El presidente de la CChC O’Higgins advierte que la desaceleración regional ya golpea el empleo, apunta al freno administrativo como principal obstáculo y plantea que destrabar proyectos públicos y privados puede devolver dinamismo a la construcción regional
La economía de O’Higgins cayó 6,6% durante el primer trimestre de 2026 y la desocupación alcanzó 10,5% en mayo-julio. Para una región donde la construcción sostiene cerca de 32.700 empleos directos, las cifras comienzan a sentirse con fuerza entre empresas, trabajadores y proyectos que siguen esperando una definición.
En conversación con Poderyliderazgo.cl, Francisco Donoso, presidente de la Cámara Chilena de la Construcción O’Higgins, sostiene que detrás de parte importante de esta desaceleración existe un problema que va más allá de la disponibilidad de capital.
El dirigente gremial destaca que un levantamiento realizado entre empresas socias mostró que el 100% de aquellas con proyectos habitacionales retrasados debió reducir personal, el 89% postergó inversiones y compra de materiales y dos de cada tres paralizó equipos.
La preocupación no termina ahí. Mientras la vivienda pública ha permitido sostener empleo en la construcción regional, varios de esos proyectos comenzarán a finalizar; la inversión privada en infraestructura continúa concentrada principalmente en energía y enfrenta largos procesos de tramitación; y grandes iniciativas viales siguen pendientes.
“La desaceleración se está traduciendo directamente en menos empleo formal”
La economía de O’Higgins cayó 6,6% durante el primer trimestre de 2026 y el desempleo llegó a 10,5% en mayo-julio. ¿Cómo está impactando este menor dinamismo económico a la construcción regional y qué están viendo hoy las empresas del sector?
Las cifras del INE confirman lo que las empresas socias vienen advirtiendo hace meses: una desocupación de 10,5%, equivalente a más de 51 mil personas sin trabajo, una informalidad laboral de 29,6% y una presión sobre el mercado laboral de 20,5% golpean con fuerza a una región donde la construcción sigue siendo un pilar, con cerca de 32.700 empleos directos.
Lo que vemos hoy en nuestras empresas no es falta de proyectos ni de interés en invertir, sino freno administrativo. En un levantamiento reciente entre socios de CChC O’Higgins, el 100% de las empresas con proyectos habitacionales retrasados debió reducir personal, el 89% postergó inversiones y compra de materiales y dos de cada tres paralizó equipos. La desaceleración se está traduciendo directamente en menos empleo formal en un sector que podría estar generando puestos de trabajo ahora mismo.
Más allá de las cifras generales, ¿qué está ocurriendo con la inversión privada en construcción en O’Higgins? ¿Hay nuevos proyectos o las empresas siguen postergando decisiones?
Hay que separar dos mundos. La realidad cambia según se trate de infraestructura o vivienda. En infraestructura, la inversión privada en O’Higgins hoy es, en la práctica, energía, principalmente parques solares y líneas de transmisión que han ido ingresando a evaluación ambiental durante este año. El capital y el interés están, pero mientras esos procesos no se agilicen, esa inversión sigue esperando. Fuera de energía, no vemos hoy un flujo relevante de inversión privada en infraestructura en la región.
En vivienda privada, el problema es nacional y no solamente regional. Las ventas de viviendas nuevas vienen cayendo de forma sostenida desde 2020 y en 2024 llegaron a su nivel más bajo de la serie histórica, con una caída de 13% respecto del año anterior. El subsidio a la tasa de interés hipotecaria y su extensión han significado un repunte durante 2026, pero está pensado principalmente para liquidar el stock de viviendas terminadas, no para gatillar nuevos proyectos.
Lo que realmente reactiva la construcción privada de vivienda es que las personas tengan estabilidad laboral y sueldos que les permitan acceder y sostener un crédito hipotecario. Sin esa estabilidad país, no vemos en el corto ni mediano plazo una reactivación real. Hoy existen algunos proyectos puntuales, pero todavía no una tendencia.
Vivienda: el soporte al empleo que comienza a agotarse
La vivienda es uno de los principales motores de la construcción. ¿Cómo evalúa actualmente el mercado regional y cuáles son los principales obstáculos para desarrollar nuevos proyectos habitacionales?
Los obstáculos siguen siendo principalmente administrativos. En nuestro levantamiento, la revisión y observaciones de SERVIU aparece en cuatro de los nueve proyectos identificados, seguida por la homologación de subsidios, la factibilidad sanitaria, la firma de convenios y la regularización de terrenos. Son dificultades que afectan especialmente a programas DS49, DS19 y DS10.
