La directora ejecutiva de SmartGrowth analiza como el uso de redes sociales en la política chilena ha evolucionado desde la comunicación hacia la gestión, resaltando que su impacto en la toma de decisiones y la gobernanza abre dudas sobre su efectividad y riesgos en el actual escenario digital
La irrupción de las redes sociales en la política chilena dejó de ser un fenómeno comunicacional para transformarse en un factor que influye directamente en la gestión pública. En el gobierno de José Antonio Kast, esta transición ha quedado en evidencia, especialmente en la forma en que se construye agenda y se relaciona con la ciudadanía.
En conversación exclusiva con Poderyliderazgo.cl, Catalina Correia Cerón, directora ejecutiva de SmartGrowth, analiza cómo el uso de plataformas digitales está impactando la toma de decisiones del gobierno en Chile y el comportamiento de actores políticos, desde el Ejecutivo hasta el Congreso.
“El problema no es la estrategia digital, es la cultura de campaña que sigue operando”, advierte, poniendo foco en una brecha estructural entre diseño y ejecución que hoy condiciona la forma en que el poder comunica y gestiona en entornos digitales.
¿Cómo han evolucionado las redes sociales como herramienta de gestión política, más allá de la comunicación, en la toma de decisiones del gobierno de José Antonio Kast?
Las redes dejaron de ser un canal de difusión hace rato. Lo que estamos viendo en este gobierno es algo más profundo: las redes se convirtieron en una herramienta de gestión y de lectura del entorno político.
Kast llegó con un capital digital propio enorme: un millón de seguidores en Instagram y casi un millón en X.
Las redes fueron centrales en su camino a La Moneda y todo apuntaba a que iban a ser el eje de la comunicación del gobierno. Y en efecto lo son, pero con un detalle importante: una cosa es usar las redes para ganar una elección y otra muy distinta es usarlas para gobernar. Esa transición todavía está en proceso y los tropiezos del primer mes lo dejaron bastante claro.
Estrategia digital y control del relato
¿Qué diferencias observa entre el uso estratégico de redes sociales en este gobierno y administraciones anteriores, especialmente en términos de agenda pública, control del relato y vinculación directa con la ciudadanía?
La diferencia más visible es el nivel de preparación. Este gobierno llegó con una estrategia digital armada desde antes de asumir: a los 13 ministros que no tenían perfil en Instagram la OPE les creó cuentas desde febrero, con la instrucción de que empezaran a usarlas de forma institucional antes del 11 de marzo.
Recuerda que se filtró el protocolo interno de la Secom, y era muy estricto: “Sin excepciones, toda pauta, entrevista o declaración requiere conocimiento previo de SECOM”. Los ministros no podían dar pautas propias si el Presidente tenía actividades. Hasta los contactos informales con la prensa debían responder a una estrategia definida. La frase más reveladora del documento: “El que tiene que resaltar es el Presidente. El lucimiento individual no construye gobierno”.
En papel, era impecable. Administraciones anteriores usaban las redes como extensión de la vocería de prensa: publicaban el comunicado oficial en Twitter, subían la foto del acto protocolar a Instagram y listo. Era un copy-paste del mundo offline al online. Acá se veía algo más sofisticado.
Pero cuando llegó la primera contingencia real, todo ese protocolo se evaporó. El logo se cambió dos veces en una semana, el propio jefe de diseño de la Secom reconoció públicamente que era horrible, el concepto “Estado en quiebra” se lanzó en redes como si fuera una pieza de campaña, y los propios ministros se desmarcaron horas después.
Esto muestra una brecha enorme entre la estrategia comunicacional y la cultura comunicacional del equipo. Un protocolo cambia los procedimientos, pero no cambia los reflejos. Y los reflejos de este equipo siguen siendo los de campaña.
En el caso del Congreso, ¿los parlamentarios están utilizando las redes sociales como una herramienta de incidencia política real o siguen operando principalmente como vitrina comunicacional?
La mayoría de los parlamentarios siguen usando las redes como vitrina. Publican la foto en la comisión, el video del discurso en sala, el comunicado reformateado para Instagram. Eso es presencia digital, que es distinto de estrategia digital.
Los que realmente están usando las redes como herramienta de incidencia son pocos, y se notan: generan conversación, instalan temas que después llegan a los medios tradicionales, construyen audiencia propia que les da independencia de sus partidos. Entienden que las redes no son un canal de salida, sino un canal de entrada: les permiten escuchar, recoger demandas, detectar problemas antes de que escalen.
Partidos políticos, democracia y ecosistema digital
¿Cómo evalúa el rol de los partidos políticos en este ecosistema digital?
Los partidos políticos en Chile están, en general, atrasados en lo digital. La mayoría opera con una lógica de comunicación centralizada y vertical que choca con la naturaleza de las redes sociales, donde lo que funciona es la conversación, la comunidad, el contenido que la gente quiere compartir. Eso requiere ceder control, algo que a las estructuras partidarias les cuesta mucho.
Lo que ha pasado es que los liderazgos individuales se comieron a las marcas partidarias. Kast es el ejemplo más claro: su capital digital personal es más grande que el de cualquier partido. Cuando la marca personal pesa más que la marca institucional, el partido se vuelve prescindible como plataforma de comunicación.
Actualmente existe alta exposición digital, ¿cuáles son los principales riesgos para la democracia en Chile?
Los riesgos son concretos y los veo todos los días desde mi trabajo en marketing digital. El primero es la sobresimplificación. Las redes premian el contenido corto, emocional y polarizante. Un debate complejo se reduce a un meme o a una frase de 15 segundos. Y eso no informa, solo confirma lo que cada persona ya cree.
El segundo riesgo es la desinformación. Los algoritmos no distinguen entre información verificada y contenido fabricado; distribuyen lo que genera interacción. La alfabetización digital todavía es baja en muchos segmentos, lo que amplifica este problema.
Finalmente, ¿qué debería cambiar en el uso de redes sociales por parte de autoridades y actores políticos?
Lo primero que debería cambiar es entender que gobernar en redes no es lo mismo que ganar en redes. Eso suena obvio, pero en la práctica es donde todos fallan. Un buen gobierno digital tiene consistencia, templanza y claridad sobre para quién habla.
Lo segundo es cerrar la brecha entre estrategia y cultura. Este gobierno demostró que puedes tener el protocolo más estricto del mundo, pero si el equipo no internalizó la lógica de gobernar, los reflejos van a traicionar la estrategia. Eso se trabaja con formación interna real, no con instructivos.
Redes sociales, poder y legitimidad en la política chilena
La entrevista evidencia que el uso de redes sociales en la política chilena ya no es un elemento accesorio, sino un factor estructural que incide en la gestión del gobierno en Chile y en la forma en que se construye legitimidad pública.
En ese escenario, la evolución del ecosistema digital será determinante para definir si estas herramientas fortalecen la democracia o profundizan sus riesgos en el debate público.



