El arzobispo de Santiago abordó en la Universidad del Alba los efectos de la IA sobre educación, pensamiento crítico y empleo. Advirtió sobre una acelerada reconversión laboral y llamó a empresas y universidades a asumir nuevas responsabilidades
El cardenal Fernando Chomalí puso el debate sobre inteligencia artificial más allá de sus capacidades tecnológicas y lo llevó hacia sus consecuencias humanas. Durante la conferencia magistral “Humanidad y bien común en tiempos de Inteligencia Artificial”, realizada en la Universidad del Alba, planteó que acceder instantáneamente a respuestas no significa necesariamente aprender ni transformar información en conocimiento.
El arzobispo de Santiago recurrió a una experiencia realizada con estudiantes en Estados Unidos para ilustrar esa diferencia. Tres grupos debían investigar sobre un mismo tema utilizando papel y lápiz, Google o inteligencia artificial. Quienes trabajaron con IA obtuvieron inicialmente mejores resultados, pero cuando posteriormente fueron evaluados sobre lo aprendido mostraron una menor incorporación del conocimiento.
“La inteligencia artificial no nos da experiencia de conocimiento, no nos da una sabiduría que nos permita a nosotros vivir mejor”, afirmó Chomalí. Para el cardenal, el desafío no consiste entonces únicamente en incorporar nuevas herramientas, sino en evitar que la rapidez con que entregan información sustituya procesos como la reflexión, la experiencia y la construcción personal del aprendizaje.
Una tecnología que obliga a repensar la educación
La reflexión fue complementada por Rafael Rosell Aiquel, rector de la Universidad del Alba, quien instaló una interrogante sobre el sentido que debe orientar el desarrollo tecnológico. “Nuevamente la humanidad debe preguntarse no solamente qué somos capaces de hacer, sino qué debemos hacer con aquello que somos capaces de crear”, señaló.
Chomalí profundizó esa idea distinguiendo entre aquello que puede procesar una máquina y las capacidades que se construyen mediante vínculos, afectos y experiencias. A su juicio, existen dimensiones de la formación humana que no pueden reducirse a datos ni algoritmos. “Si hay algo de lo que carece absolutamente la inteligencia artificial es el amor”, afirmó.
Uno de sus principales reparos apunta al efecto que la inmediatez puede generar sobre el pensamiento crítico, especialmente entre los jóvenes. “La gran preocupación (…) es que la inmediatez de las máquinas apague el deseo de hacer preguntas”, sostuvo, advirtiendo sobre el riesgo de reemplazar la investigación y la búsqueda de respuestas propias por una dependencia creciente de sistemas automatizados.
Libertad frente a la capacidad de la tecnología
Desde esa perspectiva, Chomalí proyectó que la discusión tecnológica podría terminar desplazando incluso categorías políticas tradicionales. “Yo creo que de aquí a muy poco tiempo las categorías izquierda y derecha ya no van a servir, no van a tener ninguna relevancia. La categoría es si vamos a ser libres o esclavos, vamos a ser manipulados o manipuladores”, afirmó.
El cardenal también fue consultado por la iniciativa impulsada por Joaquín Lavín, basada en un chatbot que permite simular conversaciones con santos. Chomalí diferenció el acceso tecnológico a ese tipo de contenidos de una experiencia religiosa real. “Una cosa es hablar con un santo, y otra cosa es tener una experiencia de santidad como la tuvo el Padre Hurtado, por ejemplo. Nada va a reemplazar el testimonio de una persona”, sostuvo.
El impacto sobre el mundo del trabajo
La transformación laboral ocupó otro tramo relevante de su exposición. Chomalí advirtió que la automatización ya no amenaza exclusivamente actividades manuales, sino que comienza a reemplazar tareas cognitivas desarrolladas hasta ahora por trabajadores especializados. “Va a haber una reconversión laboral extremadamente rápida y va a dejar mucha gente en el camino”, alertó.
Frente a esa realidad, emplazó directamente al mundo empresarial a asumir una responsabilidad frente al cambio tecnológico. “Un empresario no puede garantizarles trabajo a sus trabajadores, pero lo que sí tiene ellos la obligación moral de garantizarles empleabilidad”, señaló, apuntando a la necesidad de capacitación permanente y actualización de competencias.
Las universidades, agregó, deberán asumir también un papel decisivo ante la velocidad de la transformación. Para Chomalí, no resulta sostenible que una persona permanezca durante décadas en una organización sin adquirir nuevas capacidades y termine su trayectoria laboral sin herramientas para reincorporarse a un mercado profundamente distinto.
La conferencia dejó así una advertencia que trasciende la discusión tecnológica. El desafío de la inteligencia artificial no estará determinado únicamente por aquello que las máquinas sean capaces de hacer, sino por la capacidad de personas, empresas y universidades para utilizarlas sin renunciar al conocimiento, la autonomía y la formación humana.
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