La líder de la organización detalla cómo la industria busca reducir impactos, fortalecer confianza con comunidades y avanzar en equidad de género, mientras advierte que la incertidumbre regulatoria limita inversiones. Sostiene que Chile requiere una política de Estado para consolidar liderazgo global sostenible
Pocas industrias concentran tantas miradas como la salmonicultura. Es el segundo producto de exportación del país, genera miles de empleos en el sur de Chile y, al mismo tiempo, enfrenta cuestionamientos ambientales, sociales y regulatorios que definen su proyección futura.
Para Loreto Seguel, la discusión debe moverse desde los slogans hacia los datos. La presidenta ejecutiva del Consejo del Salmón asegura que el sector ha elevado estándares sanitarios, ambientales y de transparencia, y que hoy cuenta con herramientas para mostrar avances medibles en sostenibilidad, inclusión y desarrollo territorial.
El problema, advierte, es el entorno de inversión. Con una industria “frenada” por incertidumbre regulatoria, múltiples permisos y falta de reglas claras, el riesgo es perder competitividad y capacidad de innovar. En esta entrevista, Seguel plantea que el desafío no es crecer a cualquier costo, sino compatibilizar sostenibilidad ambiental, desarrollo productivo y crecimiento país.
Desde su rol en el Consejo del Salmón, ¿cómo evalúa el estado actual de la sostenibilidad en la industria salmonicultora chilena y cuáles son los principales avances concretos que se han logrado en los últimos años en materia ambiental?
Se ha avanzado de manera significativa en la última década, pasando de un enfoque reactivo a uno preventivo y basado en evidencia científica, con resultados visibles en calidad y sostenibilidad. La salmonicultura chilena ha vivido un proceso de aprendizaje, innovación y desarrollo tecnológico que permitió a Chile posicionarse entre los principales productores globales, con presencia en más de 100 mercados.
La industria ha demostrado resiliencia y capacidad de adaptación, elevando estándares sanitarios y fortaleciendo la coordinación con la autoridad. Hoy combina innovación, ciencia y talento, con conciencia de su impacto económico, social y territorial, y con un rol estratégico para el país.
¿Cuáles son hoy los principales desafíos medioambientales que enfrenta la industria y qué brechas reconoce el sector para avanzar hacia estándares más exigentes?
La salmonicultura produce seres vivos en el mar, lo que implica responsabilidades permanentes. Hoy esos desafíos se abordan de manera proactiva, con innovación, tecnología y mejora continua. El salmón chileno llega a más de 100 mercados y cuenta con más de 15 certificaciones ligadas a sostenibilidad, lo que muestra un compromiso con una operación responsable.
Como gremio, impulsamos el Reporte de Impacto Sostenible con más de 140 indicadores, reportados por las propias empresas, lo que constituye un ejercicio relevante de transparencia y de alineamiento con estándares internacionales.
La licencia social es clave. ¿Qué aprendizajes deja la relación con las comunidades y qué cambios son necesarios para fortalecer la confianza?
La salmonicultura es una industria estratégica para Chile y parte de la identidad productiva del sur. Es el segundo producto de exportación del país, genera empleo y dinamiza economías locales. Al mismo tiempo, existen cuestionamientos legítimos y mayores exigencias ciudadanas.
Nuestra convicción es clara: la confianza no se exige, se construye, con datos, transparencia y voluntad de mejora. Además, el salmón chileno es una proteína valorada internacionalmente, respaldada por evidencia científica. El desafío del Consejo del Salmón es cerrar la brecha entre percepción y realidad y elevar la conversación pública.
¿Cómo puede la salmonicultura contribuir más al desarrollo territorial en empleo y encadenamientos productivos?
Ser una industria estratégica implica una responsabilidad mayor y requiere una política de Estado con reglas claras y estabilidad regulatoria. La salmonicultura aporta a una cadena de valor integrada con sectores como agricultura, turismo y logística, generando oportunidades para pymes y territorios.
Iniciativas como AgroSalmón y el proyecto BioAysén muestran cómo el trabajo conjunto puede abordar desafíos productivos y de biodiversidad, siempre desde el respeto por los territorios y su entorno.
¿Qué diagnóstico hace sobre la participación de las mujeres en la industria y qué desafíos persisten?
Hoy la salmonicultura tiene rostro de mujer y ha abierto más espacios de participación. Las mujeres representan cerca del 30% de la fuerza laboral del sector. En liderazgo, en 2024 las mujeres en cargos directivos crecieron 5,3%, alcanzando 357.
Persisten desafíos: aumentar la presencia femenina en centros de cultivo en mar y en alta dirección. Como Consejo del Salmón, el compromiso es seguir impulsando entornos laborales más inclusivos y equitativos.
¿Qué iniciativas impulsan para promover equidad de género, diversidad e inclusión?
Buscamos que esta agenda se traduzca en acciones concretas y medibles. Un ejemplo es RedMusa, la Red de Mujeres Salmoneras, impulsada junto al mundo sindical y con mujeres líderes del sector.
La red no solo visibiliza, también genera capacitación, encuentros y espacios de apoyo, y fortalece el rol de las mujeres en el ecosistema salmonicultor, incorporando su experiencia al diálogo de la industria.
¿Cómo compatibilizar certeza para la inversión con mayores exigencias ambientales y sociales?
Hoy la industria está frenada por un entramado de normas e instituciones que generan incertidumbre. Hemos sido claros: el desafío no es desregular, sino regular mejor, con mayor certeza jurídica y una política de Estado que compatibilice sostenibilidad y desarrollo productivo.
La imposibilidad de relocalizar y ajustar concesiones ha impactado la inversión. La incertidumbre regulatoria afecta decisiones de largo plazo, en una industria intensiva en capital. Nuestro rol es visibilizar estos efectos y promover un marco que destrabe su potencial.
A diez años, ¿qué factores definirán la sostenibilidad y legitimidad social de la industria?
El factor clave será si logramos salir del estancamiento regulatorio que hoy limita inversión, innovación y planificación de largo plazo. La industria ya ha demostrado resiliencia y capacidad de adaptación, y ha transformado la vida de miles de familias del sur de Chile.
Chile tiene una oportunidad real de consolidarse como referente mundial en salmonicultura sostenible, pero eso exige decisiones de largo plazo y una colaboración público-privada efectiva.
Las definiciones que plantea Loreto Seguel ordenan la discusión en dos planos que hoy conviven en la industria: avances verificables en sostenibilidad, transparencia y equidad, y un marco regulatorio que frena inversión, relocalizaciones y crecimiento. En ese cruce, la salmonicultura chilena aparece como un sector que ya demostró capacidad de adaptación y resiliencia, pero que sigue condicionado por un entorno de incertidumbre normativa.
De cara a la próxima década, el debate que abre el Consejo del Salmón no es solo sectorial. La necesidad de reglas claras con visión de Estado se proyecta como un factor decisivo para compatibilizar desarrollo productivo y exigencias ambientales, en una industria que busca salir del estancamiento y recuperar capacidad de inversión e innovación.



