situado precisamente allí una parte de la justificación. Según explicó, el régimen general propuesto busca acercarse a un período de alrededor de 15 o 16 semanas, mientras que sectores especialmente estacionales, como turismo y gastronomía, podrían utilizar ciclos considerablemente más extensos.
La comparación internacional, sin embargo, no resuelve por sí sola el debate. La duración del ciclo es solo una parte del sistema: también importan los límites máximos de jornada, el papel de los sindicatos, las posibilidades de rechazo del trabajador, los descansos y los mecanismos de fiscalización.
La siguiente etapa se juega en el Congreso
El proyecto ingresó a la Cámara de Diputadas y Diputados como parte de la agenda de adaptabilidad laboral impulsada por el Gobierno y comenzó su análisis en la Comisión de Trabajo. El debate parlamentario deberá determinar cuánto de la propuesta original permanece: las 16 semanas para el régimen general, los ciclos especiales para turismo, las reglas de acuerdo entre las partes y las garantías aplicables al trabajador.
La reducción gradual hacia las 40 horas semanales sigue vigente. Lo que ahora se discute es algo diferente: cuánto margen tendrán empresas y trabajadores para distribuir esas horas entre semanas de mayor y menor actividad.
Ahí está el núcleo económico y laboral de la propuesta. Para las empresas estacionales, un ciclo más largo puede disminuir rigideces y costos operacionales. Para los trabajadores, el punto crítico será asegurar que esa flexibilidad no termine traduciéndose en semanas sistemáticamente más extensas o en una menor capacidad para decidir sobre la organización de su tiempo.
El resultado dependerá de cómo el Congreso resuelva ese equilibrio entre productividad, adaptabilidad y protección laboral, tres variables que vuelven a colocarse en el centro del debate sobre la jornada de trabajo en Chile.



