La iniciativa reunió durante siete meses a artistas, colegios, universidades y organizaciones sociales en torno a murales, cultura oceánica y recuperación de la identidad marítima en Valparaíso, Viña del Mar, Quilpué y Villa Alemana
Valparaíso decidió volver a mirar al mar. No desde la postal turística ni desde la nostalgia patrimonial, sino desde el arte público, la cultura oceánica y la necesidad de recuperar una identidad territorial históricamente vinculada al océano.
Ese fue el eje de la primera versión de la Bienal de arte público y medioambiental “Valparaíso Azul”, iniciativa impulsada por Plastic Oceans y financiada a través del Fondo Nacional de Desarrollo Regional del Gobierno Regional de Valparaíso, que durante siete meses intervino colegios, espacios públicos y barrios de Valparaíso, Viña del Mar, Quilpué y Villa Alemana.
La bienal llegó oficialmente a su cierre este 8 de mayo con la inauguración de nuevos murales en establecimientos educacionales y espacios patrimoniales de Cerro Alegre, consolidando un circuito artístico y comunitario que mezcló muralismo, sostenibilidad, educación ambiental y participación ciudadana.
La iniciativa logró instalar el concepto de identidad azul dentro de la conversación cultural y territorial de la región, articulando arte urbano, liderazgo comunitario y cultura oceánica como herramientas de transformación social y recuperación del vínculo con el mar.
“Nuestra idea inicial fue que, tal como están promoviendo Valparaíso como una ciudad con identidad azul para la postulación al secretariado del tratado BBNJ, debía existir un esfuerzo por reforzar esa identidad en las comunidades de la región. Con la bienal queríamos aportar a ser ese catalizador y un kilómetro cero para dar visibilidad a iniciativas que fortalecen la relación de la región con el océano a través del arte”, sostuvo Mark Minneboo, líder del proyecto.
Durante siete meses, la bienal desplegó murales, intervenciones urbanas, conversatorios y actividades educativas en distintos puntos de la región, incluyendo el Mercado Puerto, el Palacio Vergara y espacios comunitarios en Quilpué y Villa Alemana.
El proyecto combinó arte público con contenidos vinculados a biodiversidad marina, sostenibilidad y protección oceánica, integrando además trabajo directo con comunidades escolares de Barón y Rodelillo.
Innovación social y participación comunitaria
La propuesta también buscó fortalecer desarrollo territorial, innovación social y participación comunitaria desde los espacios públicos, utilizando el arte urbano como una herramienta de conexión social, educación ambiental y conciencia oceánica.
“Una identidad no se recupera solo con un evento. Existe una necesidad urgente de fomentar una cultura de donaciones en Chile que involucre al sector privado y permita sostener iniciativas culturales y ambientales en el tiempo. La bienal se convierte en el kilómetro cero para un trabajo continuo de reactivación cultural y ambiental en la región”, agregó Minneboo.
La iniciativa incorporó además charlas de cultura oceánica, mediaciones artísticas y trabajo conjunto entre artistas, científicos y comunidades educativas, consolidando un ecosistema cultural colaborativo entre organizaciones sociales, establecimientos educacionales y actores territoriales.
“Para nuestro servicio ha sido una experiencia muy valiosa porque permite que los actores clave de la educación puedan ampliar este legado y proyectarlo hacia los establecimientos educacionales”, señaló Claudio Sepúlveda, director ejecutivo (s) del Servicio Local de Educación Pública.
Arte urbano revive identidad oceánica en Valparaíso
Uno de los principales legados visibles de la bienal quedó plasmado en murales desarrollados por artistas nacionales e internacionales en distintos puntos de la región.
Entre ellos destacan las obras de Franco Fasoli en Universidad Playa Ancha, Seco Sánchez en Cerro Alegre y Daniel Marceli en Quilpué, además de intervenciones de artistas como Aner, Juana Pérez, Maida-K, Paula Tikay, Reko, Tombo y The Voids.
“La oportunidad de traer artistas tan importantes nos devuelve la esperanza de que el arte público en Valparaíso sigue vivo. Cuando vemos el entusiasmo de los jóvenes, sentimos que esta bienal puede proyectarse por mucho tiempo más y abrir nuevas áreas de conexión con la sociedad y el océano”, sostuvo Daniel Marceli.
La bienal también permitió aterrizar debates globales vinculados a biodiversidad marina, gobernanza oceánica y protección ambiental, incorporando actividades relacionadas con el Acuerdo BBNJ sobre biodiversidad más allá de jurisdicciones nacionales.
La colaboración entre organizaciones internacionales, universidades e instituciones públicas permitió además instalar el arte público como una herramienta de diplomacia cultural, turismo cultural intergeneracional y recuperación patrimonial en espacios urbanos de alta circulación comunitaria.
Un legado que busca proyectarse más allá de la bienal
El cierre oficial de Valparaíso Azul no marca el fin del proyecto. Sus organizadores esperan que la experiencia permita consolidar nuevas redes de colaboración regional y fortalecer futuras iniciativas vinculadas a cultura, sostenibilidad y recuperación del vínculo histórico de Valparaíso con el océano.
El desafío ahora será transformar este impulso artístico y ciudadano en una política cultural de largo plazo, capaz de conectar identidad territorial, desarrollo sostenible, economía creativa y participación comunitaria en una región donde el océano vuelve a instalarse como eje cultural y estratégico.



