La fallida sesión en el Senado dejó en pausa la reforma a Carabineros y expuso una descoordinación en el Ejecutivo, con críticas transversales como la del presidente de la comisión, Javier Macaya, que calificó el hecho como “lamentable”, y del ministro José García Ruminot, quien admitió “una descoordinación” y pidió disculpas
La agenda de seguridad del gobierno de José Antonio Kast enfrentó este martes su primer traspié político relevante en el Congreso.
La Comisión de Hacienda del Senado, que debía avanzar en la revisión del proyecto para modernizar Carabineros, terminó abruptamente suspendida tras confirmarse la ausencia tanto de la ministra de Seguridad, Trinidad Steinert, como del subsecretario Andrés Jouannet, en una sesión que apenas alcanzó a extenderse por poco más de veinte minutos.
El episodio no solo frustró el avance legislativo de una iniciativa considerada clave para fortalecer la institución policial, sino que dejó expuesta una descoordinación interna del Ejecutivo en un momento donde la seguridad ha sido presentada como eje central de la gestión.
La secuencia de hechos fue particularmente sensible: primero se informó que la ministra no asistiría por compromisos previos y que sería reemplazada por el subsecretario; minutos después, se comunicó que tampoco estaría presente, dejando sin representación política al Gobierno en una instancia decisiva.
“Este es un error impresentable. Se nos cae todo el relato”
La reacción en el Senado fue inmediata y transversal, con críticas que combinaron reproche político y advertencias sobre el impacto institucional del episodio. El seandor Javier Macaya (UDI), expresó su malestar. “Como presidente de la comisión, y con la voluntad que he tenido para acceder a los temas de tabla, y este era un tema importante y urgente, me parece que es bien lamentable que no se haya apersonado gente del Ministerio de Seguridad”.
Desde la oposición, la senadora Daniella Cicardini endureció el tono y apuntó directamente a la señal política que deja la ausencia. A su juicio, “esto no es solo una falta de respeto a la comisión, sino también a Carabineros y al país, porque estamos discutiendo una reforma clave en seguridad y el Gobierno no puede restarse de dar la cara en una sesión de esta importancia”, enfatizando el impacto que tiene este tipo de episodios en la credibilidad del Ejecutivo.
Las críticas también alcanzaron al oficialismo, donde el margen para errores en seguridad es más estrecho. El senador Rodolfo Carter, quien criticó con dureza la ausencia de la titular de Seguridad. “Nadie puede ser salvado contra su voluntad. Este es un error impresentable. Se nos cae todo el relato. No costaba nada tener otra actitud frente a esto”, sostuvo.
El lesgislador agregó que “ Si hay algo que nos distinguió durante la definición electoral que tuvieron los chilenos, es que nosotros quisimos reivindicar la posición de Carabineros en la sociedad. Y cuando no son importantes a la hora de las definiciones como estar en esta comisión, resulta muy lamentable”.
Ante el escenario, el ministro secretario general de la Presidencia, José García Ruminot, debió intervenir para contener el impacto y reordenar la relación con la comisión. En su exposición, reconoció el problema y buscó encauzar la discusión.
“Claramente hemos tenido aquí una descoordinación, y queremos pedir las excusas correspondientes a esta comisión, porque entendemos la relevancia de este proyecto y la importancia de que la ministra esté presente en su tramitación”, señaló, comprometiendo además una pronta reprogramación con participación de las autoridades sectoriales.
Reforma en pausa y señal política en seguridad
La iniciativa que quedó en suspenso busca introducir cambios relevantes en la estructura de Carabineros, incluyendo incentivos al desempeño, mejoras en la carrera funcionaria y ajustes en la gestión del recurso humano, en un contexto donde la institución enfrenta déficit de personal y mayores exigencias operativas.
Más allá del contenido del proyecto, lo ocurrido instaló un cuestionamiento político de fondo: la capacidad del Ejecutivo para conducir su agenda en el Congreso en una materia donde ha puesto su principal capital político. La explicación posterior —que vinculó la ausencia de la ministra a actividades junto al Presidente— no logró desactivar las críticas, que apuntaron a una falta de priorización en una sesión considerada estratégica.
En el Congreso, la lectura fue clara: la seguridad no solo se juega en el contenido de los proyectos, sino también en la capacidad del Gobierno de sostener su tramitación con presencia, coordinación y conducción política efectiva, especialmente en un escenario donde la presión pública por resultados es creciente.