Hay algo que me preocupa especialmente. Hasta ahora, la vivienda pública, es decir, los proyectos con subsidio del Estado que están en ejecución, ha contenido que la cesantía regional sea aún mayor, pero ese soporte tiene fecha de vencimiento. Esas obras se van a terminar y entregar y, si no entran nuevos proyectos públicos a reemplazarlas, vamos a ver a esos trabajadores quedar sin obra.
Por eso es urgente que el Estado destine financiamiento y saque adelante nuevos proyectos habitacionales públicos, ojalá antes de que termine el año. En el mundo privado, el desafío sigue siendo liquidar el stock de viviendas ya construidas. Mientras eso no ocurra, las inmobiliarias difícilmente iniciarán nuevos proyectos. El riesgo es que la vivienda deje de cumplir el papel de amortiguador del empleo y de motor económico regional que ha tenido hasta ahora.
El MOP contempla un plan de licitaciones por más de $109 mil millones en O’Higgins durante 2026. ¿Qué impacto puede tener y qué obras deberían priorizarse?
Un plan de licitaciones de esa magnitud es una excelente noticia y una señal que la región necesita, porque la obra pública tiene un efecto multiplicador inmediato en empleo y en la cadena de proveedores regionales. Pero con una desocupación de 10,5%, O’Higgins requiere un impulso todavía más robusto. No basta con licitar el 100% de lo programado, también hay que priorizar las obras de mayor impacto local.
Primero deberían avanzar aquellas que ya están en tramitación y pueden activarse más rápido. El Bypass Rancagua, que podría generar hasta 500 empleos directos, y las variantes A1 y A2 de la Ruta 66, con un potencial de 800 trabajadores, son ejemplos claros de proyectos con inversión y mano de obra listos para movilizarse una vez resueltos sus procesos ambientales.
También es urgente acelerar iniciativas como la Ruta 90, fundamental para la actividad productiva y turística del interior y la costa, y las obras de la Ruta H-27, Carretera del Cobre, que responden a necesidades históricas de conectividad y seguridad vial. La conectividad vial de O’Higgins sigue siendo un cuello de botella para la relación entre comunas y para el transporte de la producción agrícola y forestal.
A eso debe sumarse una mayor agilidad en el sistema de concesiones, donde aparecen proyectos como las Terceras Pistas del Bypass de Rancagua y la Ruta 66, Carretera de la Fruta. La combinación de un presupuesto público bien ejecutado y el destrabe de las grandes concesiones es el camino para devolverle dinamismo económico a O’Higgins.
“No se trata de pedir más recursos”
¿Qué decisiones están pendientes y qué le pediría hoy a las autoridades regionales y nacionales para que la construcción vuelva a crecer con fuerza en O’Higgins?
Le pediría a las autoridades regionales y nacionales un esfuerzo conjunto para destrabar lo que ya está sobre la mesa antes de anunciar nuevas iniciativas. Que SERVIU agilice la revisión de observaciones a proyectos habitacionales, que se aceleren la homologación de subsidios y la firma de convenios pendientes y que el SEA resuelva con mayor rapidez procesos ambientales que hoy llevan más de dos años, como el de la Ruta 66.
Nuestro cálculo es que destrabar esta cartera permitiría generar 2.366 nuevos empleos directos en la región, bajando la tasa de desocupación desde 10,5% a 10,01%. No se trata de pedir más recursos, sino de que el Estado sea capaz de ejecutar con la velocidad que la región necesita y entregar mayor certeza jurídica a los proyectos en trámite.
La construcción está lista para ser el motor de la reactivación de O’Higgins. Las empresas de la CChC tienen toda la disposición para invertir y contratar mano de obra local. Lo que requerimos es una articulación público-privada fluida y que las decisiones administrativas avancen al mismo ritmo que los proyectos.
El desafío ahora es transformar proyectos en empleo
Para la CChC O’Higgins, la recuperación de la construcción dependerá de que los proyectos ya identificados consigan avanzar hacia su ejecución. El gremio estima que destrabar esa cartera podría generar 2.366 empleos directos, en una región donde la desocupación continúa en niveles elevados.
La capacidad de inversión existe y las empresas están disponibles para contratar mano de obra local. El desafío estará en que la coordinación público-privada y las decisiones administrativas permitan transformar esa disposición en nuevas obras, inversión y empleo regional.
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