Chile concentra cerca de la mitad de las reservas mundiales de este metal crítico, usado en motores aeroespaciales, aviación, tratamientos médicos e hidrógeno verde, pero aún poco conocido fuera del mundo minero
Un mineral casi desconocido para la mayoría de los chilenos conecta hoy a la minería nacional con algunas de las tecnologías más avanzadas del mundo. Se trata del renio, un metal escaso, resistente a temperaturas extremas y clave para motores aeroespaciales, turbinas de aviones, tratamientos contra el cáncer y desarrollos asociados al hidrógeno verde.
Su relevancia volvió a quedar expuesta con Artemis II, misión que llevó astronautas alrededor de la Luna por primera vez en más de medio siglo. En los motores que hicieron posible ese viaje estuvo presente este mineral capaz de resistir temperaturas superiores a 3.000 grados Celsius sin deformarse ni derretirse, una condición que lo vuelve estratégico para industrias donde la falla de un material puede comprometer sistemas completos.
El dato tiene especial relevancia para Chile. Según antecedentes del United States Geological Survey consolidados por Cochilco, el país concentra cerca de la mitad de las reservas mundiales de renio, un recurso más difícil de encontrar que el oro y que durante años fue identificado en altas concentraciones incluso en meteoritos.
A diferencia del cobre, el hierro o el litio, el renio no se explota directamente. Aparece como subproducto del procesamiento de cobre y molibdeno, lo que convierte a Chile en una potencia global silenciosa: produce un mineral crítico para industrias avanzadas, pero casi sin que el país lo haya instalado como parte central de su conversación productiva.
Un metal invisible para tecnologías extremas
La principal fortaleza del renio está en su resistencia. Su punto de fusión llega a 3.180°C, muy por sobre temperaturas que destruyen a otros materiales. Por eso se utiliza en turbinas de aviones y cohetes, piezas sometidas a niveles extremos de calor y presión.
Para Miguel Herrera, director de Ingeniería Civil en Minería de la Universidad Adolfo Ibáñez e integrante de Compromiso Minero, esa condición explica por qué el renio tiene una relevancia mucho mayor que su bajo conocimiento público. “El renio es un metal invisible pero esencial para muchas de las tecnologías más avanzadas del mundo”, señaló, al advertir que aunque la mayoría de las personas nunca ha visto un objeto fabricado completamente con este mineral, buena parte de la aviación moderna y la industria aeroespacial dependen de él.
Pero su relevancia no termina en el espacio. Sus propiedades nucleares permiten aplicaciones médicas capaces de dirigir radiación hacia células cancerosas sin dañar tejidos sanos cercanos. También se utiliza en tratamientos para dolores óseos severos y enfermedades articulares crónicas.
En energía, el renio gana espacio por su aporte a equipos más resistentes y durables en procesos asociados al hidrógeno verde, industria donde Chile busca proyectarse como actor competitivo. Esa conexión refuerza el debate sobre minerales críticos, transición energética y nuevas capacidades industriales.
Chile produce casi sin buscarlo
La paradoja es que Chile ya tiene una posición dominante en un mineral estratégico, pero aún no captura plenamente su potencial. Como el renio se obtiene dentro de procesos existentes de cobre y molibdeno, la eficiencia tecnológica de esas operaciones determina cuánto puede recuperarse y con qué calidad.
Empresas como Molymet y Molyb, filial de Codelco, tienen un rol clave en ese mercado. Según los antecedentes disponibles, ambas controlan más del 70% del mercado mundial de este mineral, reforzando la posición de Chile en una cadena global de alto valor.
En enero de 2026, el país declaró al renio como mineral crítico dentro de la Estrategia Nacional de Minerales Críticos, reconocimiento que confirma su importancia para la seguridad tecnológica, energética e industrial.
Desde esa mirada, Guillermo Olivares, líder de proyectos mineros de Corporación Alta Ley, plantea que la posición chilena “representa una ventaja estratégica”. Pero el punto, advierte, no está solo en disponer del recurso, sino en avanzar hacia metalurgia avanzada, refinación de alta pureza, investigación aplicada e inteligencia de mercado para transformar esa ventaja en capacidades productivas reales.
Oportunidad para minería avanzada
La oportunidad también alcanza a los proveedores mineros. Como el renio aparece dentro de corrientes productivas asociadas al cobre y molibdeno, el valor futuro estará en medir mejor, recuperar mejor y refinar mejor, abriendo espacio para soluciones tecnológicas de mayor sofisticación.
En esa línea, Pablo Arenas, Industry Manager Mining de Endress+Hauser Chile, sostiene que “el desarrollo de proyectos asociados al renio genera oportunidades para proveedores capaces de aportar tecnología, automatización, servicios especializados y soluciones orientadas a la optimización de procesos”, especialmente porque permite a las operaciones capturar mayor valor desde corrientes que antes podían considerarse secundarias.
Ese desafío dialoga con el avance de proveedores locales que buscan reinventar la minería mediante digitalización, monitoreo, eficiencia operacional y servicios especializados para una industria que necesita más valor agregado.
El renio obliga a mirar la minería chilena desde otra perspectiva. No solo como una industria extractiva, sino como una plataforma para desarrollar conocimiento, especialización, encadenamientos tecnológicos y nuevos negocios asociados a materiales críticos.
El mineral chileno que une minería, espacio y salud muestra hasta dónde puede proyectarse un recurso que el país produce casi sin buscarlo. La pregunta ahora es si Chile será capaz de convertir esa ventaja silenciosa en una estrategia industrial real, capaz de conectar ciencia, proveedores, energía limpia, medicina y tecnologías de frontera.



