Empresas vitivinícolas y productivas fueron reconocidas por medir su Huella de Agua bajo el APL Certificado Azul, un paso clave para transformar la gestión hídrica en ventaja competitiva, sostenibilidad territorial y adaptación frente a la escasez del recurso
La Región de O’Higgins concentró la mayor parte de las instalaciones reconocidas en la sexta certificación del Acuerdo de Producción Limpia Certificado Azul, instancia donde 19 empresas obtuvieron la distinción Nivel 1, que acredita la medición de su Huella de Agua bajo una metodología basada en la norma ISO 14.046.
El reconocimiento cobra especial relevancia para una zona donde la actividad vitivinícola convive con los efectos de la escasez hídrica, mayores exigencias ambientales y la necesidad de fortalecer una gestión sostenible del agua que permita proyectar la continuidad de los sectores productivos sin perder de vista la relación con los territorios.
Certificado Azul: medir para gestionar mejor
La distinción Nivel 1 reconoce a empresas que cuantificaron su Huella de Agua, establecieron una línea base e identificaron puntos críticos en sus procesos. Este paso permite contar con información técnica para orientar decisiones internas, priorizar mejoras operacionales y avanzar hacia una gestión hídrica empresarial basada en evidencia, no solo en compromisos declarativos.
La directora ejecutiva de la Agencia de Sustentabilidad y Cambio Climático, Ximena Ruz, valoró el avance de las empresas certificadas y sostuvo que el instrumento permite pasar desde la preocupación ambiental hacia decisiones concretas de gestión.
“Hoy la crisis hídrica exige transformar una preocupación en acciones concretas. Por eso es tan relevante reconocer a las empresas que, a través del APL Certificado Azul, decidieron actuar, anticiparse y ser parte de la solución. No se trata solo de medir la Huella de Agua o reducir consumos, sino de incorporar una nueva forma de gestionar este recurso como un elemento estratégico para la continuidad de sus negocios y su relación con los territorios”.
La frase instala el sentido estratégico del proceso: la Huella de Agua no aparece solo como una medición ambiental, sino como una herramienta para anticipar riesgos, ordenar decisiones internas y fortalecer la continuidad operacional de las empresas en territorios expuestos a la presión hídrica.
O’Higgins concentra protagonismo vitivinícola
En la Región de O’Higgins fueron certificadas las instalaciones de Agrícola Gardner, Cristóbal Ricardo Allendes Palma, Domaines Bournet-Lapostolle Chile, María Carolina Cabello Cabello, Viña Montes, Sociedad Agrícola Los Maquis, Sociedad Allendes y Cofré, Tito Carmen Muñoz Morales, Osvaldo René Díaz Poblete, Viña Caliterra, Viña Isla de Yaquil, Viña Luis Felipe Edwards, Viña Los Vascos, Viña Santa Cruz, Viña Siegel y Viña Siete Wines Manuel Godoy.
La fuerte presencia de viñas regionales refuerza una señal relevante para el valle de Colchagua y la industria vitivinícola: la sostenibilidad hídrica dejó de ser un atributo reputacional y comenzó a instalarse como una condición de competitividad productiva, especialmente en rubros donde el agua es clave para sostener calidad, continuidad operacional y vínculo territorial.
Desde la Asociación de Viñas de Colchagua, su gerente general, Nataly González, destacó el avance de las viñas certificadas y llamó a que más actores del sector vitivinícola incorporen la medición de la Huella de Agua como parte de sus prácticas de sostenibilidad.
“Estamos muy contentos porque varias de nuestras viñas obtuvieron la certificación y siguen trabajando para avanzar al nivel 2, e idealmente al nivel 3. Invitamos al resto de las viñas del sector vitivinícola a que vean la importancia de seguir trabajando por la medición de la Huella del Agua y por la sustentabilidad”.
El mensaje de la Asociación de Viñas de Colchagua apunta a un desafío sectorial: pasar desde experiencias individuales hacia una agenda compartida de sustentabilidad, donde la medición permita comparar avances, proyectar nuevas etapas y fortalecer la gestión del recurso hídrico en la industria del vino.
