Defensa anunció que puso en marcha una nueva etapa de renovación militar que incluye cazas, helicópteros, transporte estratégico, blindados, vigilancia marítima e infraestructura austral, con un presupuesto 2026 para capacidades estratégicas cercano al doble de lo ejecutado el año pasado
Chile comienza a mover varias piezas al mismo tiempo en materia de Defensa. Desde Punta Arenas, el ministro Fernando Barros anunció una nueva etapa de modernización de las Fuerzas Armadas que involucra a la Fuerza Aérea, la Armada y el Ejército, con especial atención en Magallanes y la proyección hacia la Antártica.
El anuncio incluye procesos que durante años habían permanecido en el horizonte de renovación. Entre ellos aparece el reemplazo de los F-5, que cumplen medio siglo de servicio, pero también la futura sustitución de los C-130 Hércules, nuevos helicópteros, patrullaje marítimo de largo alcance, modernización de blindados y nuevas capacidades tecnológicas para operaciones terrestres.
El movimiento coincide con una mayor atención sobre el valor estratégico del Estrecho de Magallanes, una zona donde el Gobierno busca aumentar presencia, capacidad logística y autonomía operacional.
“La Defensa no se improvisa. Se planifica, se prepara y se construye con visión de Estado. Las capacidades militares que Chile necesitará en diez, quince o veinte años requieren decisiones que debemos comenzar a adoptar hoy”, sostuvo Barros durante la presentación realizada en la Base Aérea Chabunco.
El recambio comienza por algunas de las plataformas más antiguas
El caso más visible es el de los F-5. Los aviones llegaron a Chile en 1976 y hoy continúan operando desde Punta Arenas, pero Defensa ya comprometió recursos para iniciar los estudios destinados a encontrar su reemplazo.
Por ahora no existe un modelo seleccionado ni una compra definida. La Fuerza Aérea deberá evaluar alternativas técnicas, costos, operación y soporte antes de avanzar hacia una decisión, mientras los actuales cazas seguirán cumpliendo funciones durante la transición.
El proceso será más amplio que el recambio de los F-5. El Gobierno también anunció el inicio de la planificación para sustituir la capacidad de transporte estratégico que hoy entregan los C-130 Hércules, mientras el reemplazo de los helicópteros Bell UH-1H ya cuenta con financiamiento y se encuentra en una etapa más avanzada.
En paralelo, la Armada incorporará durante 2027 nuevas capacidades de patrullaje aéreo de largo alcance, mientras el Ejército continuará con la modernización de los Leopard 1 desplegados en Magallanes y comenzará a estudiar nuevas herramientas para fortalecer sus operaciones en la zona austral.
Ahí aparecen también sistemas no tripulados, guerra electrónica, comunicaciones seguras y nuevas capacidades de observación, una señal de que la renovación no se limita a cambiar vehículos o aeronaves que llegaron al final de su vida útil, sino que busca incorporar tecnologías que hace décadas ni siquiera formaban parte de la planificación militar.
Más recursos para una renovación que empieza a acelerarse
El giro también comienza a reflejarse en las cifras. Durante 2025, el Fondo Plurianual para las Capacidades Estratégicas de la Defensa ejecutó US$248,9 millones, luego de cerrar el año con un presupuesto vigente cercano a US$249,1 millones. Para 2026, el programa parte con US$490,3 millones, prácticamente el doble de lo efectivamente ejecutado el ejercicio anterior.
El dato coincide con lo planteado por Barros, quien aseguró que durante este año la inversión destinada a capacidades estratégicas será “cercana al doble” de la registrada en 2025. No se trata de una duplicación de todo el presupuesto de Defensa, sino de los recursos asociados a proyectos de renovación y desarrollo militar.
El contraste ayuda a dimensionar el cambio. Chile destinó cerca de US$5.300 millones a gasto militar total durante 2025, según SIPRI, una cifra que incluye personal, operación, mantenimiento, adquisiciones e infraestructura. Dentro de ese universo mayor, el Gobierno busca ahora acelerar la parte destinada a renovar capacidades que deberán mantenerse operativas durante los próximos años.
Magallanes pasa al centro de la planificación
Buena parte de las decisiones anunciadas tiene un mismo punto geográfico, ya que Defensa quiere mejorar infraestructura naval en Punta Arenas, aumentar la presencia militar permanente en Magallanes y fortalecer las condiciones para operar hacia la Antártica. Entre los proyectos mencionados aparece la mejora de la pista Teniente Marsh, además de inversiones en la Base Presidente Eduardo Frei Montalva y el muelle de Bahía Fildes.
La intención es extender la temporada de vuelos, mejorar la logística y reforzar la vigilancia aérea y marítima en el extremo sur, donde convergen las operaciones del Estrecho, los mares australes y la proyección antártica chilena.
La reciente controversia con Argentina en torno al Estrecho de Magallanes volvió a poner la zona en el centro de la discusión pública, aunque el Gobierno no presentó este plan como una respuesta puntual al país vecino.
Barros ya había participado a comienzos de septiembre en un despliegue de la Armada por el Estrecho, donde Defensa puso énfasis en la importancia del denominado Teatro de Operaciones Austral y en la necesidad de coordinar medios navales, aéreos y terrestres en una zona particularmente compleja.
Lo que hasta ahora aparecía disperso en distintos programas comienza así a ordenarse bajo una misma lógica. El reemplazo de los F-5 será probablemente la imagen más visible del proceso, pero detrás vienen helicópteros, transporte aéreo, blindados, vigilancia marítima, nuevas tecnologías e infraestructura.
La modernización recién comienza y varios de los proyectos todavía deberán pasar por estudios, decisiones presupuestarias y procesos de adquisición. La señal del Gobierno, sin embargo, ya está definida: Magallanes y la Antártica ganan peso dentro de una renovación militar que busca preparar a las Fuerzas Armadas para la próxima década.



