O’Higgins, Ñuble, Maule y Los Ríos encabezan la desocupación femenina, mientras otras regiones arrastran baja participación e informalidad. El paquete laboral del Gobierno aún no explica cómo distribuirá sus recursos conforme a esas brechas territoriales
El territorio continúa marcando las posibilidades laborales de las mujeres en Chile. En O’Higgins, Ñuble, Maule y Los Ríos, la desocupación femenina fluctúa entre 11,8% y 12,5%. En Los Lagos, la tasa es menor, pero más de la mitad de las mujeres en edad de trabajar permanece fuera del mercado laboral. En Arica y Parinacota y La Araucanía, el problema se desplaza hacia la informalidad.
Chile no enfrenta, por lo tanto, una única crisis del empleo femenino. El desempleo abierto, la baja participación y la fragilidad de las ocupaciones se distribuyen de manera distinta entre las regiones, condicionadas por su estructura productiva, la ruralidad, los sistemas de transporte y el acceso a servicios de cuidado.
La última Encuesta Nacional de Empleo, correspondiente al trimestre marzo-mayo de 2026, situó la desocupación femenina en 10,5%, frente a 8,6% entre los hombres. Cerca de 480.200 mujeres buscaban trabajo sin conseguirlo, mientras la participación femenina llegó a 53,6%, casi 18 puntos por debajo de la masculina.
La fuerza laboral femenina creció 2% en doce meses, pero la ocupación solo aumentó 1,5%. Más mujeres intentaron ingresar al mercado laboral, aunque la creación de puestos no fue suficiente para absorberlas. Las desocupadas aumentaron 6,5% durante el mismo período.
El centro-sur encabeza el desempleo femenino
O’Higgins presenta la mayor tasa de desocupación femenina de Chile, con 12,5%, cuatro puntos por encima de los hombres de la región. Su participación laboral llega apenas a 48,7% y la tasa de ocupación a 42,6%, lo que significa que menos de la mitad de las mujeres en edad de trabajar tiene empleo o se encuentra buscándolo.
La situación se relaciona con una economía regional donde la agricultura, agroindustria, comercio y servicios concentran una parte importante del trabajo femenino. La estacionalidad, los turnos, las distancias entre comunas y la falta de transporte dificultan la continuidad laboral, especialmente fuera de las principales ciudades. Una investigación sobre empleo femenino en la agroindustria de O’Higgins identificó los horarios y responsabilidades familiares entre los obstáculos que enfrentan las trabajadoras.
Ñuble exhibe la combinación más crítica del país. Su desempleo femenino llega a 12,3%, registra la participación más baja, con 46,4%, y mantiene una informalidad de 35,9%. En la región convergen pocas oportunidades, menor incorporación al mercado laboral y una elevada presencia de ocupaciones sin protección suficiente.
En Maule, la desocupación femenina alcanza 11,8% y aumentó 2,5 puntos en doce meses. Su participación llega a 48,5%. Los Ríos registra la misma tasa de desempleo, acompañada por una informalidad de 34,2%.
Valparaíso y Biobío completan el grupo de regiones donde la desocupación femenina supera 11%. En ambos territorios llega a 11,3%, aunque Biobío presenta además una participación de 48,2% y una tasa de ocupación de 42,7%.
Radiografía regional del empleo femenino
| Región | Desocupación | Participación | Informalidad |
|---|---|---|---|
| Arica y Parinacota | 7,3% | 51,3% | 37,4% |
| Tarapacá | 8,2% | 59,2% | 32,0% |
| Antofagasta | 8,8% | 55,9% | 26,0% |
| Atacama | 9,8% | 56,4% | 28,9% |
| Coquimbo | 10,6% | 50,8% | 33,3% |
| Valparaíso | 11,3% | 51,8% | 31,1% |
| Metropolitana | 10,4% | 57,9% | 25,7% |
| O’Higgins | 12,5% | 48,7% | 29,7% |
| Maule | 11,8% | 48,5% | 31,1% |
| Ñuble | 12,3% | 46,4% | 35,9% |
| Biobío | 11,3% | 48,2% | 30,8% |
| La Araucanía | 10,3% | 49,5% | 36,3% |
| Los Ríos | 11,8% | 50,2% | 34,2% |
| Los Lagos | 8,9% | 47,6% | 28,3% |
| Aysén | 5,9% | 61,3% | 33,8% |
| Magallanes | 8,8% | 62,6% | 24,8% |
| Chile | 10,5% | 53,6% | 28,8% |
Fuente: elaboración propia con antecedentes de la Nota Estadística N.º 50 del Instituto Nacional de Estadísticas, trimestre marzo-mayo de 2026.
