El 59% de los estudiantes quedó bajo el nivel básico en Matemática, mientras especialistas y autoridades advierten que la recuperación exigirá políticas sostenidas, fortalecimiento desde la primera infancia y una integración pedagógica cuidadosa de la inteligencia artificial
Chile volvió a retroceder en dos de las áreas centrales que mide PISA. Los resultados de 2025 dejaron al país con 403 puntos en Matemática y 436 en Lectura, nueve y 12 puntos menos que en 2022, respectivamente. Ciencias alcanzó 442 puntos y se mantuvo estadísticamente estable, mientras las tres áreas continuaron bajo el promedio de la OCDE.
La caída prolonga una trayectoria que comenzó antes de la pandemia. Desde 2015, Chile perdió 19 puntos en Matemática y 21 en Lectura, mientras los 403 puntos obtenidos este año constituyen el resultado más bajo en Matemática de las últimas dos décadas. En términos de aprendizaje, investigadores del CIAE de la Universidad de Chile estiman que el retroceso acumulado durante ese período equivale aproximadamente a un año.
Desde el Gobierno, la ministra de Educación, María Paz Arzola, situó los resultados dentro de una recuperación que todavía no se completa. “Estos resultados son consistentes con el diagnóstico que manejábamos desde que asumimos en el gobierno, con un sistema que aún no retoma el nivel prepandemia”.
PISA 2025: la brecha en cifras
| Indicador | Chile | Promedio OCDE |
|---|---|---|
| Matemática | 403 puntos | 463 puntos |
| Lectura | 436 puntos | 461 puntos |
| Ciencias | 442 puntos | 482 puntos |
| Nivel 2 o superior en Matemática | 41% | 65% |
| Bajo Nivel 2 en Matemática | 59% | 35% |
| Bajo Nivel 2 en Lectura | 38% | 31% |
Fuente: OCDE, PISA 2025.
La distancia con la OCDE
Chile mantiene uno de los desempeños más altos de América Latina, pero la distancia aumenta cuando la comparación se realiza con los países de la OCDE. En Matemática, solo 41% de los estudiantes alcanza al menos el Nivel 2, considerado el umbral de competencias fundamentales, mientras en el promedio del organismo esa proporción llega a 65%.
Para Natalia Hirmas, investigadora del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de O’Higgins, esa posición regional sigue mostrando capacidades instaladas, aunque no permite desconocer la distancia internacional. “Tenemos una base sobre la cual construir. Chile tiene fortalezas importantes y, particularmente en el contexto latinoamericano, sigue mostrando un desempeño relativamente sólido”.
La brecha adquiere otra dimensión cuando se traduce en tiempo de aprendizaje. Juan Pablo Valenzuela, director del CIAE de la Universidad de Chile, advierte que “Chile está, respecto al promedio de la OCDE, a más de 2 años de distancia de los aprendizajes en matemáticas”. En Lectura, el centro estima una diferencia aproximada de un año frente al promedio del organismo.
El retroceso tampoco aparece concentrado exclusivamente entre estudiantes de menores ingresos. Parte de las caídas recientes se observa en grupos socioeconómicos medios altos y altos, mientras algunos segmentos más vulnerables muestran una mayor estabilidad. Al mismo tiempo, las desigualdades siguen presentes y cambian según la asignatura, con mejores resultados masculinos en Matemática y ventaja femenina en Lectura.
“Esto nos obliga a mirar el problema de una manera más compleja, porque ya no se trata solamente de pensar cómo mejorar los resultados de los estudiantes más vulnerables”, sostiene Hirmas.
La trayectoria que culmina a los 15 años también vuelve a dirigir la mirada hacia las primeras etapas de formación. María Paz Oyarzún, directora ejecutiva de Fundación Integra, plantea que la educación parvularia ofrece una oportunidad para fortalecer tempranamente capacidades vinculadas con lenguaje, razonamiento, autonomía y aprendizaje. “No podemos dejar pasar estos ‘mil días milagrosos’”, señala.
