El aumento de puntajes destacados en regiones revela un cambio estructural en el acceso a la educación superior, impulsado por nuevas modalidades de preparación que reducen la dependencia territorial y abren oportunidades más equitativas para estudiantes fuera de la capital
En Curicó, lejos de los grandes centros educativos de Santiago, Joaquín Olivares combinaba trabajo y estudio mientras se preparaba para la PAES. No asistía a clases presenciales ni tenía acceso a la misma infraestructura que ofrecen los principales establecimientos de la capital. Aun así, logró lo que hasta hace poco parecía improbable: alcanzar puntaje máximo en Matemática.
Su historia no es una excepción aislada. Es parte de una señal que comienza a repetirse en distintos puntos del país: el alto rendimiento académico ya no se concentra exclusivamente en la Región Metropolitana, mientras las regiones empiezan a consolidar su presencia en los mejores resultados del sistema.
Más de la mitad de los puntajes más altos en la PAES proviene hoy de fuera de Santiago. Un dato que, hace algunos años, era marginal, pero que ahora comienza a instalarse como tendencia.
En paralelo, el sistema educativo también cambia. En la admisión 2026, más de 231 mil personas quedaron habilitadas para postular a la educación superior, en un proceso que amplía cobertura y participación, pero que al mismo tiempo mantiene brechas estructurales en resultados.
En ese cruce —entre mayor acceso y desigualdades persistentes— se juega el verdadero alcance de este cambio.
Resultados que marcan tendencia
Los datos confirman que el fenómeno dejó de ser anecdótico. Más de 3.300 estudiantes superaron los 900 puntos en la PAES y cerca de 500 alcanzaron puntaje máximo, con resultados distribuidos a lo largo del país en modalidades presencial, online y e-learning.
El punto de inflexión está en el origen: más de la mitad de los mejores puntajes proviene de regiones, lo que refleja un cambio progresivo en el acceso a oportunidades educativas fuera de la capital.
En ese contexto, Carolina Rojas Parraguez, directora académica de CPECH, sostiene que “más allá de la cifra, estos resultados evidencian que, cuando existe una estructura pedagógica sólida, con metodología, seguimiento y acompañamiento, la calidad del aprendizaje puede sostenerse sin depender del lugar donde se estudi”.
Rohas enfatiza que que “Esto permite que estudiantes de distintos contextos accedan a una preparación efectiva y logren resultados competitivos, independientemente de su ubicación”.
Desde el sistema de acceso a la educación superior, los reportes oficiales del proceso 2026 muestran que la cobertura y participación han aumentado, pero también advierten que las diferencias en resultados siguen asociadas al origen socioeconómico y al tipo de establecimiento educacional, lo que mantiene brechas estructurales en el sistema.
Un mapa más diverso, pero con brechas vigentes
La fotografía del rendimiento académico comienza a cambiar, aunque no de forma homogénea.
La Región Metropolitana sigue concentrando cerca del 45% de los puntajes máximos, pero regiones como Valparaíso, Maule, O’Higgins y La Araucanía han ido consolidando su presencia.
Hoy el mapa es más amplio: Biobío alcanza un 4,5% de los mejores resultados, mientras Coquimbo y Magallanes bordean el 3%. Otras regiones, con menor participación, también comienzan a aparecer con mayor frecuencia en los registros de alto rendimiento.
En ese escenario, se instala una doble lectura. Por un lado, las regiones avanzan en acceso y desempeño, pero por otro, las brechas estructurales del sistema educativo siguen operando con fuerza.
Rojas lo sintetiza así: “más de la mitad de los mejores puntajes proviene de regiones, lo que muestra un cambio relevante en el acceso a oportunidades. (…) la ubicación geográfica empieza a perder peso frente a la calidad del proceso formativo”.
Tecnología y nuevas formas de preparación
El cambio no se explica solo por talento o esfuerzo individual. Detrás hay una transformación más profunda en la forma de estudiar.
La expansión de formatos online y e-learning ha modificado el acceso a la preparación académica. Lo que antes estaba concentrado en ciertas ciudades, hoy puede llegar a distintos territorios. Así, la formación online dejó de ser una alternativa secundaria para convertirse en un componente estructural, permitiendo prepararse desde cualquier lugar del país.
La discusión, entonces, cambia de eje. Como plantea la directora académica: “hoy la clave no está en dónde se estudia, sino en cómo se estructura el aprendizaje. No se trata de hacer más, sino de entrenar mejor”.
Trayectorias que reflejan el cambio
En ese nuevo escenario, la historia de Joaquín Olivares deja de ser excepcional y comienza a ser representativa.
Preparó la prueba mientras trabajaba, optando por una modalidad online que le permitió organizar su tiempo. Desde esa experiencia, advierte que “siento que la modalidad online es más para personas que saben estudiar y realmente quieren hacerlo. Me dio más autonomía sobre la clase: si soy responsable, funciona muy bien; si no, no va a resultar”.
Hoy cursa Ingeniería en la Pontificia Universidad Católica, en una trayectoria que muestra cómo la flexibilidad, combinada con disciplina, puede transformarse en una vía real de acceso a la educación superior.
Centralismo en retroceso relativo, pero no superado
El desplazamiento del alto rendimiento hacia regiones introduce un cambio real, pero no resuelve el problema de fondo. Hoy, el acceso a herramientas de preparación comienza a descentralizarse. Sin embargo, la estructura educativa sigue reproduciendo diferencias de origen, lo que limita el impacto de estos avances.
El desafío ya no es si las regiones pueden competir, sino si el sistema será capaz de sostener este cambio sin profundizar desigualdades.
Porque cuando el acceso al aprendizaje deja de depender del territorio, la educación comienza a transformarse en una herramienta real de equidad.



