El proyecto de EBI Chile considera una inversión superior a US$40 millones, plantas de reciclaje y compostaje, aprovechamiento de biogás y una vida útil de 25 años, mientras la región enfrenta el cierre proyectado de El Molle en 2028
La Región de Valparaíso comenzó a enfrentar una decisión que ya no admite nuevas postergaciones. El relleno sanitario El Molle, principal instalación para la disposición de residuos domiciliarios del territorio, terminaría su vida útil en 2028 y todavía no existe una alternativa regional operativa que asegure la continuidad del servicio.
Frente a esa cuenta regresiva, EBI Chile proyecta el Centro Metropolitano de Gestión Integral de Residuos, CMGIR, una infraestructura que busca combinar reciclaje, compostaje, tratamiento de lixiviados, captura de biogás y disposición final controlada en un mismo recinto.
La iniciativa se ubicaría en el sector Los Rincones de Viña del Mar, en el kilómetro 102,5 de la Ruta 60 Troncal Sur. El proyecto ocuparía un predio de 206 hectáreas, de las cuales 62 serían utilizadas por las instalaciones operativas y cerca de 144 quedarían como superficie de resguardo ambiental.
Una región dependiente de El Molle
El Molle recibe residuos procedentes de nueve comunas y concentra cerca del 51% de los desechos generados en la Región de Valparaíso. Solo Viña del Mar y Valparaíso representan alrededor del 70% de los residuos sólidos municipales depositados en esa instalación.
La presión no se explica únicamente por el crecimiento demográfico. La baja separación en origen, la limitada infraestructura para recuperar materiales y el escaso aprovechamiento de los residuos orgánicos han mantenido la mayor parte de los desechos bajo una lógica de transporte y disposición final.
Una radiografía desarrollada por TriCiclos para Fundación Chile identificó brechas en infraestructura intermedia, trazabilidad, información, gobernanza y mercados para los productos recuperados. El estudio advierte además que los residuos orgánicos representan cerca de la mitad de los desechos domiciliarios, pero todavía cuentan con pocas alternativas de valorización a escala regional.
La consecuencia es que El Molle continúa recibiendo materiales que podrían transformarse en compost, materias primas recicladas o energía. Esa carga acelera el agotamiento de su capacidad y eleva el riesgo de una discontinuidad que afectaría a municipios, habitantes y actividades productivas.
Reciclaje, compostaje y biogás
El CMGIR ha sido presentado como una infraestructura distinta de un relleno sanitario convencional. Su diseño contempla unidades para separar materiales reciclables, procesar residuos orgánicos, tratar lixiviados y capturar el biogás generado durante la descomposición de los desechos.
De acuerdo con los antecedentes publicados por el proyecto, estas serían sus principales características:
| Componente | Capacidad o alcance informado |
|---|---|
| Inversión estimada | Superior a US$40 millones |
| Superficie total | 206 hectáreas |
| Área operacional | 62 hectáreas |
| Protección ambiental | Cerca de 144 hectáreas |
| Vida útil estimada | 25 años |
| Capacidad promedio | Aproximadamente 1,23 millones de toneladas anuales |
| Planta de reciclaje | 2.400 toneladas mensuales |
| Planta de compostaje | 2.900 toneladas mensuales |
| Empleo | 179 puestos durante construcción, operación y cierre |
La planta de reciclaje ocuparía 3.500 metros cuadrados y recuperaría papel, cartón, plástico, vidrio y metales. La unidad de compostaje se extendería por 9.400 metros cuadrados para procesar residuos domiciliarios, restos de ferias, frutas, verduras, podas y materiales de jardinería.
El proyecto también contempla 80 chimeneas para captar biogás, una red de recolección, una planta de bombeo y una antorcha de tratamiento. En una etapa posterior, esa infraestructura podría incorporar generación eléctrica o aprovechamiento energético del gas recuperado.
Este modelo se relaciona con la transición que distintas operaciones mineras están impulsando para transformar residuos en recursos. En Antofagasta, por ejemplo, el Centro de Valorización Norte proyecta recuperar plásticos, metales y aguas industriales provenientes de la minería, ampliando la infraestructura regional disponible para la economía circular.
Las cifras deberán pasar por la evaluación ambiental
Los antecedentes difundidos corresponden al diseño presentado por el desarrollador. Aspectos como capacidad definitiva, tránsito de camiones, distancia respecto de viviendas, control de olores, gestión de lixiviados, protección de aguas y suficiencia de las áreas de amortiguación deberán ser acreditados durante su ingreso y evaluación en el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental.
La propia información del proyecto señala que varias de estas definiciones serán incorporadas en su Estudio de Impacto Ambiental. Entre ellas figuran el flujo vehicular, la distancia a sectores habitados y las tecnologías definitivas para tratar, reutilizar o disponer los lixiviados.
También será necesario aclarar la relación entre la capacidad promedio anunciada, cercana a 1,23 millones de toneladas anuales, la tasa inicial de disposición y las capacidades específicas de reciclaje y compostaje. La diferencia entre estos volúmenes será relevante para determinar cuánto material podrá recuperarse efectivamente y qué proporción continuará llegando a disposición final.
El proyecto informó que ha desarrollado actividades de vinculación temprana con más de 120 dirigentes sociales. Sin embargo, esa etapa no reemplaza la participación ciudadana formal que puede abrirse durante la evaluación ambiental ni anticipa el pronunciamiento de los organismos públicos competentes.
La urgencia no garantiza viabilidad
La existencia de una necesidad regional evidente no asegura, por sí sola, la viabilidad ambiental y territorial de una iniciativa. El emplazamiento, sus impactos acumulativos, el tránsito, los olores, el manejo de aguas y la relación con las comunidades serán determinantes para evaluar el proyecto.
La Seremi del Medio Ambiente de Valparaíso ya ha solicitado a los municipios, autoridades y empresas avanzar coordinadamente frente al término proyectado de El Molle. El organismo advirtió que la gestión de residuos no puede continuar dependiendo de respuestas tardías y llamó a entregar certezas sobre la continuidad del servicio.
El reto tampoco termina con construir una nueva instalación. La región deberá mejorar la separación en origen, fortalecer a recicladores, ampliar la recolección diferenciada y desarrollar mercados capaces de utilizar los materiales recuperados. Sin esos componentes, incluso un centro moderno puede terminar reproduciendo una dependencia excesiva de la disposición final.
El CMGIR aparece como una respuesta posible a una urgencia que avanza con fecha conocida. Su prueba será demostrar que puede transformar el modelo regional de residuos, reducir efectivamente lo que se entierra y conseguir legitimidad ambiental y territorial antes de que El Molle llegue al límite.



