Pequeños empresarios de Colbún, Yerbas Buenas y San Clemente están incorporando inteligencia artificial para mejorar ventas, automatizar procesos y reducir costos, en una apuesta que busca fortalecer la competitividad de los negocios desde los territorios
La inteligencia artificial comienza a salir de las grandes compañías y entrar en la operación cotidiana de pequeños negocios regionales. Emprendedores del Maule están aprendiendo a utilizar herramientas como ChatGPT, Gemini y Claude para vender, organizar procesos, analizar mercados y tomar decisiones con mayor rapidez.
La experiencia forma parte de Energía para Emprendedores Maule 2026, programa impulsado por Colbún S.A. a través de su Centro de Emprendimiento Colbún, que contempla 48 horas de formación para participantes de Colbún, Yerbas Buenas y San Clemente. El objetivo es fortalecer negocios locales mediante herramientas que puedan aplicarse directamente a su gestión.
La iniciativa se suma a un escenario regional donde el Maule viene fortaleciendo su ecosistema de innovación y emprendimiento. Startup Studio Maule, por ejemplo, comenzó este año a conectar empresas y startups de base científico tecnológica con desafíos de sectores relevantes para la economía regional.
Inteligencia artificial aplicada al negocio
La formación no se concentra únicamente en conocer las nuevas plataformas. Los participantes trabajan en ingeniería de prompts, modelos de negocio, automatización de procesos, análisis de mercado, marketing, ventas y gestión administrativa, con aplicaciones orientadas a problemas concretos de sus emprendimientos.
La experiencia profundiza una línea que Colbún ya venía desarrollando para fortalecer emprendimientos del Maule, combinando capacitación, asesoría y acceso a herramientas para el crecimiento de pequeños negocios de la región.
José Luis Valenzuela, encargado académico del Centro de Emprendimiento Colbún, plantea que la incorporación de estas tecnologías responde a una necesidad productiva concreta. “La IA es el gran nivelador de la cancha: permite que un microemprendedor de Colbún, Yerbas Buenas o San Clemente pueda operar con estándares de eficiencia, análisis y velocidad similares a los de una gran empresa”.
El desafío adquiere especial relevancia porque la adopción de inteligencia artificial entre las pequeñas empresas chilenas viene creciendo con rapidez. Una encuesta difundida por Poder y Liderazgo en 2025 mostró una adopción importante entre mipymes, principalmente en marketing, atención de clientes y toma de decisiones.
De la tecnología a la productividad
Los emprendedores también aprenden a desarrollar propuestas comerciales, elaborar proyectos, generar piezas gráficas y conectar WhatsApp, redes sociales y bases de datos, permitiendo automatizar parte de la relación con clientes y liberar tiempo para otras tareas del negocio.
Valenzuela sostiene que herramientas que antes podían demandar semanas o meses permiten ahora simular escenarios financieros y probar hipótesis comerciales en pocas horas. El cambio no es menor para pequeños negocios con recursos limitados: la tecnología comienza a convertirse en una herramienta para elevar productividad y capacidad de gestión, más que en un fin por sí misma.
El programa contempla además contenidos de innovación, finanzas, marketing, ventas y formulación de proyectos. Una vez completada la etapa formativa, los participantes podrán postular a financiamiento semilla para fortalecer sus emprendimientos, incorporando una dimensión concreta de crecimiento al proceso de capacitación.
Una transformación que comienza desde los territorios
La experiencia del Maule muestra que la discusión sobre inteligencia artificial ya no pertenece únicamente a las grandes empresas tecnológicas. Su impacto comienza a sentirse también en negocios pequeños, donde automatizar una tarea, conocer mejor a los clientes o preparar una propuesta comercial puede traducirse directamente en mayor competitividad.
El desafío estará en que estas capacidades no queden restringidas a programas específicos, sino que puedan extenderse hacia un tejido empresarial regional más amplio. Si la transformación digital consigue reducir brechas de productividad entre empresas grandes y pequeñas, su impacto también comenzará a medirse en desarrollo económico territorial.



