Distintas mediciones muestran que los alcaldes mantienen niveles de valoración superiores a otras autoridades políticas. La cercanía territorial, la gestión visible y su presencia en debates nacionales ayudan a explicar un fenómeno transversal que comienza a proyectarse
Hay una señal que comienza a repetirse en la política chilena. Mientras las instituciones nacionales siguen enfrentando dificultades para recuperar confianza, los alcaldes aparecen con niveles de valoración comparativamente más favorables. La última medición de Panel Ciudadano UDD volvió a poner el fenómeno sobre la mesa al evaluar a 15 jefes comunales: en todos los casos, quienes aprueban su gestión superan a quienes la desaprueban.
La fotografía cruza partidos, territorios y estilos de liderazgo. Entre los nombres medidos aparecen autoridades de izquierda, centroderecha e independientes, alcaldes de comunas metropolitanas y de regiones, algunos con amplia exposición nacional y otros todavía poco conocidos fuera de sus territorios. Esa diversidad vuelve más difícil explicar el fenómeno únicamente desde la identidad política.
“No hay otro grupo de la política chilena del que se pueda decir eso hoy”, planteó Juan Pablo Lavín, de Panel Ciudadano UDD, al comentar los resultados. La frase apunta al dato central, pero también obliga a una precisión: aprobación municipal, conocimiento nacional y respaldo electoral son variables diferentes. Un alcalde puede ser muy bien evaluado entre quienes lo conocen y seguir siendo prácticamente desconocido para gran parte del país.
Una valoración que no depende solo de la notoriedad
El estudio fue realizado entre el 6 y el 9 de septiembre mediante una encuesta online a 1.203 mayores de 18 años de todo Chile, ponderada por sexo, edad, distrito, nivel socioeconómico y tipo de votante. Panel Ciudadano informa un margen de ±2,8% al 95% de confianza. La lista combina alcaldes de las diez comunas más pobladas con autoridades que han tenido presencia en la contingencia nacional.
Los resultados revelan diferencias importantes entre conocimiento y aprobación. Matías Toledo, por ejemplo, es conocido por 33% de la muestra y alcanza 63% de aprobación entre quienes lo identifican. Sebastián Sichel registra 79% de conocimiento y 60% de aprobación, mientras Tomás Vodanovic alcanza 76% y 60%, respectivamente. En el extremo de menor conocimiento aparecen autoridades como Sacha Razmilic, Roberto Neira, Daniel Reyes y Catalina San Martín.
La separación entre notoriedad y evaluación ayuda a evitar una lectura demasiado rápida de los resultados. Panel Ciudadano calcula incluso un indicador distinto que cruza cuánto es conocida una autoridad con cuánto es aprobada, precisamente porque una elevada valoración entre un grupo reducido no tiene el mismo alcance que una evaluación similar entre una figura reconocida por buena parte del país.
| Alcalde/a | Comuna | Conocimiento nacional | Aprobación entre quienes lo conocen |
|---|---|---|---|
| Matías Toledo | Puente Alto | 33% | 63% |
| Sebastián Sichel | Ñuñoa | 79% | 60% |
| Tomás Vodanovic | Maipú | 76% | 60% |
| Christopher White | San Bernardo | 27% | 55% |
| Mario Desbordes | Santiago | 70% | 53% |
| Macarena Ripamonti | Viña del Mar | 65% | 53% |
| Maximiliano Luksic | Huechuraba | 56% | 49% |
| Felipe Alessandri | Lo Barnechea | 56% | 48% |
| Sacha Razmilic | Antofagasta | 8% | 48% |
| Daniel Reyes | La Florida | 16% | 48% |
| Claudia Pizarro | La Pintana | 36% | 46% |
| Jaime Bellolio | Providencia | 50% | 44% |
| Catalina San Martín | Las Condes | 15% | 43% |
| Roberto Neira | Temuco | 16% | 42% |
| Camila Nieto | Valparaíso | 20% | 38% |
Fuente: Panel Ciudadano UDD, septiembre de 2026. La aprobación se calcula únicamente entre quienes declararon conocer a cada alcalde, por lo que no corresponde al porcentaje de la muestra total.
El estudio incorpora además una pregunta diferente: cuál de los alcaldes considerados estaría realizando el mejor trabajo en su comuna. Ese indicador no debe confundirse con aprobación, porque se pregunta sobre el total de la muestra y obliga al encuestado a escoger entre las alternativas presentadas. El propio informe muestra, además, movimientos relevantes respecto de junio, asociados en parte a que la lista pasó de diez a quince nombres.
