Aunque el acceso a internet supera el 90% en Chile, el bajo uso y la falta de habilidades digitales en personas mayores restringen su autonomía, en un país donde la digitalización avanza más rápido que la capacidad de adaptación de amplios sectores
Chile logró expandir la conectividad de forma sostenida en la última década, alcanzando un 96,6% de hogares con acceso a internet, según datos de la Subsecretaría de Telecomunicaciones. Sin embargo, ese avance no se ha traducido en inclusión digital efectiva, especialmente en personas mayores, donde persiste una marcada brecha digital en adultos mayores en Chile que limita su participación en entornos digitales.
Estas cifras corresponden al promedio nacional y contrastan con la realidad de este grupo. En hogares compuestos solo por adultos mayores, el acceso puede caer a 83,2%, reflejando diferencias asociadas a edad, ingresos y condiciones territoriales, lo que evidencia que el acceso formal no garantiza integración al sistema digital.
Brecha digital en adultos mayores: el problema ya no es acceso, es uso
La distancia se vuelve más evidente al observar el uso efectivo. Mientras el 91,2% de la población utiliza internet diariamente, en mayores de 60 años esa cifra baja a 74,4%, configurando una brecha generacional persistente que no se explica solo por acceso, sino por habilidades.
Este rezago tiene efectos concretos en la vida cotidiana. Servicios como salud, banca y beneficios del Estado operan cada vez más en plataformas digitales, lo que deja fuera a quienes no cuentan con habilidades suficientes y limita el acceso a servicios digitales en Chile.
Brecha digital en adultos mayores en Chile (uso y acceso)
| Dimensión | Dato clave | Implicancia |
|---|---|---|
| Acceso a internet | 88% | Alto acceso formal |
| Uso activo | 42% | Bajo uso efectivo |
| Trámites sin ayuda | 17% | Alta dependencia |
| Acceso a smartphone | ~50% | Limitación de acceso móvil |
Brecha territorial y desigualdad estructural
La exclusión digital no se distribuye de manera homogénea. En zonas rurales, el acceso en personas mayores puede caer a cerca de 76%, y en hogares compuestos únicamente por este grupo incluso a niveles cercanos al 70%, ampliando la distancia respecto de centros urbanos.
Esta realidad refleja que la inclusión digital en Chile no avanza al mismo ritmo en todos los territorios. Factores como conectividad, acceso a dispositivos y oportunidades de capacitación continúan marcando diferencias que afectan directamente la participación digital.
Chile digital: acceso vs uso efectivo
| Indicador | Promedio nacional | Adultos mayores |
|---|---|---|
| Acceso a internet | 96,6% | 83,2% |
| Uso diario | 91,2% | 74,4% |
| Nunca ha usado internet | 3,5% | 13,8% |
| Uso para trámites | 54,4% | Menor acceso |
| Uso para salud digital | 36,4% | Menor acceso |
Más allá de la conexión: habilidades y autonomía
El problema dejó de ser técnico y pasó a ser estructural. La digitalización de servicios ha generado una nueva forma de exclusión digital, que afecta la autonomía de las personas mayores, incluso entre quienes cuentan con conexión a internet.
La Dra. María Isabel Zavala, académica experta en envejecimiento y brecha digital, explicó que durante la pandemia este fenómeno se hizo evidente en la vida diaria. “Muchas personas mayores no contaban con herramientas para comunicarse o acceder a servicios básicos, lo que generó aislamiento y dificultades concretas en su día a día. Esa experiencia mostró que la brecha digital requiere formación sostenida y acompañamiento, no solo acceso a tecnología”, señaló.
Una brecha que impacta derechos y oportunidades
El impacto de esta brecha trasciende lo tecnológico. Solo un 54,4% de la población utiliza internet para realizar trámites y un 36,4% para acceder a servicios de salud digital, lo que refleja limitaciones en el acceso efectivo a prestaciones clave.
Desde la Asociación Chilena de Empresas de Tecnologías de Información (ACTI) advierten que la discusión debe ir más allá de la cobertura. “No basta con estar conectado; es necesario contar con una conexión de calidad y habilidades digitales efectivas, lo que condiciona el acceso a educación, empleo y servicios en una economía digital”, plantean.
Estado e inclusión digital: respuesta en desarrollo
Frente a este panorama, el Estado ha comenzado a incorporar la inclusión digital en Chile como eje de política pública, con estrategias orientadas a mejorar el acceso, la capacitación y el acompañamiento para personas mayores.
Datos de Senama indican que, aunque el 93,2% de los hogares con personas mayores tiene acceso a internet, la brecha persiste en el uso efectivo, especialmente en segmentos de mayor edad y en contextos de menor nivel socioeconómico.
Un desafío que trasciende Chile
El fenómeno no es exclusivo del país. La OCDE advierte que Chile enfrenta rezagos en habilidades digitales en adultos, lo que limita la capacidad de aprovechar la transformación digital en ámbitos como empleo y servicios.
El desafío adquiere mayor relevancia en un país que envejece rápidamente, donde el aumento sostenido de la población mayor implica mayores exigencias para los sistemas sociales en un entorno cada vez más digitalizado.
Respuestas locales frente a un desafío nacional
A nivel territorial, programas de alfabetización digital han comenzado a mostrar resultados concretos, permitiendo que adultos mayores incorporen habilidades básicas para el uso de smartphones y trámites en línea.
Rodrigo Plá, jefe de la Oficina de Personas Mayores de Independencia, advierte que el impacto es directo. “El problema no es solo no saber usar tecnología, es quedar fuera de un sistema digitalizado, donde la falta de herramientas termina afectando la autonomía y la calidad de vida”, afirmó.
El desafío que viene
La brecha digital en adultos mayores comienza a instalarse como un eje central de política pública. El desafío ya no se limita a ampliar cobertura, sino a desarrollar capacidades que permitan un uso efectivo de la tecnología.
Cerrar la brecha digital en adultos mayores en Chile será clave para garantizar el acceso a servicios digitales en Chile, la autonomía y la participación en una sociedad cada vez más conectada.



