La duodécima edición del PAU abrió su proceso 2026 desde Destino Valparaíso, ganador del año pasado, con seis categorías y una convocatoria nacional enfocada en proyectos capaces de mejorar barrios, ciudades y calidad de vida
La nueva edición del Premio Aporte Urbano (PAU) comenzó mirando hacia uno de sus propios ganadores. En el ex Colegio Alemán del cerro Concepción, hoy convertido en Destino Valparaíso y Museo del Inmigrante, se lanzó la convocatoria 2026 que buscará reconocer proyectos públicos y privados capaces de transformar barrios, ciudades y territorios en distintas regiones del país.
El lugar no fue elegido al azar. El conjunto porteño obtuvo el PAU 2025 como Mejor Proyecto de Intervención Patrimonial después de recuperar cerca de 5.300 metros cuadrados de edificaciones construidas entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, incorporando nuevos usos culturales, gastronómicos y espacios de encuentro.
Desde ese punto, la convocatoria se abre ahora al resto del país. La duodécima edición busca iniciativas que no solo destaquen por su arquitectura o diseño, sino por la manera en que se relacionan con su entorno, recuperan espacios, mejoran infraestructura, integran comunidades o generan nuevas formas de habitar las ciudades. El lema elegido para este año resume esa mirada: “Proyectos que construyen barrios, y barrios que construyen ciudades”.
Seis categorías para distintas formas de transformar la ciudad
El PAU 2026 contempla seis categorías, abarcando desde grandes obras de infraestructura hasta intervenciones patrimoniales y proyectos habitacionales. Podrán competir iniciativas de Infraestructura Urbana y Espacio de Uso Público; Densificación Equilibrada; Integración Social; Edificio de Uso Mixto; Regeneración o Rehabilitación Urbana; e Intervención Patrimonial.
La amplitud permite que la convocatoria alcance realidades territoriales muy distintas. Una plaza o parque que recupere espacio público, un conjunto habitacional que combine densificación e integración, la rehabilitación de un barrio deteriorado o la restauración de un inmueble histórico pueden competir bajo una misma lógica: demostrar que la obra genera un efecto que trasciende sus propios límites y aporta a la ciudad donde se inserta.
La convocatoria oficial incorpora entre sus criterios asuntos como resiliencia climática, equidad territorial, participación ciudadana, integración urbana y preservación de identidad local.
El presidente de la CChC Valparaíso, Andrés Polanco, recordó que la ciudad ya suma seis proyectos ganadores y llamó a ampliar esa presencia territorial. “Ojalá esta nueva edición del PAU nos permita mostrar muchos más proyectos nacidos en nuestra región y en todas las regiones de Chile. Y, sobre todo, ayudar a que buenas ideas y buena arquitectura se transformen en obras concretas que sirven a la comunidad y mejoran la vida de las personas”.
La trayectoria de las últimas ediciones muestra justamente esa dispersión. En 2025, los proyectos reconocidos estuvieron ubicados en Atacama, Valparaíso, Región Metropolitana, Los Ríos y Los Lagos, mientras entre los nominados también aparecieron iniciativas de Coquimbo, Tarapacá y otras zonas del país. El premio superó entonces las 60 postulaciones, consolidando una vitrina que ya no se concentra exclusivamente en Santiago.
Del patrimonio a la integración social
El diseño de las categorías también refleja cómo ha cambiado la discusión urbana. Ya no se trata solamente de reconocer edificios destacados, sino de incorporar preguntas sobre cómo densificar sin deteriorar barrios, integrar vivienda y servicios, recuperar sectores degradados o construir infraestructura capaz de adaptarse a nuevas exigencias ambientales y sociales.
En Infraestructura Urbana y Espacio de Uso Público, por ejemplo, pueden postular desde calles, ciclovías y sistemas de transporte hasta parques, plazas, bordes fluviales, centros comunitarios, establecimientos educacionales o infraestructura verde.
La categoría de Integración Social incorpora proyectos habitacionales públicos, privados o mixtos, mientras Regeneración Urbana apunta directamente a áreas deterioradas, subutilizadas o segregadas.
Intervención Patrimonial, la categoría que llevó a Destino Valparaíso a recibir el premio en 2025, reconoce proyectos que recuperen inmuebles o espacios con valor histórico, arquitectónico o cultural, incluso cuando no cuenten necesariamente con una declaratoria oficial. Ese criterio permite que la discusión sobre patrimonio salga de los monumentos tradicionales y alcance construcciones cuya importancia está vinculada a la identidad y memoria de barrios y comunidades.
El premio es impulsado por la Cámara Chilena de la Construcción y coorganizado junto al Ministerio de Vivienda y Urbanismo, el Ministerio de Obras Públicas, el Consejo Nacional de Desarrollo Territorial, el Colegio de Arquitectos de Chile, la Asociación de Oficinas de Arquitectos, la Asociación de Desarrolladores Inmobiliarios y la Subsecretaría del Patrimonio Cultural.
Postulaciones abiertas durante un mes
El período de consultas comenzó el 31 de agosto y permanecerá disponible hasta el 11 de septiembre. Las postulaciones se recibirán entre el 7 de septiembre y el 7 de octubre, mientras que los proyectos seleccionados serán evaluados posteriormente de cara a la ceremonia de premiación programada para el 3 de diciembre.
Empresas, instituciones públicas, oficinas de arquitectura e ingeniería, desarrolladores y otros actores vinculados al desarrollo urbano pueden presentar iniciativas dependiendo de las condiciones establecidas para cada categoría. La convocatoria pone así nuevamente en competencia proyectos de escalas y regiones distintas, pero unidos por una misma pregunta: qué están aportando, más allá de la obra misma, al barrio y a la ciudad que los rodea.
Valparaíso fue esta vez el punto de partida, utilizando como escenario una obra reconocida por la edición anterior. Desde el 7 de septiembre, sin embargo, el mapa vuelve a abrirse: la búsqueda del PAU 2026 estará puesta en proyectos capaces de mostrar, desde cualquier región de Chile, cómo una intervención concreta puede cambiar la forma en que una comunidad vive y utiliza su territorio.
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