La política que puede verse desde la calle
La señal no aparece solamente en Panel Ciudadano. Agenda Criteria preguntó en junio por la evaluación general de distintos tipos de autoridades. El 34% calificó a los alcaldes con notas entre 5 y 7, frente a 17% en el caso de los gobernadores regionales y 12% para diputados y senadores. En las notas entre 1 y 3 la relación se invirtió: alcaldes 37%, gobernadores 53% y parlamentarios 65%.
La Encuesta CEP N°96 entrega otra pieza, esta vez desde la confianza institucional. Las municipalidades alcanzaron 34% de mucha o bastante confianza, su nivel más alto desde octubre de 2009. La medición se realizó presencialmente a 1.466 personas en 122 comunas, mediante un diseño probabilístico nacional. El CEP advierte, sin embargo, que el repunte institucional todavía es frágil y que más de dos tercios de la población no expresa confianza en las municipalidades.
La diferencia puede estar relacionada con la naturaleza de la gestión local. Un alcalde administra problemas que tienen calle, barrio y consecuencias cotidianas: aseo, iluminación, espacios públicos, tránsito, permisos, seguridad preventiva y servicios municipales. La autoridad queda mucho más cerca del resultado y también del reclamo cuando las respuestas no llegan.
Esa exposición se ha ampliado con nuevas responsabilidades. La entrada en vigencia de la Ley de Seguridad Municipal elevó las atribuciones preventivas, pero también abrió interrogantes sobre financiamiento, contratación, responsabilidades y desigualdades entre comunas, elementos que hoy forman parte de los nudos pendientes de la nueva seguridad municipal.
El reciente retiro de uno de sus reglamentos para perfeccionarlo junto a los municipios mostró hasta dónde estas autoridades se han convertido en interlocutores necesarios de políticas originalmente diseñadas desde el nivel central.
Cadem muestra una señal complementaria desde la imagen pública. En su medición publicada el 13 de septiembre, alcaldes incluidos entre las figuras políticas evaluadas registraron porcentajes de imagen positiva entre 50% y 57%. La pregunta y metodología son distintas a las de Panel Ciudadano, por lo que los resultados no son directamente comparables, pero muestran que algunas autoridades locales han logrado adquirir reconocimiento fuera de sus comunas.
Cuando la comuna deja de ser el límite
La transformación no ocurre solamente en las encuestas. Los alcaldes han ido ocupando espacios en debates que exceden la administración cotidiana del municipio. En mayo, cerca de 130 jefes comunales llegaron a La Moneda preocupados por los efectos que las modificaciones a las contribuciones podrían producir sobre el Fondo Común Municipal y, con ello, sobre los recursos disponibles para seguridad, programas sociales y servicios básicos. El episodio instaló el impacto de las contribuciones en los presupuestos locales como un asunto político de alcance nacional.
Algo similar ocurre con la seguridad. Las capacidades municipales ya no se limitan a financiar cámaras o vehículos: la nueva institucionalidad reconoce funciones preventivas y de coordinación, mientras las diferencias presupuestarias entre comunas condicionan cuánto de esas nuevas atribuciones puede transformarse efectivamente en capacidad operativa.
Ese vínculo cada vez más directo con el Ejecutivo también quedó reflejado en agosto, cuando alcaldes de Valparaíso, O’Higgins y la Región Metropolitana participaron en La Moneda de una reunión destinada a abordar prioridades y mecanismos de coordinación territorial. La agenda de seguridad con alcaldes de tres regiones mostró una lógica que se repite: problemas que comienzan en barrios y comunas terminan llevando a sus autoridades hasta el centro de las decisiones nacionales.
La ventaja de ese posicionamiento es también su principal riesgo político. El municipio ofrece una plataforma donde los resultados pueden ser identificados con mayor facilidad, pero esa misma cercanía hace más visibles las deficiencias. Una calle deteriorada, un servicio que no funciona o una estrategia de seguridad que no entrega resultados tiene responsables fácilmente reconocibles por la comunidad.
Tampoco existe evidencia suficiente para concluir que una alta aprobación municipal pueda trasladarse automáticamente a una elección parlamentaria o presidencial. Cambian el electorado, las competencias y los asuntos sobre los cuales una autoridad debe responder. La valoración de la gestión local y una eventual preferencia electoral nacional deben analizarse como fenómenos distintos.
Lo que sí muestran las mediciones de 2026 es que el municipio se ha convertido en un espacio relevante para construir reconocimiento y capital político, en momentos en que otras instituciones enfrentan mayores dificultades para conectar con la ciudadanía.
La pregunta hacia adelante será cuánto de esa valoración depende precisamente de la escala comunal y cuánto puede mantenerse cuando un liderazgo comienza a intervenir en asuntos que trascienden su territorio.



