La académica de la PUCV encabeza FIU Frontera, iniciativa a diez años que instalará capacidades avanzadas para detectar cáncer y enfermedades poco frecuentes desde Valparaíso, con financiamiento público y universitario superior a $23 mil millones en total
Más de $23 mil millones, diez años de ejecución y una meta que cruza ciencia y salud pública: desarrollar desde Valparaíso capacidades avanzadas para diagnosticar cáncer, enfermedades autoinmunes y patologías poco frecuentes. Al frente de ese desafío está la académica e investigadora Dra. Claudia Altamirano.
La directora de FIU Frontera PUCV encabeza una iniciativa que no nació de una convocatoria aislada. El proyecto acumula más de tres años de trabajo académico previo y busca convertir capacidades de investigación ya instaladas en una plataforma que pueda responder a uno de los problemas que enfrenta la atención de enfermedades complejas: llegar antes y con mejores herramientas al diagnóstico.
La trayectoria de Altamirano también aporta una dimensión particular a esa responsabilidad. Meses antes del lanzamiento oficial de FIU Frontera se convirtió en la primera mujer reconocida como “Ingeniero Meritorio de la Región de Valparaíso”, distinción que recibió después de una carrera marcada por investigación aplicada, formación de equipos interdisciplinarios y adjudicación de fondos científicos.
De la investigación a una capacidad instalada en la región
FIU Frontera recoge una pregunta que la propia universidad ha instalado con fuerza durante el último año: cómo lograr que el conocimiento producido en los laboratorios termine resolviendo problemas fuera de ellos. Es una línea que también ha puesto el foco en conectar investigación, territorios y políticas públicas, especialmente cuando existen capacidades regionales capaces de asumir problemas de escala nacional.
La iniciativa contempla tres pilares. El primero es la consolidación del Centro Interdisciplinario de Investigación y Desarrollo en Biotecnología Médica, Biomedicina Computacional y Bienestar Integral (CID3B). El segundo será una Plataforma de Diagnóstico Avanzado equipada con tecnología orientada a detectar tempranamente patologías complejas. El tercero es un modelo de financiamiento de largo plazo que permitirá sostener ese desarrollo durante una década.
Para Altamirano, la magnitud del proyecto se explica precisamente por esa combinación. “La decisión institucional de postular a este fondo nacional inédito fue sumamente visionaria y audaz, ya que permite consolidar las capacidades de la Universidad y proyectarlas hacia el territorio”, planteó la investigadora.
Su mirada sobre el proceso, sin embargo, no se queda en el equipamiento. La académica sostiene que el proyecto fue construido “de abajo hacia arriba a partir de las bases académicas y las necesidades de la ciudadanía”, con el objetivo de buscar soluciones capaces de impactar directamente en las personas.
La inversión total supera los $23 mil millones, financiados por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo a través del Fondo Universitario I+D+i de Frontera, junto con aportes de la PUCV y del Gobierno Regional de Valparaíso. El CORE aprobó además $1.560 millones, a ejecutar durante tres años, para avanzar en la Plataforma de Diagnóstico Avanzado.
La adjudicación tampoco fue masiva. Solo cuatro instituciones consiguieron recursos de esta línea a nivel nacional y la PUCV fue la única universidad no estatal y la única institución de la Región de Valparaíso seleccionada.
Un equipo científico con liderazgo femenino
Altamirano no conduce sola este despliegue. En el equipo directivo aparecen Johanna Bahamondes, directora ejecutiva; Ana María Vega, directora científica de la Plataforma de Diagnóstico Avanzado; y Verónica Contreras, directora de Vinculación Estratégica. Las cuatro han participado en las articulaciones desarrolladas con organismos públicos y actores regionales durante la preparación del proyecto.
Esa composición adquiere relevancia más allá de la fotografía institucional. Un informe presentado este año por MinCiencia advirtió que la participación de mujeres en ciencia, tecnología e innovación todavía enfrenta barreras relacionadas con financiamiento, redes, visibilidad y posibilidades de consolidar trayectorias de largo plazo.
El caso de FIU Frontera muestra otra escala de esa participación: no solo incorporación de mujeres al ecosistema científico, sino conducción de equipos, administración de recursos y responsabilidad sobre proyectos estratégicos.
La ministra de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, Ximena Lincolao, puso justamente el acento en el liderazgo de Altamirano y en la dimensión territorial de la iniciativa. A su juicio, el proyecto permitirá avanzar en descentralización del conocimiento y desarrollar soluciones para enfermedades graves desde una región distinta a la Metropolitana. “El alcance para la región y Chile es tremendo porque podrá detectar, en forma avanzada, enfermedades raras, cáncer y otro tipo de patologías”, sostuvo la ministra.
Diez años para demostrar el impacto
El desafío que ahora comienza es distinto al de adjudicarse los recursos. Durante la próxima década, el equipo deberá convertir financiamiento, infraestructura y capacidades científicas en una plataforma que dialogue efectivamente con el sistema de salud y con las necesidades de pacientes de la Región de Valparaíso.
Para Claudia Altamirano, esa será también la medida real del proyecto que hoy conduce: que una inversión científica de esta magnitud no termine solamente ampliando capacidades universitarias, sino que permita acercar diagnóstico avanzado, fortalecer la investigación regional y producir respuestas concretas para las personas.



