El Gobierno abrió una hoja de ruta para normalizar los vínculos con Caracas, comenzando por los servicios consulares. El anuncio coincide con la presión del embajador Brandon Judd y cuestionamientos internos por la estrategia frente a Washington
El Presidente de la República, José Antonio Kast, anunció el restablecimiento de las relaciones consulares entre Chile y Venezuela, como primera etapa de un proceso que busca normalizar progresivamente los vínculos bilaterales interrumpidos durante los últimos dos años.
Acompañado por el ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Pérez Mackenna, el Mandatario destacó el trabajo realizado por Cancillería y valoró la disposición del Gobierno venezolano, encabezado interinamente por Delcy Rodríguez, para avanzar en una hoja de ruta conjunta. Rodríguez ejerce como presidenta encargada de Venezuela desde enero de 2026.
“A partir de hoy, Chile y Venezuela comienzan una nueva etapa, que nos va a permitir avanzar en tremendos desafíos que tenemos como países en un mismo continente”, afirmó Kast desde el Patio de Los Naranjos del Palacio de La Moneda.
El Presidente mencionó entre las prioridades la seguridad, la migración y el desarrollo económico, materias que requieren cooperación directa entre ambos Estados y que no podían ser abordadas adecuadamente mientras se mantuvieran cerrados los canales institucionales.
Un primer paso, no relaciones diplomáticas plenas
La declaración conjunta establece que Chile y Venezuela iniciarán una normalización progresiva y que la primera medida será reactivar las relaciones consulares. El propósito inmediato es recuperar la protección y los servicios destinados a los ciudadanos de ambos países.
El acuerdo no implica todavía el restablecimiento completo de las relaciones diplomáticas, ni contempla de manera inmediata el intercambio de embajadores. Los gobiernos definieron la reapertura consular como un paso inicial hacia una eventual reanudación plena de los vínculos bilaterales.
“Quiero agradecerle a nuestro ministro de Relaciones Exteriores y a todo el equipo de la Cancillería que, de una manera seria y metódica, han logrado este acuerdo trascendente que nos permite avanzar paso a paso”, señaló Kast.
La declaración no entrega fechas para la reapertura material de las oficinas, la designación de funcionarios o la reanudación de cada trámite. Esos antecedentes serán determinantes para saber cuándo podrán volver a realizarse gestiones documentales, inscripciones civiles, poderes, asistencia humanitaria y protección de connacionales.
El quiebre que dejó los consulados cerrados
El deterioro de la relación comenzó después de las elecciones presidenciales venezolanas de julio de 2024. La exigencia chilena de transparentar los resultados provocó una respuesta de Caracas, que ordenó la salida del personal diplomático de Chile y de otros países de la región.
En enero de 2025, Chile puso término a la misión de su embajador Jaime Gazmuri, argumentando que la expulsión de los diplomáticos y la falta de disposición venezolana impedían mantener un diálogo bilateral efectivo.
Pocas semanas después, Venezuela exigió el cese de las actividades de los consulados chilenos en Caracas y Puerto Ordaz. Las oficinas quedaron cerradas y sin atención al público, afectando tanto a los chilenos residentes en Venezuela como a los ciudadanos venezolanos que necesitaban realizar trámites relacionados con Chile.
El acuerdo anunciado por Kast comienza a revertir esa situación, pero su resultado dependerá de la rapidez con que ambos gobiernos traduzcan la declaración política en oficinas, personal, procedimientos y servicios disponibles.
Cancillería avanza con Venezuela bajo presión de Washington
El anuncio ocurre mientras Francisco Pérez Mackenna enfrenta una controversia distinta con Estados Unidos. El embajador estadounidense en Chile, Brandon Judd, criticó a los ministros Jaime Campos y Fernando Barros por cuestionar la sobretasa arancelaria de 12,5% aplicada a parte de las exportaciones chilenas. Judd sostuvo que “no habrá un acuerdo” si autoridades ajenas a la negociación continúan interviniendo públicamente. El canciller evitó confrontarlo y afirmó que su cartera seguiría trabajando “con la cabeza fría” para conseguir nuevas exenciones.
Un día antes de las declaraciones más duras del embajador, la presidenta del Senado, Paulina Núñez, había llamado al Ejecutivo a ordenar sus mensajes. “Aquí no estamos para opiniones personales. Aquí estamos para tener una sola voz del Gobierno”, afirmó. Sus palabras no fueron una respuesta directa a Judd, pero anticiparon el problema de coordinación que quedó expuesto durante la negociación chilena para ampliar las exenciones arancelarias.
Los dos episodios no están relacionados causalmente. La reapertura consular con Venezuela responde a una negociación bilateral propia, mientras la controversia con Washington se origina en los nuevos aranceles. Sin embargo, ambos procesos ponen bajo observación la capacidad de Cancillería para conducir simultáneamente relaciones complejas y mantener una posición coherente dentro del Gobierno.
Migración entra en la hoja de ruta
La recuperación del canal consular puede tener efectos directos en la política migratoria. La ausencia de una contraparte venezolana dificultaba verificar identidades, emitir documentos de viaje y coordinar retornos de ciudadanos sujetos a medidas de expulsión.
El propio Ejecutivo había reconocido ante el Congreso que la falta de relaciones con determinados países limitaba la ejecución de las más de 46 mil expulsiones pendientes, debido a las restricciones jurídicas, documentales y operativas que enfrenta cada procedimiento.
En el caso de Venezuela, el Senado también había advertido que cerca de seis mil decretos correspondientes a ciudadanos de ese país permanecían sin ejecutar. La ausencia de cooperación de Caracas era uno de los principales obstáculos identificados durante la discusión del Plan Escudo Fronterizo.
La reapertura de los servicios puede facilitar esa coordinación, pero no significa que las expulsiones se reanudarán automáticamente. Ambos gobiernos deberán definir protocolos, requisitos de identificación, condiciones para los traslados y mecanismos de recepción.
El vínculo consular tampoco puede reducirse únicamente a la política de expulsiones. Su función principal será atender a las personas que requieren renovar documentos, registrar nacimientos, realizar trámites civiles, recibir asistencia o resolver situaciones familiares y humanitarias.
Una señal pragmática con resultados todavía pendientes
El acercamiento con Caracas muestra una decisión pragmática del Gobierno de Kast. Pese a las diferencias políticas con las autoridades venezolanas, La Moneda optó por recuperar un canal institucional necesario para abordar problemas que afectan directamente a los ciudadanos de ambos países.
También representa un respaldo público al canciller Pérez Mackenna, cuya conducción había sido cuestionada durante la disputa arancelaria con Estados Unidos. Kast destacó expresamente el método y la seriedad de Cancillería pocas horas después de que el embajador Judd elevara el tono contra integrantes del gabinete.
Sin embargo, el anuncio todavía debe superar su etapa declarativa. El Gobierno deberá informar cuándo reabrirán los consulados, qué servicios prestarán, quiénes estarán a cargo y cómo se coordinarán los asuntos migratorios y de seguridad.
Chile y Venezuela iniciaron una nueva etapa, pero las relaciones diplomáticas plenas continúan suspendidas. El avance podrá medirse cuando la hoja de ruta se traduzca en servicios efectivos, cooperación institucional y soluciones concretas para quienes han enfrentado durante dos años las consecuencias del quiebre bilateral.



