El programa Transforma Regional de Corfo, financiado por el CDPR, fija una hoja de ruta a diez años para cerrar brechas tecnológicas, articular actores y llevar innovación al pequeño agricultor, con foco en productividad, competitividad y proyección de mercados en un territorio marcado por la escasez hídrica.
El desafío ya no es solo producir en el desierto, sino convertir esa condición extrema en una ventaja competitiva. Con esa premisa, Arica y Parinacota dio inicio al programa Transforma Regional “Sistema Agroalimentario sostenible para la producción agrícola intensiva en el desierto”, una iniciativa de Corfo que busca ordenar esfuerzos, cerrar brechas tecnológicas y construir una estrategia de desarrollo productivo de largo plazo para el agro regional.
El lanzamiento se realizó en la parcela Alto Albarracines, en el valle de Azapa, un lugar que simboliza tanto el potencial agrícola del territorio como los límites que impone la escasez hídrica. La iniciativa cuenta con financiamiento del Comité de Desarrollo Productivo Regional (CDPR) y propone articular al sector público, privado y la academia en un horizonte de diez años, con foco en incorporar tecnología, elevar productividad y fortalecer la competitividad del territorio.
“Hoy estamos dando inicio a un programa estratégico para el futuro del agro en nuestra región. Como Seremi de Agricultura tenemos un rol central. Desde la presidencia del comité ejecutivo nos corresponde dirigir y coordinar el trabajo sectorial, articulando a los servicios del agro y alineando esta hoja de ruta con las prioridades productivas del territorio”, señaló el seremi de Agricultura, Ernesto Lee Labarca. Agregó que la responsabilidad es asegurar seguimiento y resultados concretos para las y los agricultores de Arica y Parinacota.
Una hoja de ruta que baja al territorio
El encuentro reunió a agricultores, pymes productoras, proveedores de insumos y servicios, académicos, estudiantes y organismos públicos, quienes conocieron los primeros lineamientos del programa y cómo se definirá la hoja de ruta.
La presentación estuvo a cargo de la consultoría experta Graciela Urrutia y del gerente del programa, Pablo Romo, quienes detallaron la metodología participativa para diagnosticar brechas y priorizar inversiones en el sector.
Desde Corfo, el director regional Luis Rocafull López subrayó que el objetivo no es solo innovar, sino asegurar que esa innovación llegue efectivamente al pequeño agricultor.
“Corfo está trabajando en varios programas para potenciar la agricultura regional, pero nos interesa que esto se consolide llevando la tecnología al pequeño agricultor. Queremos mejorar su calidad de vida y que se proyecten hacia los mercados. Para ello se requiere colaboración y confianza para que este proyecto dé frutos a largo plazo”, afirmó la autoridad regional.
La jornada incluyó un panel de conversación con representantes del ecosistema productivo y de innovación: el agricultor Juan Mollo; la profesional en ética alimentaria Alexa Gallardo; la creadora de Hidroponía Mallkivitor, Michelle Ponce; y el representante de una empresa local proveedora de olivas y hortalizas, Diego Silva.
El intercambio dejó en evidencia que la innovación agrícola en el desierto no es solo tecnológica, sino también organizacional y de modelos de negocio, y que la coordinación entre actores será clave para escalar soluciones.
Del diagnóstico a la implementación
La olivicultora Roxana Gardilcic, anfitriona de la actividad, resumió el sentido práctico de la iniciativa: “Este proyecto lo anhelaba hace mucho tiempo. En la región hay capacidades de hacer cosas; lo que faltaba era una guía, un acompañamiento y herramientas que nos permitan fortalecer la agricultura. Como Alto Albarracines nos vamos a unir a esta iniciativa porque el valle de Azapa tiene mucho que ofrecer”.
El trabajo ya comenzó. La consultoría inició talleres participativos con actores públicos, privados y académicos para diagnosticar el sector y perfilar la hoja de ruta que guiará la transformación del sistema agroalimentario regional durante la próxima década. La apuesta es pasar del potencial a la ejecución, con metas medibles y una gobernanza capaz de sostener el proceso en el tiempo.
En un contexto donde seguridad alimentaria, eficiencia hídrica y productividad ganan centralidad en la agenda pública, Arica y Parinacota busca posicionarse como laboratorio de innovación en condiciones extremas. Más que un programa, lo que está en juego es la capacidad del territorio para convertir restricciones en oportunidades y abrir un nuevo ciclo de desarrollo productivo desde el desierto.




