En el marco del 50° aniversario de Fundación Chile, su presidente ejecutivo analiza los aportes históricos de la institución, los desafíos de la descentralización, el liderazgo público-privado y los límites éticos de la inteligencia artificial en Chile.
Fundación Chile cumple 50 años en un momento decisivo para el país. La discusión ya no es solo cómo crecer, sino cómo se innova, quién lidera y con qué límites éticos se incorporan tecnologías que están redefiniendo la economía, el trabajo y la toma de decisiones públicas y privadas.
Desde esa posición, Pablo Zamora, presidente ejecutivo de Fundación Chile, plantea una mirada que incomoda al consenso fácil. Advierte que la inteligencia artificial no puede reemplazar el juicio humano, cuestiona la delegación acrítica de decisiones en los algoritmos y defiende un modelo de innovación basado en ciencia, conocimiento y responsabilidad.
En esta entrevista con Poderyliderazgo.cl, realizada en el marco del 50° aniversario de Fundación Chile, Zamora revisa cinco décadas de impacto institucional —desde la creación de empresas demostrativas hasta la apertura de nuevas industrias— y aborda los desafíos pendientes en descentralización, capital humano y liderazgo público-privado.
El mensaje de fondo es claro: cuando las instituciones de innovación dejan de innovar, pierden sentido. En un país tensionado entre urgencias económicas, brechas territoriales y disrupción tecnológica, el desafío ya no es solo adaptarse al cambio, sino conducirlo con visión, audacia y humanidad.
¿Cuáles han sido los principales aportes al desarrollo productivo, tecnológico y social del país en estas cinco décadas de Fundación Chile?
Han sido diversos. Creo que Fundación Chile juega un rol muy crítico. Primero, abrió oportunidades de mercado cuando la economía nacional estaba cerrada. Segundo, a través de la creación de empresas demostrativas, generó más de 95 compañías, de las cuales algunas fueron muy exitosas.
Además, creó condiciones para generar dinamismo económico, con la creación del primer fondo de inversión de riesgo en Chile y la región, y de la primera red de inversionistas ángeles.
Hoy está abordando temas muy importantes como la minería, el desarrollo de talento y la creación de la industria del hidrógeno verde y otras energías renovables no convencionales.
¿Actualmente, qué proyectos o programas están marcando un punto de inflexión en sectores estratégicos y cómo contribuyen a transformar industrias o generar nuevas capacidades en Chile?
Ha sido sumamente relevante todo lo que tiene que ver con la transición energética justa, la creación de un mercado de H2v e introducir, en materia energética, fuentes renovables de energía no convencional. Esto es crítico, porque podemos convertirnos en líderes mundiales en generación de tecnología y, al mismo tiempo, en un referente internacional en el uso de la matriz energética.
También es importante todo lo que vamos a estar desarrollando con la alianza con VTT, el Centro de Investigación Técnica de Finlandia, en temas de tecnología minera, particularmente en mediana minería y en nuevas opciones de lixiviación.
Descentralizar las regiones
¿Cuál ha sido la estrategia en el fortalecimiento de las capacidades regionales y qué brechas persisten que impiden que la innovación y el desarrollo lleguen de forma más efectiva más allá de la Región Metropolitana?
Creo que Fundación Chile ha realizado un esfuerzo importante por llegar a las regiones, mas no suficiente. En algunos territorios incluso hemos encontrado cierto grado de hostilidad. A veces las regiones demandan desarrollo, pero cuando uno va a colaborar, no siempre existe una disposición real a hacerlo en conjunto. Es un tema sensible, porque allí confluyen distintas visiones políticas.
También es necesario comprender la centralización desde las propias regiones. Uno tiende a pensar que Santiago está centralizado, pero en las regiones ocurre algo similar. Por ejemplo, Valparaíso y Viña del Mar concentran la mayor parte de la inversión en la Región de Valparaíso; lo mismo sucede en la Región de Antofagasta con su capital regional.
Si queremos avanzar en descentralización, también debemos descentralizar las regiones. Para ello, muchas veces faltan competencias locales y una mayor cooperación internacional.
Me parece especialmente interesante lo que está haciendo la Región de Coquimbo, que en vez de mirar a Santiago ha desarrollado una relación estratégica con la provincia argentina de San Juan, con un consejo de diputados compartido e intercambio de experiencias frente a desafíos comunes de crecimiento y adaptación climática.
¿Cuáles son las brechas que han limitado el desarrollo de Chile en cuanto a educación, innovación, sustentabilidad, productividad? ¿Y qué tipo de liderazgo público-privado se requiere para avanzar más?
Los desafíos son infinitos, pero se necesita un liderazgo audaz que entienda de manera muy efectiva el mundo público y el mundo privado. Provengo del mundo privado y asumí como presidente ejecutivo de Fundación Chile, por lo que probablemente tengo una visión distinta a quienes vienen del sector público.
Las velocidades y las formas de colaboración son diferentes, y se requiere mucha audacia organizacional, de un liderazgo audaz. Cuando las instituciones de innovación no innovan porque son demasiado conservadoras, pierden su propósito y, a mi juicio, tienen que desaparecer.