Las condiciones dentro de las salas de clases agregan otro elemento. El Ministerio de Educación informó que 48% de los estudiantes chilenos declara distracciones por recursos digitales o informáticos en la mayoría o todas sus clases de Ciencias, frente a 28% promedio OCDE. Como contrapunto, 88% señala que sus profesores los ayudan en su aprendizaje, por encima del 75% registrado internacionalmente.
La inteligencia artificial entra al aula
Mientras el sistema intenta recuperar aprendizajes, la inteligencia artificial ya forma parte de la experiencia escolar. PISA 2025 muestra que 51% de los estudiantes chilenos utiliza chatbots de IA para ayudarse a aprender al menos una vez por semana, frente a 46% promedio OCDE. Un 39% los usa para realizar una primera investigación y 33% para redactar textos o resumir lecturas.
Su expansión coincide con otras medidas destinadas a ordenar la relación entre tecnología y aprendizaje. Durante 2026 comenzaron a regir nuevas restricciones al uso de celulares durante las actividades curriculares, en medio de la preocupación por sus efectos sobre atención, convivencia y desempeño escolar.
Para Hirmas, la presencia de la IA obliga a avanzar más allá de una discusión centrada únicamente en permitirla o prohibirla. “El desafío es preguntarnos cómo enseñamos a nuestros estudiantes a utilizarla, y en qué momentos pedagógicos utilizarla, para que no termine reemplazando procesos fundamentales como leer, comprender, analizar y elaborar sus propias ideas”.
La relación entre tecnología y aprendizaje también ha abierto preguntas sobre el impacto que un uso indiscriminado de inteligencia artificial puede tener sobre el pensamiento crítico, especialmente cuando las herramientas automáticas intervienen en procesos de comprensión, argumentación y elaboración personal.
Las experiencias que comienzan a surgir en educación superior muestran otro uso posible. La Pontificia Universidad Católica de Valparaíso desarrolla CoEval-IA, un proyecto interdisciplinario que utiliza agentes de inteligencia artificial como apoyo para evaluar y retroalimentar ensayos, pero mantiene los criterios académicos y las decisiones finales bajo responsabilidad de los docentes.
La discusión también alcanza a la enseñanza de Matemática. Salomé Martínez, directora del Laboratorio de Educación Matemática CMMEdu de la Universidad de Chile, advierte que la incorporación tecnológica debe convivir con capacidades que siguen dependiendo del trabajo pedagógico. “La IA no reemplaza al docente. Los materiales que nos pueda generar la IA no reemplazan la tarea de preparar una clase o el criterio pedagógico”.
Una recuperación de largo plazo
Los resultados vuelven a instalar la continuidad de las políticas educativas como uno de los puntos de la recuperación. Martínez plantea que mejorar los aprendizajes requiere articular recursos pedagógicos, formación docente, acompañamiento a las escuelas y decisiones capaces de mantenerse durante períodos suficientemente extensos. “No basta con acciones que duren poquito tiempo, sino que tienen que ser políticas de largo aliento. Se necesita ser persistente”.
La próxima etapa estará marcada por la capacidad de conectar educación inicial, currículum, formación docente, condiciones de aula y uso pedagógico de nuevas tecnologías dentro de una trayectoria común. Las próximas mediciones permitirán observar si esas decisiones logran traducirse en una recuperación sostenida de los aprendizajes y en una reducción de la distancia que hoy separa a Chile de los estándares de la OCDE.
El resultado tendrá consecuencias que irán más allá de las futuras pruebas internacionales. La calidad de las competencias que desarrollen quienes hoy están en el sistema escolar incidirá en su acceso a estudios superiores, inserción laboral y adaptación a un entorno productivo donde el conocimiento y las nuevas tecnologías tendrán un peso creciente.



