El director ejecutivo de UDD Ventures analiza cómo Chile puede transformar conocimiento acumulado en minería, energía, pesca y desastres naturales en tecnología exportable, mientras el ecosistema de startups enfrenta el desafío de escalar, internacionalizarse y competir globalmente
Chile construyó durante la última década un ecosistema de emprendimiento más robusto, especialmente en las primeras etapas de desarrollo de startups. El desafío, sin embargo, comenzó a desplazarse: ya no basta con crear empresas tecnológicas; ahora necesitan crecer, internacionalizarse y competir fuera del mercado local.
Para Ángel Morales, director ejecutivo de UDD Ventures, Chile cuenta con condiciones para dar ese salto, pero requiere fortalecer los mecanismos que acompañan el escalamiento, ampliar el acceso a capital y construir conexiones más efectivas entre startups, grandes compañías y mercados internacionales.
En esta conversación con Poderyliderazgo.cl, Morales aborda además el impacto de la inteligencia artificial, el avance de las tecnologías deep tech y una oportunidad que considera especialmente relevante: transformar el conocimiento acumulado en sectores como minería, energía, pesca y desastres naturales en soluciones tecnológicas capaces de venderse globalmente.
El desafío de escalar
¿En qué etapa está hoy el ecosistema chileno de startups?
Sí, efectivamente. Muchas voces, y no lo digo solo yo, están planteando que hoy el principal problema o desafío es escalar startups. Están creciendo y escalando muy pocas y, por lo tanto, eso también inhibe la velocidad para alcanzar un mayor número de exits en Chile en el largo plazo.
Si bien tenemos un ecosistema robusto y maduro en términos de startups en etapa temprana, el reto ahora es comenzar a competir globalmente. Creo que están las condiciones para hacerlo, pero tenemos que empujarlo con más fuerza, tanto desde el sector público como desde el privado.
¿Levantar grandes rondas de capital sigue siendo una medida válida del éxito de una startup?
En general, no solamente en Chile, sino también afuera, existen distintos caminos para hacer crecer una startup. Hay uno mucho más acelerado, que es el de las startups que realizan rondas de levantamiento de capital con series A, B, C, versus otros emprendimientos tecnológicos que siguen un camino diferente.
Un buen ejemplo es Autofact, que no realizó rondas de Venture Capital y solamente levantó $250 millones de capital semilla inicial. Hoy, después de 10 años, logró hacer crecer su empresa, factura aproximadamente US$10 millones anuales, tiene unos 150 empleados y vendió la mitad de la compañía en US$25 millones.
Claro, no es un unicornio, pero sí es una empresa de buen tamaño para el mercado local. Por lo tanto, no es que haya cambiado la forma de medir el éxito de una empresa. Finalmente, creo que éste se mide en lo que comúnmente llamamos un exit, en cuánto se vende una compañía y en el valor que un fundador, junto con sus socios o accionistas, logra capturar en su patrimonio. Y eso no tiene relación necesariamente con cuánto capital levantó.
Inteligencia artificial y nuevas tecnologías
¿La IA está democratizando la innovación o hará más difícil diferenciarse?
Creo que siempre ha sido difícil diferenciarse y va a seguir siéndolo. Por lo tanto, el trabajo para un emprendimiento siempre será igual de complejo.
Finalmente, ocho o nueve de cada diez startups terminan quebrando durante los primeros años, porque es sumamente difícil encontrar una vertical, un dolor específico que un equipo pueda resolver de manera magistral frente a otros competidores y startups del mundo.
Se requiere conocimiento específico, un equipo técnico de fundadores y un equipo de trabajo que conozca tanto el problema como la solución. También se necesita venta para hacer crecer esa compañía o, si se quiere crecer más rápido, levantar capital para financiar esa etapa inicial y acelerar el crecimiento. Además hay que competir, generar procesos, protocolos, etcétera.
No creo que la Inteligencia Artificial vaya a hacer necesariamente más difícil la competencia. La IA es, finalmente, una herramienta muy potente, pero no necesariamente hará que sea más o menos difícil diferenciarse.
¿Qué tipo de startups y tecnologías podrían marcar la próxima etapa del ecosistema chileno?
Obviamente, la inteligencia artificial es un factor. Hoy es difícil encontrar una startup que no tenga algún componente de IA. También se está trabajando hace mucho tiempo en el mundo de las startups Deep Tech, que son aquellas que desarrollan soluciones de base científica y tecnológica, por ejemplo, en robótica, nuevos materiales o biotecnología.
Sin lugar a dudas, todas aquellas compañías que se basen en tecnología y sean capaces de resolver un problema particular y específico, creando valor. es decir, que las personas terminen usando y comprando la solución y pagando por ese servicio, van a tener más opciones.
