La estrategia digital del nuevo gabinete revela cómo la comunicación gubernamental se desplaza hacia plataformas visuales y de interacción permanente. Publicaciones, historias y videos comienzan a transformarse en una vitrina cotidiana donde las autoridades muestran gestión y dialogan con la ciudadanía
En los primeros días del nuevo gobierno, una escena comienza a repetirse en distintos ministerios. Entre reuniones de gabinete, agendas territoriales y actividades sectoriales, aparece un nuevo frente de gestión: la presencia digital de las autoridades.
La apertura de cuentas de Instagram para ministros que hasta ahora no tenían presencia en redes sociales marca un cambio significativo en la forma en que se ejerce la comunicación política. El poder institucional comienza a asumir que el ecosistema digital es también un espacio donde se construye autoridad pública.
Las publicaciones aparecen con rapidez. Fotografías de reuniones, visitas a regiones, encuentros con gremios o recorridos por obras en ejecución comienzan a poblar los perfiles de las autoridades. El feed deja de ser un espacio personal y pasa a convertirse en una vitrina permanente de la gestión pública.
El feed como bitácora de la gestión
Durante décadas la comunicación gubernamental estuvo concentrada en vocerías oficiales, puntos de prensa y entrevistas en medios tradicionales. Hoy ese centro de gravedad empieza a desplazarse hacia un entorno digital donde la conversación es constante y visual.
Plataformas como Instagram permiten a cada ministro establecer un canal directo hacia la ciudadanía. Las actividades de gobierno pasan rápidamente del terreno a la pantalla, generando una narrativa pública que se actualiza día a día.
En ese escenario, el feed comienza a funcionar como una bitácora visible de la gestión ministerial, donde cada publicación contribuye a construir una imagen de liderazgo, cercanía y actividad institucional.
Para la experta en comunicación estratégica Catalina Correia Cerón, este fenómeno refleja una transformación profunda en la forma de gestionar el relato político.
“Diseñar perfiles, definir biografías y coordinar qué se publica incluso antes de asumir el cargo revela un cambio profundo en la forma de gestionar el relato político. La comunicación ya no ocurre solo en conferencias de prensa o declaraciones oficiales. Ocurre todos los días, en cada publicación”, señala.
La política entra a la lógica digital
La expansión de la presencia política en redes sociales también introduce nuevas reglas para quienes ejercen cargos públicos. La comunicación se vuelve más inmediata, pero también más exigente.
Cada publicación puede ser observada, comentada o cuestionada en cuestión de minutos. La visibilidad permanente amplifica el alcance del mensaje, pero también aumenta el nivel de escrutinio público.
En este nuevo entorno, las autoridades no solo comunican decisiones. También construyen una narrativa cotidiana sobre su gestión. El relato del poder deja de evaluarse solo en discursos o cuentas públicas y comienza a medirse diariamente en el espacio digital.
La disputa por la legitimidad
El protagonismo creciente de las redes sociales explica por qué los equipos de gobierno están dedicando cada vez más atención a la estrategia digital. La comunicación política dejó de ser un acto puntual para transformarse en un proceso continuo.
Las plataformas digitales permiten a las autoridades mostrar gestión, construir cercanía con la ciudadanía y reaccionar rápidamente frente a contingencias. Pero también exigen coherencia permanente entre lo que se comunica y lo que se hace.
“Las redes sociales ya no son el lugar donde la política busca likes. Son el lugar donde se disputa legitimidad”, concluye Correia.
En ese contexto, Instagram deja de ser un espacio accesorio. Se transforma en una extensión visible del ejercicio del poder, donde cada publicación contribuye a definir cómo se percibe la gestión de quienes hoy ocupan responsabilidades en el Estado.



