Con más de 24 mil estudiantes vinculados a la educación técnico-profesional, la región busca acercar comercio exterior, logística y actividad portuaria a las aulas, mientras enfrenta desempleo de dos dígitos y mayores exigencias de pertinencia laboral
Valparaíso tiene puertos, actividad logística, servicios aduaneros y una economía profundamente conectada con los mercados internacionales. Sin embargo, uno de sus desafíos sigue estando algunos kilómetros más adentro de los terminales marítimos: conseguir que los conocimientos y capacidades que requiere esa economía lleguen también a las salas de clases de sus liceos técnico-profesionales.
La discusión adquiere mayor relevancia en una región donde el mercado laboral presenta dificultades. Durante el trimestre febrero-abril de 2026, la tasa de desocupación llegó a 10,3%, ubicando a Valparaíso entre las regiones con mayor desempleo del país. En doce meses, las personas desocupadas aumentaron 20,2%, mientras el crecimiento del empleo fue de apenas 0,5%.
Al mismo tiempo, la economía regional continúa profundamente vinculada al comercio exterior. Solo en mayo, las exportaciones de Valparaíso alcanzaron US$802,4 millones, creciendo 8% respecto del mismo mes de 2025. China concentró el 36,4% de los envíos y Brasil otro 14,5%, mientras cobre y hierro representaron 72,9% del valor exportado.
Entre esas dos cifras, una economía que exporta y un mercado laboral que no consigue absorber con igual dinamismo a su fuerza de trabajo, aparece una pregunta central: qué tan conectada está la formación de los jóvenes con las actividades que sostienen el desarrollo productivo regional.
Llevar el comercio exterior a las aulas
Una de las respuestas comenzó a tomar forma este año a través de la Red Futuro Técnico Valparaíso y la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales (SUBREI), que reunieron a docentes de establecimientos técnico-profesionales para acercarlos al funcionamiento del comercio exterior, los acuerdos comerciales, las cadenas logísticas y las oportunidades laborales asociadas a la internacionalización.
La jornada se desarrolló en el Liceo Matilde Brandau de Ross, con participación de SUBREI, Aduanas, actores del sistema educacional y organismos ligados al comercio exterior. El objetivo fue que esos conocimientos no quedaran circunscritos a organismos especializados, sino que pudieran trasladarse posteriormente hacia los estudiantes.
La iniciativa forma parte de un trabajo regional más amplio. La Red Futuro Técnico inició su agenda 2026 buscando precisamente aumentar la articulación entre establecimientos educacionales y sectores productivos, reuniendo a actores provenientes de distintas provincias de Valparaíso.
No es una discusión nueva en la región. Ya durante el ciclo anterior, la Red Futuro Técnico había definido como uno de sus ejes fortalecer la conexión entre liceos, educación superior y empresas, intentando reducir una de las brechas históricas de la educación técnica: formar especialidades que efectivamente dialoguen con las oportunidades laborales disponibles en el territorio.
Más de 24 mil estudiantes técnicos
La magnitud del desafío no es menor. Los últimos antecedentes regionales difundidos por Educación indican que más de 24 mil estudiantes forman parte de la educación técnico-profesional en Valparaíso, distribuidos entre liceos TP y establecimientos para jóvenes y adultos que imparten esta modalidad.
Para el seremi de Educación, Juan Carlos Klenner, fortalecer las capacidades de los docentes permite acercar a esos estudiantes conocimientos vinculados con una economía cada vez más internacionalizada.
“Fortalecer las capacidades de quienes forman a las futuras generaciones es fundamental para que las y los estudiantes desarrollen herramientas pertinentes para su trayectoria educativa, laboral y ciudadana”.
La pertinencia aparece como palabra clave. Valparaíso no solo necesita técnicos: necesita que sus capacidades dialoguen con logística, comercio exterior, digitalización, puertos, industrias, servicios y nuevas tecnologías, especialmente en un escenario donde el desarrollo regional busca recuperar dinamismo laboral.
La región ya ha mostrado experiencias donde estudiantes técnicos trabajan en ámbitos ligados a industria 4.0, economía circular, turismo y nuevas tecnologías. En 2025, por ejemplo, 50 establecimientos participaron en una feria regional orientada a vincular formación técnica con desafíos productivos.
Un territorio marcado por sus puertos
Valparaíso tiene además una particularidad difícil de separar de esta discusión: su rol dentro del sistema portuario nacional.
La ampliación del Terminal 2 del Puerto de Valparaíso, que obtuvo aprobación ambiental durante 2026, proyecta una nueva etapa de inversiones y capacidad logística para la ciudad. Su desarrollo vuelve a poner sobre la mesa no solamente infraestructura física, sino también capital humano capaz de responder a cadenas logísticas cada vez más tecnificadas.
En ese contexto, acercar comercio exterior a los liceos adquiere otro significado. No se trata simplemente de que los estudiantes conozcan qué es un tratado comercial o cómo funciona una exportación, sino de hacer visible un ecosistema laboral que muchas veces opera frente a sus propias ciudades sin entrar suficientemente en sus trayectorias educativas.
La jefa del Departamento de Asuntos Regionales y Difusión de Acuerdos Comerciales de SUBREI, Tracy Geiger, plantea que la idea es precisamente que los jóvenes dejen de observar la política comercial como algo distante.
“Queremos fomentar esta sinergia entre la juventud y la política comercial para que sientan que es una herramienta para su desarrollo personal, laboral, económico y profesional”.
La prueba será el empleo
El desafío, sin embargo, está lejos de resolverse con capacitaciones docentes.
La región necesita que la articulación entre educación y economía productiva termine convirtiéndose en prácticas laborales, formación dual, certificaciones, continuidad de estudios y finalmente empleos. Esa necesidad se vuelve especialmente evidente cuando el desempleo regional supera el 10%, pese al dinamismo que presentan determinadas actividades económicas.
Ahí aparece también una paradoja regional: mientras Valparaíso mantiene infraestructura portuaria estratégica, exportaciones relevantes y sectores productivos que demandan nuevas competencias, una parte de su fuerza laboral continúa teniendo dificultades para encontrar empleo.
La respuesta no depende exclusivamente de los liceos ni puede reducirse a adaptar programas educativos a cada requerimiento de corto plazo de las empresas. Pero una educación técnica desconectada de la transformación productiva también corre el riesgo de preparar estudiantes para mercados laborales que ya cambiaron.
Por eso, el desafío que comienza en las aulas termina fuera de ellas. La verdadera medida del éxito no será cuántos docentes conocen mejor el comercio exterior, sino cuántos estudiantes de Valparaíso consiguen transformar ese conocimiento en una trayectoria laboral dentro de la propia economía regional.