Lo primero es entender el problema, el dolor o la oportunidad. La tecnología tiene que ser un habilitante para esas soluciones. Lo difícil es poder identificarlos y luego sostener esa capacidad de entregar valor en el tiempo: saber cobrar de manera adecuada, tener un modelo de ingresos determinado, competir con personas, procesos y productos de manera adecuada y sostener la operación en el tiempo.
Eso es sumamente complejo. Por eso, en general, ocho o nueve de cada diez startups no lo logran y quiebran. Solo una de cada diez logra escalar y crecer.
Internacionalización y vínculo con grandes empresas
¿Por qué a las startups chilenas todavía les cuesta tanto dar el salto global?
Estamos en ello. No hay una respuesta tan precisa ni tampoco una receta para la internacionalización. Es un proceso que estamos aprendiendo como ecosistema. Lo que sí estamos viendo es que muchos emprendedores chilenos se están yendo a México a probar suerte antes de partir solamente desde Chile. Eso entrega señales de que vamos por el camino correcto, quizás lento, pero seguro.
¿Corremos el riesgo de tener muchas instituciones apoyando startups y pocas empresas logrando realmente escalar?
Sí. Lo plantea también Corfo, porque el desafío es cómo pasar del apoyo a startups en etapa temprana al escalamiento. Ahí se requieren otras herramientas y otros fondos para acompañar ese proceso. Probablemente necesitamos un mayor apoyo de ProChile, agencias internacionales y fondos de inversión mucho más grandes que los actuales, que permitan invertir en etapas de escalamiento.
Tenemos un ecosistema bastante robusto en las primeras etapas, pero ahora tenemos que ser capaces de acompañar a las empresas cuando llega el momento de crecer, internacionalizarse y competir en mercados más grandes.
¿Qué necesita cambiar en la relación entre grandes empresas y startups?
Creo que es un tema cultural que va avanzando de a poco. Hay muchas experiencias en el ámbito del corporate venturing, especialmente a través de un concepto que es el venture client: el vínculo entre un corporativo y una startup para probar una determinada tecnología. Eso está funcionando bastante bien.
Lo que no ha funcionado tan bien, y que de alguna manera está quedando un poco de lado, es el corporate venture capital, donde las empresas corporativas invierten y toman propiedad de una startup. Eso también es parte del proceso natural de maduración de un ecosistema: ir validando cuál es realmente el valor que produce el vínculo entre una startup y un corporativo.
Quizás no necesariamente por el lado financiero de invertir y obtener un retorno sobre una startup, sino más bien desde el negocio y la estrategia: que el corporativo se vincule con una startup para resolver problemas concretos y generar valor para su propia operación. Hay varios casos de este tipo, como, por ejemplo, Agrosuper.
¿Qué tendría que ocurrir para que Chile deje de celebrar solamente la creación de startups y comience a ser reconocido por crear empresas tecnológicas de alcance global?
Hoy, justamente, aparece una reflexión muy interesante en el Diario Financiero de Nicolás Szekasy, cofundador y Managing Partner de CASEC y exsocio de Mercado Libre, quien plantea que debería haber compañías de inteligencia artificial chilenas que sean las mejores del mundo en minería.
Esto nos da cuenta de algo importante: el conocimiento específico está en industrias donde Chile tiene algo que decir, como la minería, la pesca, la energía y los desastres naturales.
Creo que si Chile pone atención en I+D+i en industrias donde tenemos capacidades instaladas y somos competitivos,nuevamente, minería, pesca, energía y desastres naturales, podemos desarrollar soluciones tecnológicas exportables al mundo. De esos cuatro ámbitos sabemos mucho.
No incluiría necesariamente la astronomía, porque gran parte de la tecnología que utilizamos en ese ámbito viene de centros europeos y estadounidenses. Lo que sí tenemos en Chile son los observatorios instalados y la experiencia asociada a ellos. Pero en el mundo existen otras mineras, otros desafíos energéticos, otros países enfrentados a desastres naturales y otras industrias pesqueras a las cuales podemos exportar soluciones tecnológicas.
Ahí está, a mi juicio, una de las grandes oportunidades: utilizar el conocimiento que Chile ya tiene en determinadas industrias y convertirlo en tecnología capaz de competir y venderse en el mundo.
El próximo salto: convertir conocimiento en empresas globales
La discusión que abre Morales proyecta una nueva etapa para el ecosistema chileno: pasar de medir su desarrollo por la cantidad de startups creadas a evaluar cuántas logran escalar, internacionalizarse y construir negocios sostenibles fuera de Chile. Para avanzar en esa dirección serán relevantes el acceso a capital de mayor tamaño, la conexión con mercados externos y una relación más estrecha con grandes empresas.
La oportunidad también pasa por transformar en ventajas tecnológicas el conocimiento acumulado en sectores donde Chile posee experiencia productiva. Minería, energía, pesca y gestión de desastres naturales podrían convertirse así en plataformas para desarrollar soluciones exportables, abrir nuevos mercados y aumentar la presencia de empresas tecnológicas chilenas a escala global.



