Instituciones públicas, universidades y profesionales desarrollan programas para niños, niñas y adolescentes, pero sus esfuerzos no siempre están conectados. La nueva instancia busca reunir esas capacidades y convertirlas en propuestas adaptadas a cada comuna
En una región que concentra una parte importante de la riqueza del país, las oportunidades para niños, niñas y adolescentes todavía dependen demasiado de la comuna donde viven y de la capacidad de las instituciones para trabajar juntas.
Municipios, universidades, profesionales de la salud y organismos públicos desarrollan programas y acumulan diagnósticos sobre infancia y adolescencia en Antofagasta. Sin embargo, esas experiencias no siempre se conocen entre sí ni forman parte de una respuesta regional compartida.
Cerrar esa distancia es el propósito del trabajo convocado por la Asociación de Municipalidades de la Región de Antofagasta (AMRA), que reunió a autoridades comunales, directores de Desarrollo Comunitario, especialistas académicos y profesionales vinculados con la atención y protección de la infancia.
La propuesta busca reconocer lo que ya existe en las comunas, identificar los vacíos y conectar capacidades antes de impulsar nuevas iniciativas. El desafío será transformar esa coordinación en programas e inversiones que respondan a las distintas realidades territoriales de la región.
“Hay muchos esfuerzos en materia de infancia y adolescencia, pero no necesariamente están relacionados entre sí. Existen diagnósticos, información y programas en distintos niveles, por lo que el desafío ahora es ordenar ese trabajo y lograr que las instituciones puedan avanzar de manera más coordinada”, explicó Justo Zuleta Santander, presidente de AMRA y alcalde de San Pedro de Atacama.
Una preocupación que comenzó en los municipios
La conversación no nació únicamente de esta jornada. Durante 2025, el directorio de AMRA revisó antecedentes sobre la situación de la niñez y adolescencia en la región, detectando problemas que generaron preocupación entre los alcaldes y que, por su alcance, difícilmente pueden ser enfrentados por cada municipio de manera aislada.
A partir de ese diagnóstico surgió la necesidad de sentar en una misma mesa a quienes trabajan diariamente con niños, niñas y adolescentes. Allí aparecen las Direcciones de Desarrollo Comunitario (Dideco), pero también los equipos de salud, las universidades, los organismos especializados y las instituciones responsables de diseñar o financiar políticas públicas.
El punto de partida es sencillo: antes de crear nuevos programas, la región necesita conocer con mayor claridad qué iniciativas existen, dónde están funcionando, qué resultados han obtenido y cuáles son las comunas que aún presentan mayores vacíos de atención.
La discusión también recoge las brechas territoriales que persisten en el sistema de protección de la infancia, especialmente en el acceso a profesionales especializados, programas de reparación y respuestas oportunas para las familias.
“AMRA no es especialista en esta temática, por lo que su papel es facilitar el encuentro entre los distintos actores. Hemos visto que existen muchas iniciativas, pero no siempre conversan entre sí, y esta instancia puede ayudar a visibilizar lo que cada institución está haciendo y a construir propuestas compartidas”, señaló Zuleta.
Un mapa para reconocer capacidades y vacíos
Durante los próximos meses, el trabajo se concentrará en sistematizar los diagnósticos disponibles, ordenar la oferta de programas e identificar a las organizaciones y profesionales que todavía no están incorporados a la coordinación.
Uno de los objetivos será construir un mapa regional de actores, capaz de mostrar las capacidades existentes en cada comuna, las experiencias que podrían replicarse y los territorios donde las respuestas institucionales continúan siendo insuficientes.
Este levantamiento también deberá reconocer que la infancia no enfrenta las mismas condiciones en toda Antofagasta. Las necesidades de las familias que viven en las principales ciudades no necesariamente son iguales a las de localidades rurales, fronterizas o alejadas de los centros donde se concentran los servicios públicos.
En otras regiones, las diferencias territoriales se expresan en pobreza, hacinamiento, acceso desigual a salud, problemas habitacionales y falta de espacios para el desarrollo. Una realidad que ya ha sido abordada por Poderyliderazgo al analizar cómo las condiciones sociales y urbanas afectan las oportunidades de niños y adolescentes.
“El llamado es a que todos los actores se sumen a este trabajo, den a conocer las iniciativas que están desarrollando y aporten con propuestas en común. También necesitamos identificar a quienes todavía no están presentes, para ampliar la coordinación y fortalecer una política regional en materia de infancia y adolescencia”, sostuvo el presidente de AMRA.
Convertir la riqueza regional en oportunidades
La instancia también puso sobre la mesa una de las principales contradicciones de Antofagasta: pese a su importancia económica y al volumen de recursos que genera, esa riqueza no siempre se traduce en mejores condiciones de vida ni en mayores oportunidades para las nuevas generaciones.
Para los municipios, avanzar hacia una visión regional permitiría orientar inversiones, fortalecer programas que ya han mostrado resultados y evitar que las respuestas dependan exclusivamente de la capacidad presupuestaria o técnica de cada comuna.
“Estamos en una región que genera una gran cantidad de recursos, pero muchas veces esos recursos no se traducen en más oportunidades para la infancia y la adolescencia. Si logramos construir una visión común entre todos los actores, también podremos orientar inversiones que fortalezcan los programas existentes y mejoren las oportunidades para niños, niñas y adolescentes”, afirmó Zuleta.
En la jornada participaron representantes del Gobierno Regional de Antofagasta, consejeros regionales, la Seremi de Desarrollo Social y Familia, alcaldes y directores de Desarrollo Comunitario de los municipios de la región.
También fueron parte del encuentro representantes de la Universidad Católica del Norte, la Universidad de Antofagasta, la Defensoría de la Niñez y profesionales del ámbito médico.
La coordinación recién comienza. Su principal prueba será avanzar desde el intercambio de diagnósticos hacia una agenda con prioridades, responsabilidades institucionales, recursos y mecanismos de seguimiento.
Solo entonces la instancia podrá superar el carácter de una nueva mesa de conversación y convertirse en una herramienta capaz de mejorar las oportunidades de niños, niñas y adolescentes en las distintas comunas de Antofagasta.



