En un contexto donde la digitalización financiera avanza con rapidez, Pablo Pereyra, experto en tecnologías bancarias y líder en soluciones de arquitectura digital, aborda los dilemas que enfrenta la banca chilena para equilibrar seguridad, usabilidad e inclusión.
Desde su experiencia, el Chief Revenue Officer de 2innovate, sostiene que el país ha logrado grandes avances en innovación, pero aún mantiene brechas estructurales que afectan la confianza y el acceso universal a los medios de pago.
Su mirada apunta a un cambio profundo: modernizar sin excluir, especialmente a los usuarios menos familiarizados con la tecnología. Para ello, plantea la necesidad de arquitecturas flexibles y seguras, que permitan transacciones simples, confiables y escalables.
En este sentido, su visión se apoya en la evolución del concepto de Frame Banking™, modelo que impulsa la eficiencia y la interoperabilidad dentro del ecosistema financiero.
Durante la conversación con Poderyliderazgo.cl, Pereyra analiza los errores más comunes de la transformación digital, los riesgos de las tecnologías obsoletas y la urgencia de marcos regulatorios adaptativos. “La innovación y el cumplimiento deben empujarse mutuamente; solo así Chile consolidará un sistema de pagos moderno y confiable”, subraya.
¿Por qué la eliminación definitiva de las tarjetas de coordenadas ha sido tan difícil de implementar en Chile?
La dificultad radica en que, aunque obsoletas, las tarjetas de coordenadas siguen siendo el único mecanismo que muchos usuarios entienden y perciben como seguro. Funcionan como un “puente mínimo” que garantiza que quienes no dominan la tecnología o no acceden a soluciones más modernas puedan transaccionar. Eliminarlas sin un reemplazo comprensible y accesible dejaría a parte de la población fuera del sistema financiero.
El verdadero desafío no está en suprimir un método, sino en asegurar que todos los chilenos puedan operar en distintos rieles de pago, desde los más tradicionales hasta los más modernos. Para lograrlo, las instituciones deben diseñar arquitecturas inclusivas que permitan a cada usuario transaccionar en igualdad de condiciones, sin importar su edad, nivel digital o lugar de residencia.
¿Qué revela esta postergación sobre el verdadero nivel de madurez digital del sistema bancario chileno?
La postergación refleja que la madurez digital del sistema bancario chileno es todavía desigual. Por un lado, tenemos cifras impresionantes en términos de transacciones digitales, bancarización y aceptación masiva de pagos, lo que posiciona al país como un referente regional. Pero al mismo tiempo, subsisten brechas estructurales: la falta de soluciones inclusivas y el rezago en la adopción de herramientas universales muestran que la transformación no ha sido homogénea ni plenamente accesible para todos los segmentos de la población.
Esto evidencia que la digitalización bancaria no puede medirse solo por la cantidad de operaciones electrónicas, sino por la capacidad del ecosistema de ofrecer experiencias transaccionales fluidas y seguras para cualquier usuario. La verdadera madurez llegará cuando el sistema logre combinar eficiencia y escalabilidad con inclusión.
¿Qué errores crees que se han cometido al abordar la transformación digital solo desde lo estético o superficial?
Uno de los grandes errores ha sido pensar que la transformación digital consiste únicamente en diseñar aplicaciones más atractivas o en agregar nuevas funcionalidades visibles para el cliente. Durante años se puso el foco en la superficie, en la “capa de pintura” de la experiencia, cuando lo que realmente determina la competitividad es lo que ocurre detrás de la pantalla: la capacidad de procesar transacciones con rapidez, seguridad y sin fricciones.
La verdadera transformación ocurre cuando las instituciones colocan la transacción en el centro de la experiencia y se apoyan en arquitecturas que les permitan innovar de manera continua. Ese es el cambio que impulsa Frame Banking™, porque habilita nuevos modelos de negocio, permite a los bancos integrarse en ecosistemas de pagos en semanas y maximiza la eficiencia al converger múltiples rieles bajo una sola plataforma.
¿Qué riesgos implica seguir utilizando tecnologías de autenticación obsoletas en un contexto de fraudes sofisticados?
El principal riesgo es que las tecnologías obsoletas generan una falsa sensación de seguridad. En el caso de las tarjetas de coordenadas, por ejemplo, los usuarios sienten que tienen un mecanismo confiable porque lo conocen y lo entienden, pero en la práctica son altamente vulnerables frente a esquemas de fraude cada vez más sofisticados. Esto no solo expone a los clientes, también erosiona la confianza en el sistema financiero cuando ocurren brechas o incidentes.
Además, mantener tecnologías desfasadas limita la capacidad de las instituciones para innovar y cumplir con estándares internacionales de seguridad. Seguir apoyándose en métodos antiguos significa cargar con una deuda tecnológica que puede salir muy costosa en términos de reputación y competitividad.
¿Cómo se equilibra la necesidad de seguridad con la experiencia de usuario en el contexto actual?
Por años, la seguridad fue vista como una barrera fortificada con más pasos y fricciones. La lógica era “cuanto más complejo, más seguro”, pero esa visión terminó alejando al cliente y debilitando la experiencia. Hoy la pregunta cambió: ¿cómo hacemos que la seguridad sea invisible, tan fluida que el usuario casi no la perciba?
Ahí entra en juego la innovación. Con arquitecturas modernas como Frame Banking™, que operan bajo estándares globales como BIAN y se apoyan en un ecosistema de partners, las instituciones pueden integrar soluciones de seguridad avanzadas sin sacrificar la simplicidad. La seguridad deja de sentirse como una traba y se convierte en parte natural de la experiencia.
¿Cuáles son los principales desafíos regulatorios para mantener la confianza en los medios de pago digitales?
La confianza es el activo más valioso en los medios de pago y depende en gran medida de la regulación. El desafío en Chile, como en toda la región, es que las normas avancen al mismo ritmo que la innovación. Muchas veces los usuarios adoptan antes que los marcos regulatorios, y ahí aparece un espacio de vulnerabilidad que puede afectar la credibilidad del sistema.
A esto se suma un fenómeno creciente, la expansión de modelos no regulados y el aumento de fraudes, que obliga a los reguladores a actuar con rapidez y consistencia. El reto es proteger al consumidor y al sistema financiero sin frenar la innovación.
¿Qué tipo de enfoque regulatorio se necesita para abordar la proliferación de modelos no regulados y fraudes emergentes?
Debe ser un enfoque mixto que integre seguridad e innovación. Una regulación efectiva debe proteger al usuario frente a fraudes y modelos no regulados, pero también abrir espacio para que la banca siga desarrollando nuevos servicios digitales. Si solo se endurecen los controles, el sistema se vuelve rígido; si solo se impulsa la innovación, se pierde confianza. El equilibrio es lo que garantiza crecimiento sostenible.
La tecnología ya permite ese balance. Con plataformas como Frame Banking™, las instituciones no tienen que elegir entre cumplir o innovar, pueden hacer ambas cosas al mismo tiempo. “La innovación y el cumplimiento empiezan a empujarse mutuamente”, y ese es el escenario donde Chile puede consolidar un ecosistema de pagos moderno y confiable.


