La Región de Antofagasta proyecta inversiones superiores a USD 25 mil millones hacia 2035 impulsadas por minería, energías renovables, hidrógeno verde y desalación. Sin embargo, un nuevo informe de la Cámara Chilena de la Construcción advierte que el crecimiento económico comienza a tensionar carreteras, puertos, conectividad digital, infraestructura urbana y calidad de vida regional
La expansión minera y energética del norte del país está llevando a Antofagasta a una nueva escala de desarrollo económico. El avance del hidrógeno verde, la desalación, las energías renovables y el crecimiento sostenido de la minería consolidaron a la región como uno de los principales polos estratégicos de Chile para la próxima década.
Pero el mismo dinamismo que impulsa inversiones históricas comienza también a exponer limitaciones estructurales que amenazan con frenar parte de ese crecimiento.
Así lo plantea el informe Infraestructura para el Desarrollo Sostenible (IDS) 2026-2035 elaborado por la Cámara Chilena de la Construcción (CChC), documento que proyecta requerimientos de inversión superiores a los USD 25.000 millones para sostener el desarrollo regional hacia 2035.
El estudio identifica a Antofagasta como el principal eje de desarrollo energético y logístico del país, aunque advierte que las brechas urbanas, digitales y de conectividad están creciendo al mismo ritmo que las inversiones mineras y energéticas, generando presión sobre infraestructura crítica y servicios públicos.
Carreteras, puertos y aeropuertos comienzan a operar bajo presión
Uno de los principales focos de preocupación aparece en infraestructura logística y movilidad. El informe proyecta inversiones por USD 4.953 millones en conectividad interurbana, incluyendo USD 3.810 millones destinados a mejorar rutas estratégicas y accesos portuarios.
A ello se suman USD 521 millones asociados al Corredor Bioceánico Vial, iniciativa que conectará los puertos del norte chileno con mercados del Asia Pacífico y que incrementará de manera importante el tránsito de carga pesada en la región.
El IDS identifica además problemas críticos de saturación logística y ferroviaria, particularmente por la falta de acceso ferroviario a la zona industrial La Negra y las restricciones operativas en Mejillones, uno de los principales polos portuarios y mineros del país.
La presión también comienza a sentirse en la infraestructura aeroportuaria. Según el estudio, los aeropuertos Andrés Sabella y El Loa ya operan al límite o incluso sobre su capacidad actual, situación que obligará a ejecutar ampliaciones para responder al crecimiento proyectado de pasajeros y actividad económica hacia 2035.
Energía, hidrógeno verde y desalación impulsan inversiones históricas
El principal volumen de inversión proyectada continúa concentrándose en energía. El informe estima requerimientos por USD 11.678 millones hacia 2035, principalmente asociados a generación y almacenamiento energético vinculados al crecimiento minero y al potencial solar del desierto de Atacama.
Más de USD 11.100 millones corresponden específicamente a proyectos de generación y sistemas de almacenamiento, consolidando a Antofagasta como uno de los principales polos energéticos de Sudamérica.
A ello se suma el despliegue del hidrógeno verde, donde la región concentra iniciativas aprobadas y en evaluación cercanas a USD 13.800 millones. El informe posiciona a Antofagasta como uno de los territorios más relevantes de América Latina para el desarrollo de energías limpias y transición energética.
La expansión hídrica aparece directamente ligada a ese crecimiento económico. Según el estudio, Antofagasta será la única región del país que aumentará su disponibilidad hídrica hacia 2035, con una variación positiva estimada en 28,4%, impulsada principalmente por el uso intensivo de agua desalada. Actualmente, concentra el 71,9% de la capacidad nacional de desalación.
Las cifras que explican la presión sobre Antofagasta
| Área estratégica | Inversión proyectada |
|---|---|
| Proyectos de hidrógeno verde | USD 13.800 millones |
| Energía y almacenamiento | USD 11.678 millones |
| Recursos hídricos y desalación | USD 9.328 millones |
| Movilidad interurbana | USD 4.953 millones |
| Conectividad digital | USD 2.255 millones |
| Infraestructura escolar | USD 861 millones |
| Salud regional | USD 546 millones |
Déficit digital y deterioro urbano agravan las brechas regionales
Pese al liderazgo regional en minería y energía, Antofagasta presenta actualmente el peor nivel de calidad de servicio digital del país respecto de velocidad de descarga. Ninguna comuna regional supera el promedio nacional.
La situación más compleja se registra en María Elena y Sierra Gorda, donde el informe detecta una “doble brecha” digital con velocidades incluso inferiores al promedio regional. Para cerrar ese rezago, el IDS estima inversiones cercanas a USD 2.255 millones.
El deterioro urbano aparece como otro de los efectos visibles del crecimiento acelerado. El informe señala que Antofagasta mantiene un 10% de su vialidad congestionada y que 76,1% de sus aceras se encuentra en mal estado. En Calama, el deterioro alcanza al 78,9% de las aceras, reflejando el impacto que el crecimiento económico y demográfico comienza a generar sobre las ciudades de la región.
A ello se suma el déficit de áreas verdes. Según el estudio, Antofagasta dispone de apenas 2,43 metros cuadrados de espacio público favorable por habitante, muy por debajo de los estándares internacionales recomendados para calidad de vida urbana.
CChC advierte impacto de la permisología sobre proyectos estratégicos
El presidente de la CChC Antofagasta, Tomás Müller Salomón, sostuvo que la magnitud del crecimiento regional obliga a acelerar la coordinación público privada y reducir trabas administrativas que hoy ralentizan proyectos clave para infraestructura y desarrollo territorial.
El dirigente afirmó que Antofagasta enfrenta “una oportunidad histórica de liderar el desarrollo sostenible de Chile”, aunque advirtió que para concretarlo se requiere “una planificación de largo plazo y una tramitación de permisos eficiente que brinde certeza a la inversión”.
Müller agregó que el principal desafío regional ya no pasa únicamente por atraer inversión minera y energética, sino por transformar ese crecimiento en mejoras concretas para las personas.
En esa línea sostuvo que, pese al liderazgo en energía y desalación, persisten déficits relevantes en infraestructura urbana y calidad de vida, afirmando que “para transformar ese potencial en calidad de vida real para las personas, es imperativo destrabar la permisología o burocracia que hoy mantiene atados los proyectos y fortalecer con decisión la asociatividad público privada”.



