Chile suma 981 mil personas desocupadas y pierde empleo asalariado formal en doce meses. El mapa regional revela que la presión laboral no se distribuye por igual y abre fuertes brechas entre los territorios
Chile no tiene hoy un solo mercado laboral. En Ñuble, la desocupación alcanza 11%; en Aysén, 4%. Entre ambas regiones hay siete puntos porcentuales de diferencia, una distancia que muestra cuánto puede esconder el promedio nacional cuando el empleo se observa desde los territorios.
La brecha se vuelve más profunda al incorporar una segunda variable. Las ocho regiones que tienen desempleo de dos dígitos presentan también informalidad superior al promedio nacional de 26,5%. La Araucanía alcanza 35%; Ñuble, 34,5%; y Los Ríos, 33,2%. Son territorios donde encontrar trabajo resulta más difícil y donde, entre quienes sí están ocupados, el empleo informal tiene una presencia especialmente alta.
Detrás de esa fotografía territorial aparece una señal nacional igualmente relevante. La Encuesta Nacional de Empleo del INE situó la desocupación en 9,5% durante mayo-julio de 2026, frente al 8,7% de igual período de 2025. Las personas desocupadas aumentaron 10,4%, hasta 981.040, mientras la población ocupada retrocedió 0,2%.
Desempleo e informalidad no pueden sumarse: el primero mide a quienes forman parte de la fuerza de trabajo y buscan una ocupación sin encontrarla; el segundo observa qué proporción de quienes tienen trabajo lo hace informalmente. Mirarlos juntos, sin embargo, permite reconocer territorios donde coinciden dificultades de acceso al empleo y una inserción laboral de menor formalidad.
La presión regional tampoco apareció de un mes para otro. En febrero-abril, una radiografía de Poder y Liderazgo ya mostraba fuertes brechas entre Valparaíso, Biobío, Metropolitana y las regiones con mayor informalidad. Dos meses después, Valparaíso y O’Higgins encabezaban la desocupación regional con 10,2%. Ahora la barrera de los dos dígitos alcanza a la mitad del país.
La mitad de las regiones cruza la barrera del 10%
Ñuble aparece en el punto más alto del mapa, con 11% de desempleo, seguida por Biobío y Los Ríos, ambas con 10,6%. O’Higgins registra 10,5%; Valparaíso, 10,4%; mientras Arica y Parinacota, Maule y La Araucanía alcanzan exactamente 10%.
Pero dentro de ese mismo grupo las condiciones son distintas. Biobío tiene 27,6% de informalidad, apenas por encima del promedio nacional, mientras Los Ríos llega a 33,2%. O’Higgins alcanza 29,6%; Valparaíso, 28,3%; Arica y Parinacota, 32%; Maule, 30,6%; y La Araucanía, 35%.
Desempleo e informalidad por región
| Región | Desempleo | Informalidad |
|---|---|---|
| Ñuble | 11,0% | 34,5% |
| Biobío | 10,6% | 27,6% |
| Los Ríos | 10,6% | 33,2% |
| O’Higgins | 10,5% | 29,6% |
| Valparaíso | 10,4% | 28,3% |
| Arica y Parinacota | 10,0% | 32,0% |
| Maule | 10,0% | 30,6% |
| La Araucanía | 10,0% | 35,0% |
| Coquimbo | 9,5% | 28,0% |
| Metropolitana | 9,5% | 23,6% |
| Atacama | 9,1% | 27,7% |
| Tarapacá | 7,8% | 29,5% |
| Los Lagos | 7,7% | 27,0% |
| Antofagasta | 6,5% | 21,1% |
| Magallanes | 5,9% | 21,1% |
| Aysén | 4,0% | 26,9% |
| Chile | 9,5% | 26,5% |
Tener trabajo tampoco cuenta toda la historia
Ñuble reúne una de las combinaciones más difíciles. Junto con registrar la mayor desocupación de Chile, alcanza 34,5% de informalidad, ocho puntos porcentuales sobre el promedio nacional. Hace un año ese último indicador se situaba en 31,3%.
La Araucanía ofrece otra señal. Su desempleo subió desde 9,2% a 10%, mientras 35% de sus ocupados trabaja informalmente, la proporción más alta del país. La informalidad regional sí disminuyó respecto del 37% de un año atrás, por lo que el problema no es un alza reciente, sino la persistencia de un nivel muy elevado.
