El Gran Maestro de la Masonería aborda el poder de la institución, la reserva sobre sus miembros, los conflictos de interés, la crisis de confianza y el papel que atribuye a la educación y libertad de conciencia
Por Daisy Castillo Triviños
La Masonería ha sido parte de la historia republicana chilena y, al mismo tiempo, una institución permanentemente rodeada de preguntas sobre el alcance de sus redes, la reserva de la membresía y la influencia de sus integrantes en distintos espacios de poder.
Esa tensión adquiere especial relevancia cuando ministros, parlamentarios, jueces, empresarios, académicos o altos funcionarios pueden formar parte de la institución, mientras su pertenencia permanece en el ámbito de la libertad individual. ¿Dónde termina la fraternidad y comienza un eventual conflicto de interés? ¿Qué poder conserva realmente la Masonería en el Chile actual?
Juan Eduardo Urrutia, Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, aborda esas interrogantes en conversación con Poderyliderazgo.cl. También analiza la situación política, social y económica del país y plantea que, más allá de las diferencias ideológicas, uno de los principales problemas de Chile está en la incapacidad de construir acuerdos que superen los ciclos electorales.
Poder, influencia y transparencia
¿Cuánto poder tiene realmente la Masonería en Chile hoy?
La Masonería cuenta con integrantes que pueden ocupar posiciones relevantes, como ocurre con personas vinculadas a universidades, gremios u otras organizaciones, pero lo hacen bajo su responsabilidad individual y no como representantes de la Gran Logia de Chile.
Nuestra influencia es ética, cultural, formativa y cívica, a través de las ideas y valores que sus miembros proyectan en la sociedad. Influencia es distinto a control. Nuestro propósito es formar personas comprometidas con la libertad de conciencia, la tolerancia, la fraternidad y el servicio al bien común.
Ministros, parlamentarios, jueces, empresarios o altos funcionarios pueden ser masones. ¿La ciudadanía tiene derecho a saber cuándo una autoridad pertenece a la Masonería?
Cualquier persona de buenas costumbres puede pertenecer a la Masonería y revelar su pertenencia es una decisión personal, al abrigo de la propia libertad de conciencia. Por tanto, está prohibido que un miembro de la Orden divulgue la membresía de otro.
Como norma general, si existe un interés, una relación o una circunstancia concreta que pueda afectar la imparcialidad de una decisión, la ciudadanía tiene derecho a exigir transparencia y el cumplimiento estricto de las normas de probidad, abstención e inhabilidad.
Cuando dos masones ocupan posiciones relevantes del Estado o del mundo empresarial, ¿qué mecanismos existen para impedir que la fraternidad se transforme en una ventaja, influencia o conflicto de interés?
Desde que una persona ingresa a nuestra Orden se le entregan herramientas para que sea mejor en cuanto a estándares éticos, por lo cual no debiesen darse las situaciones que usted plantea en su pregunta.
Ahora, en caso de producirse situaciones contrarias, tenemos las instancias formales que establece nuestro ordenamiento jurídico para evaluar y sancionar. Asimismo, en la sociedad existen la Ley de Transparencia, declaraciones de intereses, deberes de abstención, inhabilidades, controles administrativos y judiciales y normas de gobierno corporativo.
La mejor garantía para la ciudadanía es asegurar que las instituciones, cualesquiera que sean, se fiscalicen y sancionen ante cualquier conducta indebida, sin excepciones.
“La política pierde su capacidad de resolver problemas”
¿Cómo observa al país en lo político, social y económico, y qué es lo que más le preocupa de la forma en que estamos resolviendo nuestras diferencias y proyectando el futuro?
Observo un país con capacidades enormes, pero también con preocupaciones profundas: la inseguridad, la debilidad del crecimiento económico, la crisis de la educación pública y la pérdida de confianza en las instituciones.
Sin embargo, me preocupa especialmente nuestra dificultad para conversar y construir acuerdos que trasciendan una elección o un período de gobierno.
Hemos convertido muchas diferencias legítimas en trincheras. Cuando el adversario pasa a ser un enemigo, la política pierde su capacidad de resolver problemas y las reformas quedan atrapadas entre la imposición y el bloqueo.
Chile no necesita uniformidad, sino acuerdos básicos que permitan recuperar la seguridad, fortalecer la educación, crecer con mayor justicia social y ofrecer un horizonte compartido. El diálogo que proponemos no es utópico ni puede quedarse en las intenciones: debe producir decisiones y consecuencias concretas. Fue el llamado que hicimos en la reciente ceremonia Fraternitas de la República.
Si tuviera que explicárselo a alguien de 25 años, ¿para qué necesita Chile a la Masonería hoy?
En una época marcada por respuestas instantáneas, desinformación y descalificaciones, la Masonería propone algo exigente: reflexión, pensamiento crítico, responsabilidad ética y respeto por quien piensa distinto.
Ofrece un espacio donde personas con distintas profesiones, actividades e ideologías aprendan a pensar con libertad, escuchar antes de juzgar y transformar sus convicciones en servicio a la comunidad, resaltando en su amplia dimensión la fraternidad y la tolerancia.
Pertenecer a nuestra institución conlleva una responsabilidad personal de perfeccionamiento y un compromiso para contribuir a enfrentar los problemas del presente en los espacios en que cada uno participa, lejos de prejuicios, dogmas y fanatismos.
Educación y libertad de conciencia
En el Chile actual, donde los debates sobre derechos sociales, laicidad y moral pública siguen vigentes, ¿cuál considera que debe ser la principal causa de la Masonería chilena en este período?
Más que hablar de trincheras, hablaría de prioridades. Si tuviera que identificar una de ellas, sería la educación para ser librepensadores: una educación de calidad, laica, inclusiva y capaz de formar ciudadanos con pensamiento crítico, conciencia cívica y responsabilidad ética.
Nadie puede ejercer plenamente su libertad si no comprende lo que lee o si carece de herramientas para razonar. De lo contrario, otros decidirán por él. Por eso, la educación y la libertad de conciencia forman parte de una misma causa.
¿Cuál es el sello ético que las instituciones educacionales ligadas al mundo masónico deben aportar?
El sello va mucho más allá de una tradición, un nombre o un conjunto de símbolos. Se expresa en la vida cotidiana de sus comunidades, junto con la excelencia académica, la laicidad, la inclusión, el respeto, la responsabilidad y la coherencia entre lo que se enseña y lo que se practica.
Una institución vinculada al mundo masónico entrega herramientas para pensar por sí mismo, contrastar ideas, dialogar con tolerancia y actuar siempre apegado a conductas éticas. Ese es un sello de los fundamentos masónicos que debe transmitir cualquier institución vinculada a la Masonería.
El desafío de los acuerdos
El desafío para Chile será transformar el llamado al diálogo en acuerdos capaces de superar los ciclos electorales y responder a problemas que requieren continuidad, más allá de las diferencias políticas.
Para la Masonería, el reto será sostener su influencia ética y cultural en una sociedad que demanda cada vez más transparencia, coherencia y responsabilidad de quienes participan en espacios de poder.