Capital humano y empleabilidad
Más allá de los sectores productivos, ¿cómo han contribuido a mejorar ámbitos de capital humano y empleabilidad?
Fundación Chile asumió una posición clara al situar el desarrollo del talento humano como una base de su gestión. Hemos impulsado iniciativas vinculadas al talento digital y la reconversión laboral basada en habilidades digitales, así como el desarrollo de talento verde y la entrega de herramientas en regiones para fortalecer las competencias de los trabajadores de la minería.
También estamos trabajando en cambios de trayectorias laborales para los profesores, a través del programa Educar Chile.
Sin embargo, no es rol de Fundación Chile romper esta inequidad. Su función es demostrar al Estado y a los privados que es posible construir institucionalidad para resolverla, y que alguien debe amplificar esos esfuerzos.
La industria solar es exitosa porque Fundación Chile logró generar la primera empresa solar sin subsidio público; posteriormente, los privados invirtieron y escalaron el modelo. Lo mismo ocurrió con los salmones. Cuando hay logros, pero nadie los escala, el efecto es mínimo.
La inteligencia artificial no puede dominar a las personas
¿Cuál es tu visión respecto de la IA?
Tengo una visión distinta a la del mainstream. Creo que la inteligencia artificial no puede dominar a las personas. Debe estar siempre supeditada al rol del usuario que conoce la tecnología y sabe cómo utilizarla. Lamentablemente, hoy la gente está delegando las decisiones en la IA, como antes depositaba la misma confianza en la religión.
Esa pérdida de objetividad y de pensamiento crítico es muy dañina para la sociedad. La IA es relevante cuando está bajo nuestro control y cuando comprendemos sus fundamentos, para aprovecharla de buena forma.
¿Por qué es importante poner el acento en biotecnología, automatización y robótica?
La capacidad de cómputo y el análisis de metadata permiten destrabar procesos que antes eran experimentalmente muy costosos y que demoraban años.
Hoy, con la inteligencia artificial, es posible modelar sistemas químicos dinámicos o producir un conjunto de fármacos para bloquear una proteína involucrada en un proceso carcinogénico, mediante técnicas como la cristalografía de proteínas, que diseña y evalúa moléculas de forma virtual, sin necesidad de sintetizarlas físicamente, reduciendo costos y acelerando de manera exponencial los tiempos de desarrollo.
¿De qué se trata la iniciativa regional Latam-GPT?
Latam-GPT es básicamente una colaboración de centros de excelencia internacionales de la región que están desarrollando un lenguaje supeditado a una realidad más local, donde nuestro propio acervo cultural pueda ser representado.
Hoy, cuando se escanea una foto de una planta usando IA, el sistema remite a imágenes de Australia, Inglaterra o el Jardín Botánico de Londres. Hay elementos propios de nuestra realidad que no están representados en el mundo digital, y esto permite incorporar una impronta latinoamericana para cualquier usuario del continente.
Has vivido de cerca la revolución de la IA. Frente a este camino sin retorno, ¿qué es, en definitiva, lo que nos hace humanos?
Es una pregunta profundamente filosófica y su respuesta está orientada a las capacidades de la humanidad, como el afecto, la generosidad, la empatía, la colaboración y la capacidad de enfrentar problemas complejos a partir de soluciones creativas y novedosas.
El ser humano posee atributos que la IA no tiene, como la imprevisibilidad y el aprecio por las cosas simples, la capacidad de conmoverse con aquello que para una máquina podría parecer nimio. Para mí, el ser humano se humaniza en la medida en que logra reconectarse con la naturaleza.
De cara al futuro y al nuevo gobierno, ¿cuáles esperarías que fueran las prioridades estratégicas de Fundación Chile? ¿Y qué legado debiera mantenerse?
Primero, que Fundación Chile mantenga una mirada altamente valorada hacia la ciencia, la tecnología y la innovación. No solo una innovación desde el punto de vista discursivo, sino basada en el conocimiento. Que Fundación Chile siga insistiendo en desarrollar investigación científica es muy positivo, porque se reviste de capacidades que no tenía hace algunas décadas.
Respecto de la mirada regional, esta debe ser democrática en términos de desarrollo territorial y mantener vínculos multilaterales. Durante el periodo del presidente Boric, participamos, creo que en el cien por ciento de las giras presidenciales. Fundación Chile apoyó negociaciones de acuerdos multilaterales y participó en eventos del Banco Mundial, BID, ONU y OEA.
Nuestra presencia internacional como una cara visible del Chile innovador debe mantenerse. Si Fundación Chile se retrae y se concentra solo en proyectos, se convierte en una consultora y eso no le sirve al país.
Finalmente, ¿Cómo calificarías tu gestión al frente de la Fundación… estás satisfecho?
Estoy muy satisfecho, porque creo que le di a la organización una impronta distinta, con un directorio armónico y con visiones país. Anteriormente, el directorio no funcionaba de manera regular y el presidente no tenía un rol activo.
En mi caso, asumí un rol sumamente presente al ejercer como presidente ejecutivo, con una mirada diversificada, pero complementaria dentro del directorio. A ello se sumó un equipo de administración de excelencia, que asumió los desafíos y logró implementarlos de acuerdo con la visión que me propuse impulsar.



