Investigación identificó más de mil indicadores utilizados por la industria, pero dispersos entre normas, certificaciones y reportes. La propuesta busca incorporar las particularidades de cada salar, los impactos acumulados y la relación con las comunidades
La industria del litio acumula normas, certificaciones, reportes y mecanismos destinados a demostrar su desempeño ambiental y social. Sin embargo, una investigación presentada en Antofagasta advierte que esa abundancia de información no necesariamente permite establecer si la extracción es sustentable en cada territorio.
El equipo del proyecto Sociotecnologías del Litio revisó los reportes de las principales empresas del sector e identificó más de mil indicadores. El problema es que se encuentran dispersos entre exigencias regulatorias, certificaciones voluntarias y modelos de reporte que no siempre dialogan entre sí.
La discusión adquiere especial relevancia cuando la explotación del Salar de Atacama se proyecta hasta 2060 mediante la asociación entre Codelco y SQM. Frente a operaciones de largo plazo, la forma de medir los impactos determina qué información se considera, qué problemas quedan registrados y cuáles pueden permanecer fuera de los reportes.
El debate no pasa entonces por medir más, sino por definir qué se está midiendo, para quién y con qué propósito. El cuestionamiento surge desde una región donde la expansión de la industria convive con ecosistemas frágiles, comunidades, actividades productivas e identidades que no pueden reducirse a una misma lista de variables.
Más indicadores no significan una mejor medición
El segundo informe del proyecto, presentado en la Universidad Católica del Norte, sostiene que la fragmentación actual dificulta construir una mirada coherente sobre las consecuencias de la extracción. Entre los mecanismos revisados aparecen estándares regulatorios, certificaciones como IRMA, normas ISO y reportes elaborados bajo criterios GRI.
Cada uno responde a objetivos distintos, pero su coexistencia no garantiza una evaluación integrada. Una empresa puede informar cientos de datos y cumplir diversos estándares sin que ello permita comprender completamente los efectos de sus operaciones sobre un salar determinado.
“Nosotros miramos la sustentabilidad no como un objeto, sino como una creación que se da entre diversos actores para darle sentido finalmente a un concepto”, explicó Sebastián Herrera-León, director e investigador principal del proyecto.
Desde esa perspectiva, la sustentabilidad no debería quedar definida exclusivamente por las empresas, los organismos reguladores o los estándares internacionales. También debe construirse desde las condiciones ambientales, sociales y culturales de los territorios donde se desarrolla la actividad.
Cada salar requiere una mirada propia
La investigación propone ocho desafíos para avanzar hacia una medición más integrada. Entre ellos se encuentran precisar qué dimensiones considera cada indicador, incorporar la acumulación de impactos y adaptar la escala de análisis a las características de cada salar.
Las diferencias no son únicamente sociales o ambientales. La propia composición de las salmueras cambia entre territorios, una realidad que también ha impulsado nuevas tecnologías para extraer litio desde salares considerados complejos. Si las condiciones productivas varían, advierten los investigadores, las herramientas para evaluar sus consecuencias también deben reconocer esas particularidades.
La propuesta cuestiona así la aplicación automática de parámetros globales sobre ecosistemas diferentes. Un indicador puede resultar útil a escala empresarial, pero insuficiente para explicar lo que sucede en una cuenca, un salar o una comunidad determinada.
El seremi de Ciencia de Antofagasta, Héctor Bravo Vázquez, sostuvo que las tecnologías asociadas al litio no funcionan de manera aislada, sino que interactúan con los ecosistemas, las comunidades, las actividades productivas y las identidades culturales presentes en los salares.
El director ejecutivo del Instituto Nacional del Litio y Salares, Hernán Cáceres Venegas, agregó que los estándares utilizados por la industria deben ir acompañados de una comunicación comprensible para la ciudadanía, incluyendo una explicación clara sobre sus objetivos y limitaciones.
La información también forma parte del problema
La forma de medir abre además una discusión sobre la gobernanza de la industria. Los investigadores advirtieron que existe una asimetría de información entre empresas y comunidades, especialmente porque parte del desarrollo tecnológico permanece protegido por contratos de confidencialidad.
La advertencia recoge una discusión que Antofagasta mantiene desde el lanzamiento de la política nacional para el sector, cuando autoridades regionales reclamaron que las decisiones sobre el litio debían escuchar a las regiones y al Consejo de Pueblos Atacameños. El problema no se limita a participar en reuniones, sino a contar con antecedentes suficientes para intervenir en decisiones que afectan directamente al territorio.
La diferencia de información limita la capacidad de las comunidades para comprender los procesos productivos, evaluar sus consecuencias y participar de manera informada en las definiciones vinculadas con la explotación de los salares.
El cuestionamiento de fondo es quién construye los indicadores, qué intereses representan y si entregan información suficiente para quienes viven junto a las operaciones. La sustentabilidad puede aparecer respaldada en un reporte corporativo y continuar siendo difícil de comprobar desde el territorio.
Del informe a San Pedro de Atacama
La propuesta comenzó a trasladarse desde el análisis académico hacia el territorio. Tras el seminario realizado en Antofagasta, parte del equipo viajó a San Pedro de Atacama para iniciar un programa de formación sobre litio, salares y sustentabilidad.
La instancia fue desarrollada junto con la Fundación Mesa Multiactor Salar de Atacama y contó con la participación de cerca de treinta integrantes de la comunidad. El objetivo es transferir los hallazgos a actores públicos, privados y sociales durante el tercer año del proyecto.
El estudio reúne a investigadores de la Universidad Católica del Norte, la Universidad Técnica Federico Santa María, la Universidad de Chile y la Universidad de O’Higgins. Su planteamiento no busca eliminar los estándares existentes, sino conectarlos con la realidad de los salares y con las preguntas formuladas desde las comunidades.
Desde Antofagasta, la discusión deja instalada una advertencia: contar con más de mil indicadores no garantiza que Chile esté midiendo adecuadamente la sustentabilidad del litio. El desafío será transformar datos dispersos en una evaluación capaz de mostrar qué ocurre realmente en cada ecosistema y qué consecuencias permanecen en el tiempo.



