El canciller Francisco Pérez Mackenna afirmó que Chile puede transformarse en socio logístico de Argentina, aprovechando su salida al Pacífico, sus puertos y un ecosistema de proveedores mineros con presencia internacional
Chile quiere jugar un rol más activo en el nuevo mapa minero sudamericano. Así lo planteó el ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Pérez Mackenna, al destacar que la integración con Argentina puede abrir una ruta estratégica para llevar minerales críticos hacia los mercados del Asia-Pacífico, apoyándose en los puertos nacionales y en los corredores bioceánicos.
El mensaje apunta a una oportunidad concreta: buena parte del potencial minero argentino se ubica cerca de la cordillera, mientras que Chile ofrece una salida directa al Pacífico. En momentos en que la demanda global por cobre, litio y otros minerales críticos sigue creciendo, el Gobierno chileno busca posicionar al país como plataforma logística, productiva y de servicios para la minería trasandina.
“Chile ofrece el desarrollo minero que Argentina necesita. Tenemos salida al Pacífico, los puertos, y un proyecto de corredor bioceánico, el camino más corto entre nuestros minerales y los mercados del Asia, que son los mercados más dinámicos del planeta. Un ecosistema probado, más de 8 mil proveedores que ya exportan soluciones mineras a más de 90 países, listos para cruzar la frontera”, sostuvo Francisco Pérez Mackenna durante un encuentro minero internacional.
Una frontera que vuelve a mirar al Pacífico
La declaración del canciller llega cuando Argentina busca acelerar su desarrollo minero y atraer nuevas inversiones en provincias como San Juan, Catamarca, Salta y Mendoza, zonas donde el acceso a los puertos chilenos puede transformarse en una ventaja competitiva frente a las rutas tradicionales hacia el Atlántico.
El dato económico refuerza el interés. Durante 2025, las exportaciones mineras argentinas alcanzaron US$6.037 millones, con un crecimiento de 29,2% respecto del año anterior, impulsadas por oro, litio y nuevos proyectos vinculados a minerales críticos.
Para Chile, ese crecimiento representa algo más que movimiento de carga. También abre espacio para proveedores, servicios de ingeniería, energía, mantenimiento, tecnología, capital humano y soluciones logísticas. Es la misma discusión de fondo que cruza otros debates sobre infraestructura productiva en regiones, como el impulso al Puerto de Constitución y su rol en la conectividad del Maule, donde la pregunta ya no es solo qué se exporta, sino qué capacidades territoriales se construyen alrededor de cada proyecto.
Los puertos que entran en la ecuación
La apuesta chilena tiene una base territorial evidente. Los puertos del norte y centro del país aparecen como piezas clave para conectar el desarrollo minero argentino con Asia, aunque no todos cumplen el mismo rol ni tienen la misma cercanía con los distritos mineros trasandinos.
| Puerto / zona | Región | Rol en la integración minera |
|---|---|---|
| Antofagasta | Antofagasta | Nodo histórico para carga minera, con experiencia portuaria, ferroviaria y servicios industriales. |
| Mejillones | Antofagasta | Polo portuario e industrial clave para minería, energía, graneles e insumos de gran escala. |
| Iquique | Tarapacá | Plataforma logística del norte con potencial para carga, insumos y servicios mineros. |
| Coquimbo | Coquimbo | Alternativa relevante para conectar con San Juan y proyectos del centro-oeste argentino. |
| San Antonio | Valparaíso | Puerto de gran escala para comercio exterior y carga contenerizada, aunque menos cercano al norte minero argentino. |
En esa lectura, Antofagasta y Mejillones asoman como los nodos más naturales para una integración con el norte argentino, por cercanía, experiencia minera y base industrial. Coquimbo puede ganar protagonismo si avanzan rutas hacia San Juan, mientras que San Antonio aporta escala y conectividad global para otro tipo de cargas.
Más que transporte de minerales
La mirada del Gobierno chileno no se agota en mover minerales desde un punto a otro. Pérez Mackenna planteó que la integración también debe abrir oportunidades en energía y en industrias asociadas, especialmente en un ciclo donde los minerales críticos se han vuelto estratégicos para la transición energética, la electromovilidad y la seguridad económica de las principales potencias.
“Argentina y Chile tienen una tremenda oportunidad para integrarse en minería, también en energía. No perdamos la oportunidad de que este tremendo esfuerzo se traduzca también en crecimiento para otras industrias aledañas”, afirmó el secretario de Estado.
El punto es relevante para Chile. El país no solo cuenta con puertos y experiencia minera; también dispone de una red de proveedores que ya opera en mercados internacionales. Esa capacidad puede convertirse en una ventaja regional si logra articularse con la expansión minera argentina y con una agenda de infraestructura que facilite el tránsito hacia el Pacífico.
La oportunidad dialoga con otra dimensión de la industria: el valor estratégico de los minerales críticos. En esa línea, el desarrollo del renio como mineral chileno vinculado a minería, espacio y salud muestra que la competitividad minera ya no depende solo del volumen exportado, sino también de la capacidad de conectar recursos, tecnología, ciencia, proveedores y mercados globales.
Una oportunidad que depende de la ejecución
Chile y Argentina cuentan con un tratado de integración minera vigente desde hace 28 años, pero el nuevo escenario global vuelve a poner presión sobre la capacidad de ambos países para pasar de la cooperación formal a proyectos concretos.
La demanda proyectada por minerales críticos entrega una ventana de oportunidad. Según las estimaciones expuestas por el canciller, hacia 2040 la demanda de cobre crecería en torno a 30%, mientras que la de litio podría quintuplicarse. Ese escenario obliga a mirar la infraestructura, la logística y la energía como factores centrales de competitividad.
Pero esa ventaja no se activa sola. Chile necesita convertir sus puertos y corredores en una propuesta logística concreta para Argentina. Y Argentina requiere transformar su potencial minero en producción, exportaciones y proyectos sostenibles en el tiempo.
La discusión también toca la transformación interna de la industria, donde el cambio tecnológico, la gestión de datos y la cultura organizacional ya aparecen como factores decisivos, tal como se abordó en el análisis sobre el cambio cultural como brecha de la minería en la era digital.
La ventaja chilena está a la vista: Pacífico, puertos, proveedores y experiencia minera. El desafío es que esa combinación deje de ser solo una promesa geográfica y se convierta en una estrategia regional capaz de generar inversión, empleo y mayor protagonismo internacional para ambos países.



