El remolcador eléctrico completó doce meses apoyando maniobras en Puerto Chacabuco. La experiencia consolida a Aysén como territorio pionero en electromovilidad marítima y abre nuevas oportunidades para modernizar la operación portuaria con menor impacto ambiental
El remolcador eléctrico Trapananda completó su primer año apoyando las maniobras de recalada y zarpe de embarcaciones en Puerto Chacabuco, consolidando una experiencia inédita de electromovilidad aplicada a las operaciones marítimas de la Región de Aysén.
Durante doce meses, la nave se integró al funcionamiento cotidiano de la bahía, asistiendo el ingreso, salida y desplazamiento seguro de embarcaciones. Su operación demuestra que la propulsión eléctrica puede responder a las exigencias de un terminal ubicado en una zona marcada por canales, fiordos y condiciones climáticas complejas.
La embarcación pertenece a SAAM Towage y forma parte de una alianza en la que participan la Empresa Nacional del Petróleo, ENAP, la Empresa Portuaria Chacabuco, Emporcha, y Copec Voltex. La experiencia combina operación marítima, infraestructura portuaria y suministro energético para avanzar hacia servicios con menor impacto ambiental.
Una alianza que llevó la electromovilidad al puerto
El proyecto se desarrolló mediante un contrato en el que ENAP actuó como mandante, mientras Emporcha entregó las condiciones técnicas, regulatorias y de infraestructura necesarias para recibir la nave. Copec Voltex participó en el desarrollo de la solución eléctrica y SAAM Towage asumió la propiedad y operación del remolcador.
De acuerdo con la información difundida por la empresa portuaria, Trapananda es el primer remolcador eléctrico que opera en Chile y Latinoamérica. Su sistema de propulsión evita emisiones directas provenientes de motores diésel durante la navegación y reduce el ruido submarino asociado a las maniobras portuarias.
El primer aniversario fue conmemorado durante una visita del nuevo directorio de Emporcha, integrado por su presidente, Eduardo Vera Wandersleben, la vicepresidenta Verónica Moya Escárate y el director Ignacio Guerrero Toro.
“Estamos muy contentos en el día de hoy, junto al directorio de Puerto Chacabuco, de realizar esta visita al remolcador eléctrico, que es un ejemplo único en Latinoamérica de eficiencia energética y sostenibilidad”, afirmó Ignacio Guerrero Toro.
El directivo sostuvo que la operación refleja el compromiso de la empresa portuaria con iniciativas capaces de combinar eficiencia, modernización y una relación más armónica con el entorno natural de Aysén.
Una experiencia pionera desde la Patagonia
La operación de Trapananda adquiere especial relevancia por desarrollarse en una región donde el transporte marítimo cumple un papel central en la conectividad, la actividad acuícola, la pesca y el abastecimiento de las comunidades.
La experiencia también se relaciona con las capacidades regionales vinculadas a la ingeniería naval y las embarcaciones eléctricas, que comienzan a proyectarse desde Puerto Aysén hacia nuevos mercados y actividades productivas.
El seremi de Energía de Aysén, Juan Luis Amenábar, destacó que la tecnología representa una señal sobre la evolución futura de la actividad portuaria y las oportunidades que puede generar para las empresas del territorio.
“La visita al remolcador eléctrico de última tecnología nos da una pista de lo que será el futuro. Esto le dará mayor competitividad al puerto de Chacabuco, a las empresas del sector y pymes de la región”, señaló.
La consolidación del proyecto podría ampliar la demanda por mantenimiento especializado, formación técnica, servicios eléctricos, ingeniería y soluciones adaptadas a las condiciones marítimas australes. Su aporte regional aumentará en la medida en que estas oportunidades se integren a los proveedores y encadenamientos productivos de Aysén.
El desafío de consolidar y ampliar la experiencia
El primer año permitió comprobar que una embarcación eléctrica puede incorporarse de manera estable a las operaciones de Puerto Chacabuco. La siguiente etapa será sistematizar sus resultados para identificar aprendizajes, mejoras técnicas y condiciones necesarias para extender este tipo de soluciones.
Indicadores como número de maniobras, disponibilidad, consumo de energía, tiempos de recarga y reducción de emisiones permitirán dimensionar con mayor precisión los beneficios alcanzados y orientar futuras inversiones en infraestructura portuaria eléctrica.
Esa información también será útil para evaluar la posibilidad de replicar el modelo en otros terminales del país. La expansión dependerá de factores como capacidad de suministro, infraestructura de carga, capacitación de trabajadores y características operativas de cada puerto.
Trapananda completó un año transformando la innovación tecnológica en una operación concreta desde la Patagonia. La experiencia posiciona a Aysén como un territorio capaz de incorporar soluciones de electromovilidad marítima y abre una oportunidad para que la modernización portuaria genere nuevas capacidades, servicios y empleos regionales.