El paquete laboral todavía no tiene un mapa regional conocido
El Gobierno respondió al deterioro del mercado laboral con Modo Empleo, un paquete de $50 mil millones que busca contribuir a la creación de 50 mil puestos de trabajo en cuatro meses.
La principal medida asigna $25 mil millones para financiar 20 mil nuevos subsidios a la contratación, adicionales a los 5 mil anunciados anteriormente. El aporte puede cubrir hasta 50% del ingreso mínimo durante cuatro meses. Otros $20 mil millones serán ejecutados mediante la Subdere y los gobiernos regionales, mientras $5 mil millones se destinarán a programas de Sercotec.
El diseño reconoce la emergencia, pero el anuncio oficial revisado no detalla cómo se distribuirán los recursos entre las regiones ni qué peso tendrán el desempleo femenino, la participación, la informalidad, la ruralidad o la disponibilidad de cuidados.
Esa ausencia es relevante porque los territorios no enfrentan el mismo problema. O’Higgins necesita abordar desempleo, estacionalidad y desplazamientos rurales. Ñuble combina cesantía, baja participación e informalidad. Los Lagos muestra una tasa menor de desempleo, pero una limitada incorporación femenina al mercado. Arica y Parinacota necesita mejorar principalmente la calidad y formalidad de los puestos existentes.
Los subsidios para contratar trabajadores en empresas regionales pueden reducir temporalmente el costo de incorporar personal, pero su efecto no debería medirse solo por la cantidad de contratos firmados. La evaluación tendrá que considerar cuántas trabajadoras permanecen empleadas seis o doce meses después del término del aporte.
También comenzará a implementarse durante octubre el Subsidio Unificado al Empleo, creado mediante la Ley 21.808. El instrumento está dirigido a grupos con mayores dificultades de inserción, entre ellos mujeres, jóvenes, personas con discapacidad y mayores de 55 años, y puede extenderse hasta 15 meses en micro y pequeñas empresas.
Su diseño es más permanente que las medidas de emergencia, pero seguirá dependiendo de la existencia de empresas dispuestas a contratar, vacantes compatibles con las capacidades locales y condiciones que permitan a las mujeres aceptar esos empleos.
Una tasa menor puede esconder una exclusión mayor
La desocupación mide únicamente a quienes no tienen trabajo y lo buscan activamente. No incluye a las mujeres que quisieran emplearse, pero dejaron de buscar porque no cuentan con cuidados, transporte o una jornada compatible con sus responsabilidades.
Los Lagos permite observar esa diferencia. La región tiene un desempleo femenino de 8,9%, inferior al promedio nacional, pero su participación llega apenas a 47,6%, la segunda más baja del país. Más de la mitad de las mujeres en edad de trabajar permanece fuera de la fuerza laboral.
La Araucanía registra una desocupación femenina de 10,3%, aunque la informalidad alcanza 36,3%. En Arica y Parinacota, el desempleo es de solo 7,3%, pero la informalidad llega a 37,4%, el mayor nivel regional.
Una tasa de cesantía relativamente baja puede convivir así con actividades por cuenta propia de subsistencia, empleos sin contrato, cotizaciones interrumpidas y ausencia de protección frente a la pérdida de ingresos.
La Región Metropolitana enfrenta otra dimensión. Su desocupación femenina, de 10,4%, no encabeza el listado, pero concentra aproximadamente 213 mil mujeres sin trabajo, cerca de 44% del total nacional. La política debe considerar tanto la intensidad de la crisis como el número absoluto de personas afectadas.
Los cuidados siguen fuera de la ecuación productiva
Durante el trimestre enero-marzo de 2026, 1.117.135 mujeres permanecían fuera de la fuerza laboral por responsabilidades familiares permanentes. Esta razón explicaba 28,3% de la inactividad femenina y solo 2,6% de la masculina.
La brecha aumenta entre quienes viven con menores de cinco años. En esos hogares, la participación femenina llega a 58,3%, mientras la masculina alcanza 85,7%, una distancia de 27,4 puntos.
Las regiones con comunas rurales o grandes distancias internas enfrentan una dificultad adicional. Una vacante puede existir, pero no estar al alcance de una mujer que debe trasladarse durante horas, regresar antes del término de la jornada escolar o pagar por cuidados una suma cercana al ingreso ofrecido.
