Confirmación de casos en aves silvestres activa vigilancia en humedales y abre preocupación por riesgos sanitarios y efectos en la producción avícola
La confirmación del primer caso de influenza aviar en aves silvestres en la Región del Biobío activó protocolos de vigilancia sanitaria en distintos puntos del territorio. La detección encendió alertas debido a que las condiciones climáticas y la presencia de aves migratorias favorecen la propagación del virus y elevan el riesgo de contagio en ecosistemas con alta concentración de especies.
El monitoreo se ha concentrado especialmente en humedales, espacios donde el virus encuentra condiciones óptimas para circular entre distintas especies. La combinación de factores ambientales y biológicos genera un escenario propicio para su persistencia, donde la interacción entre aves silvestres aumenta la probabilidad de transmisión y donde la vigilancia temprana se vuelve clave para contener eventuales brotes.
Cómo se propaga el virus
Desde la academia, especialistas explican que el virus se transmite principalmente a través de secreciones presentes en el ambiente. La Dra. Sara Rodríguez detalló que “el virus ingresa al organismo por vías respiratorias o digestivas, se adhiere a las células y comienza a multiplicarse”, lo que facilita su rápida diseminación dentro del ave infectada.
Este proceso permite que el virus vuelva al entorno y continúe su ciclo de contagio. En ese sentido, la académica agregó que “los nuevos virus se liberan a través de secreciones, contaminando el entorno y facilitando el contagio”, especialmente en ambientes compartidos como lagunas y humedales.
Migración y factores ambientales
Uno de los elementos que incide en la propagación es el comportamiento de las aves migratorias. Estas especies utilizan humedales como puntos de descanso, lo que incrementa el contacto entre distintas poblaciones.
En esa línea, Rodríguez explicó que “las aves migratorias generan una alta interacción entre especies, lo que aumenta la probabilidad de transmisión”, sumado a que las bajas temperaturas y la alta humedad permiten que el virus se mantenga activo por más tiempo en el ambiente.
Riesgo para otras especies y producción
El virus circula principalmente en aves silvestres, pero puede extenderse a otras especies más susceptibles. Este punto es especialmente relevante en territorios con actividad productiva vinculada al sector avícola, donde un brote podría generar impactos sanitarios y económicos.
En ese contexto, la especialista advirtió que “muchas aves pueden portar el virus sin morir, lo que favorece su propagación”, aumentando el riesgo de que el contagio alcance planteles avícolas y afecte la producción.
Riesgo en humanos y medidas preventivas
Aunque la influenza aviar afecta principalmente a aves, existe riesgo de transmisión a humanos bajo ciertas condiciones. El docente Abraham Osses explicó que “el contagio en personas ocurre principalmente por contacto directo con aves infectadas o sus secreciones”, lo que implica un riesgo mayor en contextos laborales o de manipulación directa.
En ese escenario, el llamado es a reforzar medidas preventivas. El especialista enfatizó que “es clave evitar el contacto con aves enfermas o muertas y avisar a las autoridades”, junto con mantener hábitos de higiene y consultar precozmente ante síntomas compatibles.
Vigilancia y control
La detección del virus en Biobío refuerza la necesidad de mantener monitoreo constante en zonas críticas, especialmente en humedales donde la circulación es más activa. La capacidad de anticipación se vuelve un factor determinante para evitar la expansión hacia otros territorios o sectores productivos.
En ese marco, la vigilancia sanitaria se posiciona como la principal herramienta de contención y el control temprano aparece como clave para reducir impactos sanitarios y económicos en la región.



