El Ejecutivo tiene programado para esta semana el primer vuelo de expulsión de 40 migrantes en situación irregular, generando un fuerte choque político por su alcance, mientras parlamentarios advierten que el impacto será limitado y sin continuidad operativa
El Gobierno del Presidente Kast prepara la ejecución de su primer vuelo de expulsión de migrantes en situación irregular, programado para este 16 de abril, con cerca de 40 personas que serían trasladadas desde Santiago hacia países como Bolivia, Colombia y Ecuador.
La medida busca materializar uno de los compromisos centrales del programa, en un momento donde el control migratorio se instaló como una de las principales demandas ciudadanas. El Ejecutivo intenta mostrar resultados concretos en una agenda donde la presión política y social por acción es alta, especialmente tras semanas de cuestionamientos por la falta de avances visibles.
El anuncio del operativo no solo marca el inicio del plan, sino que también abrió un conflicto político inmediato. El vuelo aún no se concreta y ya instala dudas sobre su escala, su impacto real y su capacidad de sostenerse en el tiempo, reflejando la distancia entre las expectativas generadas durante la campaña y las condiciones efectivas de implementación.
Oficialismo endurece el tono: seguridad y control fronterizo
Desde el oficialismo, las reacciones fueron de respaldo y con un énfasis marcado en el control migratorio. El diputado Álvaro Carter afirmó que “valoro que el Gobierno comience a materializar sus promesas, porque la seguridad de los chilenos parte por recuperar el control total de quienes cruzan nuestros límites. No más impunidad: quien no respeta nuestras normas, debe abandonar el país”, calificando la medida como una señal de cambio.
El diputado Erich Grohs también respaldó la medida señalando que “el Gobierno da una señal potente: en Chile se cumple la ley y punto. No vamos a permitir que la irregularidad sea el estándar. Este operativo marca el inicio de una etapa donde la soberanía y la seguridad pública están por sobre cualquier ideología. Es el fin de la fiesta para la migración descontrolada”, situando el debate en el plano del orden público.
Matices: la continuidad como condición de efectividad
Pese al respaldo, surgieron matices dentro del propio sector. El diputado Mauro González advirtió que la efectividad del plan dependerá de su continuidad, resaltando que “además sea permanente y continuo, idealmente dos o tres veces al mes, para generar un efecto real en el control de fronteras”, introduciendo el factor clave de escala.
Ese punto también fue recogido en el Senado, donde el senador Juan Luis Castro sostuvo que “el inicio de las expulsiones del país no puede ser solo un debut y eventualmente despedida, tiene que ser una política continua. Cada expulsión es cara, sí, pero también hagámonos cargo de que esta es la promesa de campaña número uno del presidente Kast”, poniendo el foco en la necesidad de sostener la política en el tiempo.
En esa línea, el Ejecutivo proyecta ampliar el despliegue. Se espera que mensualmente salgan entre dos y tres vuelos de expulsión, junto con operativos terrestres mediante buses desde regiones del norte como Arica y Parinacota, Tarapacá y Antofagasta.
Oposición cuestiona: “una burla… vamos a necesitar 23 años”
Desde la oposición, las críticas fueron directas y con cuestionamientos a la viabilidad del plan. El diputado Jaime Bassa afirmó que “la única promesa que ha cumplido el presidente de la República ha sido hacerse el examen de pelo contra las drogas. La verdad es que este vuelo en particular no solo es insuficiente, sino que viene coordinado desde el gobierno anterior”, cuestionando tanto el alcance como el origen del operativo.
El parlamentario profundizó sus críticas señalando que “la zanja, 30 kilómetros al año, es una burla. La expulsión de inmigrantes es una burla (…) el Gobierno no está cumpliendo con sus promesas”, instalando un cuestionamiento directo a la credibilidad del plan migratorio.
A estas críticas se sumó la diputada Lorena Fries, quien puso en duda la factibilidad del plan, señalando que “con ese patrón de expulsión, vamos a necesitar 23 años (…) la verdad se muestra la incoherencia y la poca factibilidad que tienen las medidas adoptadas o que pretende adoptar Kast y que las planteó en su campaña”, cuestionando la relación entre ritmo de ejecución y resultados.
Un sistema bajo presión: capacidad limitada frente a alta demanda
El debate político se cruza con un problema estructural que arrastra el sistema migratorio. Actualmente existen más de 46 mil órdenes de expulsión pendientes en Chile, lo que evidencia una brecha relevante entre las decisiones administrativas y su ejecución efectiva.
Las cifras refuerzan esa distancia. Durante el gobierno del Presidente Gabriel Boric se concretaron cerca de 4.400 expulsiones en total, con un ritmo anual cercano a mil casos. Esto muestra que la capacidad del Estado para ejecutar estas medidas sigue siendo limitada frente al volumen acumulado.
Este contraste instala una relación crítica entre capacidad y demanda. El problema no es solo dictar expulsiones, sino ejecutarlas a escala, considerando que el volumen de órdenes pendientes supera ampliamente la capacidad operativa anual.
Estado del sistema migratorio en Chile (2026)
| Indicador clave | Cifra actual | Implicancia |
|---|---|---|
| Expulsiones pendientes | 46.000+ | Acumulación de procesos sin ejecutar |
| Trámites de regularización pendientes | 123.000+ | Rezago administrativo en el sistema |
| Solicitudes de nacionalización | 23.000+ | Procesos en espera sin resolución |
| Inicio proceso de expulsiones | Abril 2026 | Ejecución gradual según capacidad |
| Requisito operativo | 2 funcionarios por persona | Limita número de expulsiones por vuelo |
| Restricción internacional | Sin relaciones con Venezuela | Dificulta retornos y coordinación |
| Tipo de traslado | Comercial / FACh | Reduce disponibilidad de cupos |
Este cuadro sintetiza el problema de fondo. El sistema migratorio enfrenta un cuello de botella estructural, donde la capacidad operativa, las restricciones diplomáticas y el rezago administrativo limitan la ejecución de medidas.
Límites reales de la implementación
Más allá del choque político, el plan enfrenta restricciones concretas. Las expulsiones requieren coordinación con países de destino, disponibilidad logística y cumplimiento de procedimientos administrativos, lo que limita la velocidad de implementación.
A esto se suma la dimensión legal. La existencia de órdenes de expulsión no garantiza su ejecución inmediata, ya que los procesos pueden ser revisados o demorados. Esta brecha entre decisión política y ejecución práctica será determinante en la evaluación del plan en los próximos meses.
Entre promesa y ejecución: la prueba del plan migratorio
El vuelo programado para el 16 de abril representa una señal política relevante para el Gobierno. El objetivo es demostrar capacidad de acción en una materia prioritaria, donde la presión pública por resultados se mantiene constante.
El desafío estará en la continuidad. La efectividad del plan dependerá de su capacidad para sostener y ampliar las expulsiones en el tiempo, en un escenario donde la discusión ya no es solo política, sino estructural: cuánto puede realmente ejecutar el Estado frente a la magnitud del problema.



