Corea, Japón y la región latinoamericana exploran alianzas estratégicas basadas en transferencia tecnológica y experiencia de mercado
Mientras Corea del Sur y Japón han consolidado ecosistemas altamente estructurados, con fuerte inversión pública, desarrollo en Deep Tech e infraestructura tecnológica avanzada, Latinoamérica ha avanzado desde una lógica distinta: una cultura emprendedora colaborativa, startups orientadas al mercado y modelos de crecimiento con vocación de escalamiento.
Esta combinación abre un espacio de complementariedad entre ambas regiones, donde la transferencia de conocimiento, tecnología y experiencia comercial emerge como un eje para fortalecer los ecosistemas de innovación con miras a 2026.
Ecosistemas complementarios: infraestructura y mercado
A medida que los ecosistemas de innovación evolucionan, comienza a hacerse visible el potencial de colaboración entre regiones con trayectorias distintas. Corea del Sur y Japón destacan por la estructura de sus sistemas de innovación, impulsados por inversión estatal sostenida, programas de desarrollo tecnológico y centros de excelencia en investigación y desarrollo.
Por su parte, Latinoamérica se ha consolidado desde un modelo más descentralizado, con participación de actores públicos, privados, universidades y fondos de inversión, lo que ha dado lugar a una cultura de colaboración regional y soluciones orientadas a necesidades de mercado. En ese contexto, la convergencia entre ambas realidades plantea una oportunidad concreta para construir alianzas más equilibradas y complementarias.
Para María Noel de la Paz, Accelerator Director en Magical, fondo de inversión y aceleradora de startups para Latinoamérica, actualmente radicada en Corea del Sur, esta etapa refleja una mayor madurez del ecosistema regional.
“No existen modelos universales de innovación, sino trayectorias construidas desde identidades propias. En ese sentido, el desafío para Latinoamérica no es imitar, sino reconocer el valor de su propia esencia y proyectarla como una propuesta complementaria al mundo. Desde soluciones ancladas en problemas reales hasta una mirada cada vez más sofisticada sobre impacto y eficiencia, la región tiene mucho que aportar desde sus propias fortalezas. Es desde esa identidad, basada en cómo se innova, que Latinoamérica puede vincularse con Asia de manera complementaria”, afirma.
Inversión estatal, I+D y Deep Tech
El ecosistema coreano se caracteriza por un alto nivel de inversión pública. Solo en 2024, el gobierno destinó cerca de US$2.7 mil millones para fortalecer su ecosistema de innovación mediante infraestructura tecnológica, programas de desarrollo, hubs especializados y plataformas orientadas al crecimiento temprano de startups.
En contraste, el desarrollo del ecosistema latinoamericano ha sido impulsado de forma heterogénea según cada país, con roles compartidos entre el sector público, privado, fondos de inversión y universidades, configurando modelos más descentralizados y colaborativos.
Lejos de representar una brecha, esta diferencia abre oportunidades de aprendizaje mutuo. Corea del Sur y Japón se han posicionado como referentes en Deep Tech, hardware avanzado, robótica, automatización y manufactura, respaldados por décadas de inversión en investigación y desarrollo, así como por una base industrial sólida.
“En Corea existe una cultura de alta exigencia en formación y excelencia técnica, lo que se traduce en profesionales altamente capacitados y en el desarrollo de soluciones tecnológicas de vanguardia. En Latinoamérica también contamos con talento de primer nivel, pero nuestro enfoque suele partir de problemas muy concretos de la región”, explica de la Paz.
La ejecutiva de Magical detalla además que “Eso ha impulsado a muchas startups a crecer con rapidez y a desarrollar soluciones altamente aplicables. Cuando ambas miradas se conectan, se genera un match muy potente: Asia desde la infraestructura tecnológica y la profundidad industrial; Latinoamérica desde la urgencia, el pragmatismo y la capacidad de llevar soluciones al mercado”.
Desafíos y espacios de convergencia
Pese al avance tecnológico, el ecosistema asiático enfrenta desafíos como menores niveles de colaboración horizontal entre emprendedores, estructuras jerárquicas marcadas y una orientación más tardía a mercados globales.
En contraste, Chile y Latinoamérica han fortalecido una cultura emprendedora horizontal, cercana y orientada a resolver problemas reales con proyección internacional desde etapas tempranas. Esta diferencia configura un espacio propicio para colaboraciones complementarias entre ambos ecosistemas.
“Latinoamérica tiene algo que aquí se observa con mucho interés: somos colaborativos por necesidad, porque estamos acostumbrados a hacer mucho con menos. Esa esencia nos convierte en socios atractivos para ecosistemas que, pese a tener recursos tecnológicos gigantescos, aún están aprendiendo cómo escalar globalmente”, señala de la Paz.
Energía, recursos y transferencia tecnológica
Uno de los ámbitos donde la convergencia ya comienza a materializarse es la transición energética. Corea dispone de tecnologías e infraestructura para avanzar en energía limpia, mientras que Chile cuenta con condiciones naturales estratégicas, desde el litio hasta la radiación solar del desierto. Delegaciones chilenas han identificado oportunidades para proyectos de colaboración, licitaciones y transferencia tecnológica.
“El intercambio entre regiones ya está tomando forma. Chile tiene la oportunidad de atraer tecnología de punta que complemente sus industrias estratégicas, y Corea puede encontrar en nuestros recursos naturales el entorno ideal para seguir innovando. Ese cruce de caminos es una señal clara de que existe una oportunidad concreta para profundizar estas conexiones”, agrega de la Paz.
En ese contexto, la convergencia entre Asia y Latinoamérica no apunta a replicar modelos, sino a adaptar estructuras exitosas a realidades culturales distintas, con foco en cooperación, transferencia tecnológica y escalamiento de startups.



