De cara al cambio de gobierno en marzo, el gremio del sector advierte que sin continuidad institucional la transformación digital seguirá fragmentada, y plantea que calidad de datos, ciber resiliencia y capital humano deben convertirse en prioridades estratégicas del próximo ciclo político y de la modernización del Estado
A semanas del cambio de gobierno previsto para marzo, la Asociación Chilena de Empresas de Tecnologías de Información (ACTI A.G.) volvió a instalar una definición de fondo en la agenda pública: la transformación digital requiere una política de Estado y no solo una suma de iniciativas de cada administración. El gremio plantea que la continuidad institucional y la visión de largo plazo serán claves para que la digitalización tenga impacto real en productividad, servicios públicos y desarrollo económico.
La organización identifica tres prioridades estratégicas para el próximo ciclo político: calidad de los datos, ciber resiliencia y capital humano avanzado. La advertencia es directa: sin esos pilares, la adopción tecnológica seguirá avanzando de manera fragmentada, con resultados desiguales entre sectores y territorios.
“Chile necesita una agenda digital que trascienda los ciclos electorales y se sostenga sobre datos confiables, instituciones coordinadas y talento preparado. Sin esos pilares, la transformación digital pierde impacto y se fragmenta”, afirmó la gerenta general de ACTI, Luz María García.
De iniciativas dispersas a una política sostenida
Desde el gremio sostienen que el país enfrenta una oportunidad en este nuevo ciclo político para pasar de esfuerzos aislados a una estrategia digital coherente y sostenida en el tiempo. En ese marco, la calidad y gobernanza de los datos aparece como un punto crítico: sin información confiable e interoperable, la modernización del Estado y la mejora de servicios públicos quedan limitadas.
ACTI plantea que esta base es también condición para una adopción responsable de nuevas tecnologías, incluida la inteligencia artificial, cuyo despliegue depende tanto de capacidades técnicas como de marcos institucionales claros. La discusión, por tanto, no es solo tecnológica, sino también de diseño de política pública y coordinación entre organismos.
Ciber resiliencia: un cambio de enfoque
Otro eje central es la seguridad digital. La asociación advierte que Chile debe evolucionar desde un enfoque predominantemente reactivo hacia capacidades reales de prevención, respuesta y recuperación frente a incidentes, especialmente en infraestructuras críticas y sectores estratégicos.
Aquí, el punto no es solo técnico. La ciber resiliencia se convierte en un requisito para la continuidad de servicios, la confianza en el Estado y la estabilidad de actividades económicas clave. En un escenario de mayor digitalización, los riesgos ya no son excepcionales, sino parte estructural del funcionamiento del sistema.
Capital humano y brechas de implementación
En paralelo, ACTI subraya que el próximo gobierno deberá acelerar políticas de formación, reconversión y atracción de talento digital, combinando habilidades tecnológicas avanzadas con competencias transversales. El diagnóstico conecta con un problema más amplio: la automatización y los cambios en el mercado laboral avanzan más rápido que la adaptación de los sistemas de formación.
La consecuencia es conocida: sin capital humano suficiente, la inversión en tecnología pierde efectividad y se amplían las brechas entre sectores que pueden adoptar innovación y aquellos que quedan rezagados.
Lo que deja el ciclo y lo que viene
Durante los últimos años, ACTI ha impulsado mesas técnicas en interoperabilidad, ciberseguridad, talento, inteligencia artificial y pymes, además de alianzas con el sector público, la academia y organismos internacionales. Ese trabajo, según el gremio, se pone hoy a disposición del próximo gobierno como insumo para una estrategia de país de largo plazo.
“Estamos frente a una oportunidad decisiva para consolidar una agenda digital que perdure más allá de una administración de gobierno. Desde ACTI queremos aportar evidencia, conocimiento técnico y experiencia comparada para que la tecnología sea un habilitador efectivo del desarrollo económico y social”, concluyó Luz María García.
El punto de fondo que queda abierto es político y estratégico: si el próximo gobierno optará por una agenda digital de Estado o si la transformación tecnológica seguirá dependiendo de impulsos parciales, con avances desiguales y resultados difíciles de sostener en el tiempo.



