La minería volvió a arrastrar la actividad, pero industria y servicios también retrocedieron. El dato corta el rebote de junio, se suma a un mercado laboral debilitado y pone bajo presión la recuperación del segundo semestre
A comienzos de agosto, el Gobierno encontró en las cifras de junio una señal que llevaba meses esperando. El Imacec había crecido 2,4%, después de cinco meses consecutivos de retrocesos, y Hacienda mantuvo su estimación de que la economía podía expandirse 1,8% durante 2026. No significaba que los problemas estuvieran resueltos, pero el dato permitía comenzar a hablar de recuperación.
Treinta días después, esa lectura quedó bajo presión. El Imacec de julio cayó 1,5% interanual y anotó su peor desempeño desde marzo de 2023, con un resultado ubicado en la zona más pesimista de las expectativas. La caída tampoco desaparece al mirar la serie desestacionalizada: la actividad retrocedió 1,7% frente a junio y 2,1% en doce meses.
El contraste entre ambos meses es lo que convierte a julio en algo más que una mala cifra. Junio había ofrecido el primer respiro después de una larga secuencia negativa; julio devolvió a la economía al mismo terreno de incertidumbre y obligó a Hacienda a revisar una proyección que, incluso antes de conocerse el nuevo Imacec, ya estaba por encima del rango de 1% a 1,75% anticipado por el Banco Central para este año.
El ministro Jorge Quiroz reconoció que el escenario oficial tendrá que cambiar cuando se presente el próximo Informe de Finanzas Públicas, aunque sostuvo que las perspectivas de inversión del Ejecutivo siguen siendo favorables. “La proyección de crecimiento para el año completo hay que tomar en cuenta este número y hay que ajustarla”, señaló.
La minería borra buena parte del rebote
Detrás del retroceso volvió a aparecer la principal industria del país. La producción de bienes disminuyó 3,2% anual, arrastrada fundamentalmente por la minería y particularmente por el cobre, donde confluyeron menores leyes del mineral, mantenciones y condiciones climáticas adversas. Lo llamativo es que ese mismo sector había estado entre los motores del crecimiento apenas un mes antes.
Pero julio tampoco permite explicar todo por los yacimientos. El Imacec no minero cayó 0,3% anual y 0,5% frente a junio, los servicios retrocedieron 0,7% y la industria sufrió por una menor elaboración de combustibles y productos químicos. El comercio logró crecer 0,7% en doce meses gracias principalmente al segmento minorista, aunque al descontar estacionalidad terminó 1,4% por debajo de junio.
La amplitud del deterioro importa porque la economía venía arrastrando debilidades anteriores. Julio llegó después de un segundo trimestre que cerró con una contracción interanual de 0,2% y una caída de 6,4% en la minería, mientras inversión, construcción y exportaciones tampoco habían conseguido entregar un impulso suficiente para consolidar la recuperación.
El exministro de Hacienda Mario Marcel puso precisamente el foco en esa trayectoria y cuestionó que el dato de junio permitiera hablar tan pronto de un cambio de ciclo. “Tenemos un Imacec muy negativo, negativo en todas las líneas, tanto en la comparación anual como en la mensual y desestacionalizada”, afirmó.
Su reparo apunta al corazón de la discusión. Un mes positivo puede marcar un cambio, pero también puede responder a una base de comparación favorable o a movimientos sectoriales que no logran sostenerse. Junio había recibido un impulso simultáneo de minería, servicios y comercio; julio mostró que ninguno de esos motores tiene todavía asegurada una trayectoria continua.
El “punto de inflexión” queda en suspenso
Quiroz no renunció a esa tesis. Después de conocerse el dato insistió en que el Gobierno observa una mejora en expectativas empresariales, proyectos aprobados ambientalmente y perspectivas de inversión, y pidió mirar la economía con una perspectiva más larga que la de un indicador mensual. La contradicción es que, mientras esas señales avanzan, la actividad efectiva todavía no consigue transformarlas en una tendencia sostenida de crecimiento.
Esa distancia entre expectativas y resultados será probablemente el principal examen del segundo semestre. El Ejecutivo apuesta a que los proyectos que comienzan a entrar al sistema se traduzcan en inversión y producción, mientras el sector privado mantiene una mirada más prudente para este año.
La presidenta de la CPC, Susana Jiménez, situó la expansión esperada en un rango inferior al que Hacienda sostenía hasta ahora: “Estamos proyectando un crecimiento relativamente bajo, entre 1% y 1,3%. Podría llegar a 1,5%”.
El problema es que el crecimiento ya no se discute solamente en los informes macroeconómicos. Chile llega a esta etapa con cerca de 981 mil personas desocupadas y ocho regiones con tasas de desempleo de dos dígitos. Si las mejores perspectivas de inversión no comienzan a transformarse en producción y puestos de trabajo, la distancia entre las expectativas empresariales y la percepción cotidiana de la economía seguirá siendo difícil de cerrar.
Julio tampoco significa que la economía haya entrado inevitablemente en una nueva fase de contracción. Parte de la caída estuvo asociada a factores climáticos y operacionales que pueden revertirse, especialmente en minería, y el propio comportamiento mensual del Imacec muestra variaciones importantes. Pero el resultado sí elimina buena parte de la comodidad que había dejado junio: 2026 acumula seis meses con caídas interanuales entre los siete conocidos hasta ahora, con el único avance registrado en junio.
El segundo semestre pasa a rendir examen
La discusión económica cambia entonces de lugar. Hacienda ya asumió que no podrá mantener intacta su proyección de 1,8%, pero insiste en que lo que viene será mejor que lo que muestran los números actuales. El mercado, en cambio, espera comprobar primero que las inversiones anunciadas sean capaces de atravesar la cadena completa: aprobación, ejecución, producción y finalmente empleo.
Ese será el verdadero punto de inflexión. No bastará con que agosto entregue otro Imacec positivo si septiembre vuelve a borrar el avance, ni con que aumenten las carteras de proyectos si ese movimiento permanece separado de la actividad real. Después de varios meses de señales cruzadas, la recuperación tendrá que comenzar a sostenerse en el tiempo para dejar de depender de un buen dato aislado.
Junio permitió al Gobierno mirar el segundo semestre con optimismo; julio le recordó cuán frágil sigue siendo esa apuesta. El peor Imacec en más de tres años no determina por sí solo el destino de 2026, pero sí obliga a recalcularlo: la discusión ya no es si Hacienda tendrá que bajar su proyección, sino cuánto deberá hacerlo y qué tan rápido podrá la inversión evitar que el crecimiento vuelva a quedarse corto.



