Un estudio de CAF y la Universidad EIA identifica oportunidades por más de US$1.902 millones en ambas regiones y traza una hoja de ruta donde industria, puertos, logística, energía y sostenibilidad pueden abrir otra etapa de desarrollo regional
Durante décadas, Biobío y Valparaíso han ocupado lugares centrales en la economía chilena, aunque desde vocaciones muy distintas. Una construyó buena parte de su identidad alrededor de la industria y la manufactura. La otra se convirtió en una de las principales puertas del país hacia el comercio exterior. Hoy ambas enfrentan una pregunta parecida: cómo transformar esas fortalezas históricas en nuevas oportunidades de crecimiento.
Un estudio desarrollado por CAF, Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, junto a la Universidad EIA de Colombia, institución con sede en Envigado, Antioquia, pone números y proyectos sobre esa discusión. La investigación identifica para Biobío y Valparaíso un portafolio potencial superior a US$1.902 millones, concentrado en infraestructura, logística, reconversión industrial, transición energética, sostenibilidad y desarrollo de nuevas capacidades productivas.
El trabajo forma parte de “Transformación productiva sostenible: balance de siete territorios subnacionales en cuatro países de América Latina y el Caribe”, que compara regiones de Chile, Colombia, Costa Rica y Brasil desde tres dimensiones: productividad, competitividad y sostenibilidad ambiental. Más que buscar una receta común, el análisis intenta entender qué puede hacer cada territorio a partir de aquello que ya sabe producir y de las brechas que todavía debe resolver.
La lectura conversa directamente con las brechas de competitividad que siguen separando a las regiones chilenas. Biobío y Valparaíso cuentan con puertos, industria, infraestructura y redes empresariales que las sitúan en una posición relevante, pero esas ventajas no garantizan por sí solas una nueva etapa de crecimiento.
Biobío frente al desafío de reinventar su músculo industrial
En Biobío, el punto de partida es una estructura productiva que durante generaciones sostuvo empleo, actividad portuaria y desarrollo industrial. El estudio estima para la región un PIB de US$19.813 millones en 2024, una productividad laboral de US$27.752 por trabajador y un crecimiento económico promedio de 3,5%. Sobre esa base identifica oportunidades potenciales por unos US$550 millones.
Pero la mirada está puesta menos en repetir ese pasado industrial que en transformarlo. Construcción naval, manufactura, logística, reconversión productiva y transición energética aparecen como espacios donde la región podría desarrollar actividades de mayor sofisticación y fortalecer cadenas de proveedores capaces de generar más valor dentro del propio territorio.
No es una discusión ajena a la región. La estrategia Biobío 2050 busca precisamente construir una visión productiva de largo plazo, reuniendo a actores políticos, empresariales, académicos y sociales en torno a una economía que necesita recuperar dinamismo, empleo y competitividad.
El estudio de CAF agrega una dimensión concreta a esa conversación: no basta con recuperar lo perdido. El salto pasa por utilizar la experiencia industrial acumulada para entrar en nuevas actividades, incorporar tecnología, mejorar conexiones logísticas y conseguir que la transición energética también genere capacidades empresariales y laborales en la región.
Valparaíso busca que su potencia logística deje más valor
Valparaíso enfrenta otra realidad. Su ventaja no está principalmente en una gran plataforma manufacturera, sino en su posición dentro de las redes logísticas que conectan a Chile con el mundo. El estudio la describe como una plataforma estratégica para el comercio exterior, pero advierte que la tarea pendiente es transformar esa condición en una mayor captura de valor para el territorio.
La región registra un PIB estimado de US$23.713 millones en 2024, una productividad laboral de US$26.195 por trabajador y un índice de competitividad de 7,05 sobre 10. Al mismo tiempo, enfrenta presiones ambientales derivadas de su actividad industrial y portuaria, lo que obliga a combinar crecimiento, infraestructura y sostenibilidad en una misma estrategia.
Es también donde aparece la mayor parte de las oportunidades identificadas para Chile. Valparaíso concentra aproximadamente US$1.352 millones del portafolio potencial, vinculados a expansión y modernización portuaria, conectividad logística, seguridad hídrica desde el Aconcagua y programas de uso eficiente y sostenible de materiales.
La discusión ya comienza a cruzarse con el debate regional sobre infraestructura, conectividad y planificación territorial. El desafío no pasa solamente por mover más carga o construir nuevas obras, sino por conectar esas inversiones con empleo, productividad, ciudades y mejores condiciones para atraer nuevos proyectos.
Dos regiones, dos caminos
Para Sergio Díaz Granados, presidente ejecutivo de CAF, una de las principales conclusiones está precisamente en las diferencias entre ambas regiones. “Biobío y Valparaíso muestran que no existe una única ruta hacia el desarrollo territorial. Cada región requiere respuestas diferenciadas, construidas desde sus vocaciones productivas, sus brechas y sus oportunidades”.
La tarea, sostuvo, pasa por articular gobiernos regionales, Gobierno nacional, empresas y academia para conseguir que las inversiones lleguen allí donde puedan generar mayores transformaciones y permitan que productividad y sostenibilidad avancen conjuntamente.
Esa idea recorre todo el estudio. El desarrollo regional no depende solamente de cuánto se invierte, sino de lo que queda después en los territorios: empresas capaces de crecer, trabajadores con nuevas competencias, infraestructura que conecte actividades, innovación y cadenas productivas que permitan capturar una mayor parte del valor generado.
Por eso, los US$1.902 millones deben leerse con cautela. No corresponden a inversiones aprobadas ni a recursos que ya tengan financiamiento comprometido. Son un portafolio potencial de iniciativas identificadas para ambas regiones. Convertirlas en proyectos reales requerirá capacidad técnica, financiamiento, coordinación institucional y acuerdos entre el sector público y privado.
La escala del análisis es todavía mayor fuera de Chile. Sumando los siete territorios considerados en el estudio, CAF y la Universidad EIA identificaron 47 proyectos potenciales por unos US$11.600 millones, vinculados con infraestructura, biodiversidad y fortalecimiento de capacidades productivas.
Las dificultades también se parecen: infraestructura insuficiente, baja adopción tecnológica, brechas de capital humano, escasa integración a cadenas de valor y crecientes presiones ambientales. La diferencia estará en cómo cada territorio consiga responder a ellas.
Para Chile, Biobío y Valparaíso representan dos piezas especialmente interesantes de ese nuevo mapa. Biobío necesita convertir su historia industrial en una plataforma para la economía que viene. Valparaíso debe conseguir que su enorme capacidad logística y portuaria genere más desarrollo alrededor de ella.
Las oportunidades están identificadas y también existe una escala posible de inversión. Lo que sigue es más complejo: hacer que ese potencial abandone los estudios, se convierta en proyectos y termine produciendo valor, empleo y capacidades permanentes en los territorios.
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