Los Ríos también combina las dos presiones: el desempleo pasó desde 8,3% a 10,6% y la informalidad llegó a 33,2%. En el extremo contrario, Antofagasta tiene 6,5% de desocupación y 21,1% de informalidad; Magallanes, 5,9% y 21,1%, respectivamente. Aysén muestra la menor desocupación nacional, con 4%, aunque su informalidad, de 26,9%, queda ligeramente sobre el promedio del país.
La diferencia confirma algo que ya aparecía al observar exclusivamente a las mujeres. El mapa regional del empleo femenino mostraba que desempleo, baja participación e informalidad no se distribuyen de la misma forma entre los territorios.
A nivel nacional, esa brecha sigue presente: la desocupación femenina alcanza 10,3%, frente al 8,9% de los hombres. La informalidad también es superior entre ellas, con 28,3%, mientras entre los hombres llega a 25,1%.
El deterioro aparece además en la calidad del empleo. En doce meses, las personas asalariadas formales disminuyeron 2,4%, mientras los ocupados informales aumentaron 1,6%. La tasa nacional de informalidad pasó desde 26% a 26,5%.
Por actividad económica, la pérdida de ocupados estuvo incidida especialmente por información y comunicaciones, con una caída de 14,6%; enseñanza, con 3,3%; e industria manufacturera, con 2,7%. Al mismo tiempo, el total de horas efectivamente trabajadas retrocedió 1,8% en un año.
La calidad de los nuevos puestos abre otra interrogante. Entre las personas de 50 a 65 años, casi siete de cada diez nuevos empleos corresponden a jornadas parciales, pese a que la ocupación de ese segmento aumentó durante el último año.
Gobierno extiende subsidio ante la presión laboral
El deterioro también produjo una respuesta administrativa. El Ministerio del Trabajo calificó oficialmente una situación de alto nivel de desempleo en las 16 regiones, habilitando la Línea de Activación Laboral para incentivar la contratación formal mediante un subsidio directo a empresas privadas que incorporen nuevos trabajadores.
La herramienta dispone de un presupuesto inicial de $24.500 millones y una meta de 25 mil nuevos puestos de trabajo. Sence puede bonificar mensualmente hasta 50% de un ingreso mínimo por cada trabajador contratado y hasta 60% cuando se trate de una mujer, por un período máximo de cuatro meses.
El ministro del Trabajo, Tomás Rau, reconoció el alcance de las cifras: “Es una cifra que nos interpela y nos exige más”, al referirse al 9,5% informado por el INE.
La apuesta oficial es que parte de la presión comience a ceder una vez superados los meses de invierno. Rau afirmó que espera que “a partir de septiembre, podamos comenzar a ver mejores cifras”, y recordó que los primeros pagos del subsidio a la contratación comenzarán la próxima semana.
Las postulaciones al programa permanecen abiertas hasta el 15 de octubre de 2026. Para acceder, las empresas deben contratar a mayores de 18 años que no registren cotizaciones con ningún empleador durante los tres meses previos y cuya remuneración bruta no supere tres ingresos mínimos mensuales. Cada empresa puede obtener hasta 200 subsidios durante la vigencia de la iniciativa.
La medida pone una dimensión política sobre la estadística: aunque la intensidad de la desocupación cambia ampliamente entre Ñuble, Aysén, Valparaíso, Antofagasta o La Araucanía, el Ejecutivo reconoce ahora una presión laboral suficiente para aplicar el instrumento en todo el territorio.
Más empleos, pero formales
La fotografía de mayo-julio es, por tanto, más compleja que el 9,5% nacional. La mitad de las regiones registra desempleo de dos dígitos y todas ellas mantienen informalidad por encima del promedio del país. En algunas, como Ñuble, La Araucanía y Los Ríos, ambas variables alcanzan simultáneamente niveles particularmente elevados.
El mapa laboral muestra así un Chile dividido por las posibilidades de encontrar trabajo y por las condiciones bajo las cuales ese empleo se ejerce. El desafío ya no consiste únicamente en generar puestos de trabajo, sino en determinar dónde se crean, qué tan formales son y si alcanzan a los territorios donde la presión se ha vuelto más persistente.
Sobre este contenido: Fuentes oficiales, reporteo y edición periodística con apoyo de IA.