Empresas avanzan hacia reducción y mayor eficiencia
Hasta la fecha, 115 empresas y 170 instalaciones se han adherido al APL Certificado Azul, representando a sectores como agroindustria, minería, industria láctea, manufactura y servicios financieros, entre otros. De ellas, 54 empresas y 62 instalaciones han logrado la certificación de Nivel 1, consolidando una base creciente de organizaciones que comienzan a gestionar el agua con indicadores verificables y criterios técnicos comparables.
El avance no se limita a la medición. Según los antecedentes entregados, tres empresas, correspondientes a cuatro instalaciones, alcanzaron el Nivel 2 de reducción, logrando disminuir su consumo en 486.400 m³ de agua mediante inversiones superiores a $428 millones. Esa cifra muestra que la gestión hídrica puede traducirse en resultados operacionales concretos y en una ruta progresiva hacia mayor eficiencia productiva.
En la Región Metropolitana, en tanto, recibieron la certificación las instalaciones de Industrial Ochagavía-Ariztía, Soprole y Weir Minerales Chile, ampliando el alcance del instrumento hacia sectores productivos distintos al vitivinícola y reforzando el carácter transversal de la gestión responsable del agua en empresas de diversos tamaños y rubros.
Capacidades técnicas para una crisis que exige decisiones
La jefa del Departamento de Adaptación de la División de Cambio Climático del Ministerio del Medio Ambiente, Maritza Jadrijevic, subrayó que el Certificado Azul entrega una herramienta concreta para enfrentar la crisis climática y mejorar la forma en que empresas e instituciones gestionan el recurso hídrico.
“El Certificado Azul es una herramienta estratégica para enfrentar la crisis climática que estamos viviendo, la cual nos muestra que Chile se está secando. Por lo tanto, tenemos que cuidar el agua y ser capaces de gestionarla de manera adecuada, sabiendo que se nos van a intensificar las sequías, que vamos a seguir creciendo demográficamente y que hay sectores productivos que requieren más agua para un mayor desarrollo”.
La advertencia refuerza que la gestión hídrica ya no puede entenderse como una materia secundaria dentro de las políticas de sostenibilidad. En un país expuesto a sequías más intensas, mayor demanda productiva y presión sobre las cuencas, medir el agua permite construir decisiones con mayor respaldo técnico y responsabilidad territorial.
En el marco de la implementación del APL, también se han fortalecido competencias técnicas a través de un curso desarrollado junto a Pacto Global y dos programas de Corfo, incluyendo un diplomado en gestión del agua. Estas iniciativas han permitido capacitar a 300 personas, ampliando capacidades en gestión hídrica corporativa y adaptación climática.
A ello se suma el desarrollo de la norma NCh 3852, orientada a la verificación de Huella de Agua para Acuerdos de Producción Limpia y otros instrumentos de gestión hídrica. El APL también ha impulsado la formación de verificadores y ha apoyado la gestión de la Dirección General de Aguas en reportabilidad de derechos y monitoreo de extracciones efectivas.
Una alianza público-privada por el agua
El Certificado Azul forma parte del proyecto SuizAgua, bajo el Programa Latinoamericano “El Agua nos Une”, impulsado por la Agencia de Sustentabilidad y Cambio Climático junto a Fundación Chile. La iniciativa cuenta además con el apoyo del Ministerio del Medio Ambiente, la Superintendencia del Medio Ambiente, la Dirección General de Aguas, Indap, Corfo, ProChile, la Comisión Nacional de Riego, Sofofa, la Sociedad Nacional de Agricultura, la Sociedad Nacional de Minería y Chilealimentos.
La certificación de empresas de O’Higgins y la Región Metropolitana instala una señal relevante para el mundo productivo: medir el agua ya no es solo una práctica ambiental, sino una herramienta de gestión, planificación y competitividad.
Para territorios agrícolas, vitivinícolas e industriales, avanzar en Huella de Agua permite anticipar riesgos, ordenar inversiones y construir una relación más responsable con comunidades que también enfrentan los efectos de la escasez.