En julio, el Gobierno anunció la expansión del Programa 4 a 7, con 60 nuevos establecimientos y más de 1.200 beneficiarias adicionales. La iniciativa llegará por primera vez a todas las capitales regionales y tendrá presencia en 220 comunas.
La ampliación reconoce que no basta con generar vacantes, pero su escala sigue siendo acotada frente a más de un millón de mujeres inactivas por responsabilidades familiares. Además, el problema no se concentra únicamente en las capitales regionales, sino también en comunas rurales y alejadas de los centros urbanos.
El proyecto de Sala Cuna Universal busca eliminar la obligación restringida a empresas con veinte o más trabajadoras, norma que puede desincentivar la contratación femenina. La iniciativa fue despachada desde la Comisión de Educación del Senado hacia Hacienda, pero mantiene controversias por su financiamiento, la posibilidad de copago y los requisitos para los establecimientos.
La reforma eliminaría una discriminación histórica, aunque no garantizará por sí sola la existencia de cupos en cada comuna. El cuidado debe ser entendido como infraestructura productiva, del mismo modo que el transporte, la conectividad o la capacitación.
La informalidad sostiene parte del crecimiento
En el conjunto del país, la informalidad femenina llega a 28,8%, frente a 25,6% entre los hombres. El aumento de la ocupación de las mujeres estuvo impulsado especialmente por el trabajo por cuenta propia, que creció 7,3%.
La Sofofa también ha advertido un deterioro de la calidad del empleo. Entre diciembre de 2025 y abril de 2026, la economía creó 31 mil puestos netos, resultado de la destrucción de 47 mil empleos formales y la creación de 78 mil informales, según su Radiografía Laboral.
El diagnóstico empresarial acierta al señalar que sin inversión, crecimiento y nuevas plazas formales será difícil revertir la crisis. Sin embargo, las empresas también deben revisar cómo contratan, organizan sus jornadas y distribuyen las oportunidades de ascenso.
Un análisis de 479 entidades que reportan información a la Comisión para el Mercado Financiero muestra que las mujeres representan 39% de las dotaciones, pero solo 23,1% de las gerencias de primera línea y 17% de los directorios. Además, 37% de las empresas analizadas no cuenta con ninguna mujer en su primera línea gerencial.
La brecha, por lo tanto, no termina cuando una mujer consigue empleo. Continúa en los sectores a los que puede ingresar, los cargos que alcanza, los ingresos que recibe y las condiciones disponibles para compatibilizar trabajo y vida familiar.
Las empresas deben abrir trayectorias en minería, energía, construcción, manufactura, logística y tecnología, actividades de mayor productividad donde la presencia femenina sigue siendo reducida. La corresponsabilidad tampoco puede expresarse únicamente mediante beneficios destinados a las mujeres, porque eso puede reforzar la percepción de que contratarlas implica un costo adicional.
Una política diferente para cada territorio
Las desigualdades laborales femeninas limitan la capacidad productiva de las regiones. Los territorios pierden experiencia, formación y conocimientos, mientras las empresas reducen la base de personas entre las que pueden encontrar trabajadores calificados.
El impacto alcanza también a los hogares. Menos empleo femenino significa menores ingresos, menor capacidad de ahorro y una mayor exposición a la pobreza. La informalidad y las interrupciones laborales reducen, además, las cotizaciones previsionales y trasladan la brecha hacia las futuras pensiones.
Las respuestas deben adaptarse a cada realidad. O’Higgins, Ñuble, Maule, Los Ríos, Valparaíso y Biobío necesitan creación y retención de empleos formales. Los Lagos y La Araucanía requieren aumentar la participación mediante cuidados, transporte y oportunidades cercanas. Arica y Parinacota, La Araucanía, Ñuble y Los Ríos necesitan estrategias de formalización para trabajadoras independientes, comerciantes y temporeras.
Los gobiernos regionales pueden articular inversión productiva, capacitación, transporte e infraestructura de cuidados, pero necesitan recursos acompañados por información comunal y metas verificables. Distribuir los mismos instrumentos en todo el país no constituye una política territorial.
La prueba para el Gobierno no estará únicamente en cuántos subsidios entregue durante los meses de invierno. Estará en cuántas mujeres consiguen un empleo formal, permanecen en él una vez terminado el aporte y desarrollan una trayectoria sin verse obligadas a elegir entre trabajar y cuidar.
El mapa del empleo femenino confirma que Chile no tiene un solo mercado laboral. Tiene dieciséis realidades regionales y todavía intenta responder a ellas mediante instrumentos construidos desde el promedio nacional.



