Un sondeo entre mujeres en cargos de responsabilidad revela un doble estándar sobre el liderazgo femenino: 34% identifica el prejuicio de ser “demasiado emocionales” y 26% el de ser consideradas “autoritarias o difíciles”
Las mujeres que alcanzan posiciones de liderazgo siguen enfrentando expectativas contradictorias sobre la forma en que ejercen autoridad. El 60% de las participantes de un sondeo a mujeres líderes identificó como principal estereotipo alguno relacionado con mostrar emociones o ejercer poder, dos comportamientos que pueden generar valoraciones negativas en direcciones opuestas.
La consulta fue aplicada a 50 mujeres que ocupan cargos de responsabilidad y sus resultados fueron presentados durante el primer foro “Mujer y Poder: Innovar para romper la brecha”, organizado por ALTA Comunicación y WoomUp. La actividad reunió a directivas y profesionales provenientes de los sectores público, privado, empresarial, cultural y del emprendimiento.
El alcance de la cifra requiere una precisión. No significa que seis de cada diez mujeres trabajadoras chilenas hayan vivido personalmente estas situaciones. La pregunta buscó identificar cuál consideran las participantes que es hoy el principal estereotipo asociado a las mujeres en cargos de poder, por lo que los resultados reflejan la percepción de las consultadas y no constituyen una medición representativa del mercado laboral femenino nacional.
Emoción y autoridad bajo una mirada distinta
El 34% de las participantes señaló como principal prejuicio la idea de que las mujeres son “demasiado emocionales para liderar”. Otro 26% mencionó la percepción de que son “autoritarias o difíciles” cuando ejercen poder. Juntas, ambas respuestas concentran seis de cada diez menciones.
Los resultados muestran una evaluación contradictoria del liderazgo femenino: expresar emociones puede ser asociado con falta de fortaleza, mientras una conducción más firme puede recibir una valoración negativa en sentido contrario. A ello se suman los estereotipos vinculados con una supuesta menor competencia, mencionados por 20%, y aquellos que ponen en duda el mérito para alcanzar posiciones de poder, con 8%.
Durante el encuentro, Pamela Figueroa, presidenta del Consejo Directivo del Servicio Electoral, sostuvo que “el poder real es la capacidad de influir en condiciones de igualdad”. La autoridad planteó también la necesidad de avanzar en corresponsabilidad y remover barreras que siguen afectando las trayectorias profesionales de las mujeres.
Las percepciones recogidas por el sondeo coinciden con brechas observables en los niveles superiores de las organizaciones. Durante 2025, la participación femenina en directorios de empresas chilenas cayó de 19% a 17%, mientras la brecha salarial en alta gerencia llegó a 21%, según un análisis de las memorias integradas de 326 compañías.
La disminución de presencia a medida que aumenta la jerarquía también aparece en sectores específicos. En el sistema financiero, las mujeres representan 38,7% de las dotaciones, pero su participación desciende a 18,7% en la alta gerencia y a 17,6% en los directorios.
Conciliación, redes y cultura empresarial
Cuando se consultó por las principales dificultades para acceder a cargos de poder, 28% mencionó la conciliación entre carrera profesional y familia. Los sesgos de género dentro de la cultura empresarial alcanzaron 24% y los modelos de liderazgo tradicionalmente masculinos, 22%.
La dificultad asociada a la conciliación tiene una expresión medible en la distribución del trabajo no remunerado. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo del INE, las mujeres dedican en promedio 4 horas y 57 minutos diarios a estas tareas, frente a 2 horas y 52 minutos de los hombres, una diferencia superior a dos horas por jornada.
Las participantes también identificaron posibles caminos para reducir las brechas. La corresponsabilidad familiar, el acceso a redes profesionales y la implementación de políticas organizacionales más inclusivas concentraron 22% de las preferencias cada una. Los procesos de selección equitativos alcanzaron 20% y una mayor visibilidad de referentes femeninas, 14%.
La muestra del sondeo impide extrapolar sus resultados al conjunto de las mujeres trabajadoras del país, pero sus conclusiones dialogan con indicadores de mayor alcance sobre participación en espacios de decisión. La brecha no se limita a cuántas mujeres llegan a posiciones de liderazgo: también alcanza la forma en que se evalúan sus atributos, su autoridad y su manera de ejercer poder.
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