Académica advierte que el uso indiscriminado de inteligencia artificial en aulas podría debilitar habilidades cognitivas clave, y plantea la urgencia de redefinir estrategias pedagógicas y regulación en el sistema educativo chileno
El avance de la inteligencia artificial en el sistema educativo abrió un debate que va más allá de su eficiencia: su impacto en la forma en que los estudiantes piensan. Especialistas advierten que el uso creciente de herramientas de IA está modificando los procesos de aprendizaje y construcción de conocimiento y podría afectar directamente habilidades como el análisis, la creatividad y la resolución de problemas.
El fenómeno instala una tensión de fondo en el sistema educativo: cómo integrar tecnología sin debilitar capacidades esenciales. En ese marco, la discusión ya no se centra solo en el acceso a la IA, sino en su uso pedagógico y sus efectos cognitivos y en la necesidad de equilibrar innovación con formación intelectual autónoma.
Menor esfuerzo cognitivo y pérdida de habilidades
Desde la Universidad de O’Higgins, la académica Carolina Leppe advierte que diversas investigaciones coinciden en un patrón: los estudiantes que delegan tareas en la IA activan menos procesos cognitivos complejos y tienden a reducir su capacidad de análisis y argumentación.
La especialista explica que este fenómeno responde al desuso intelectual. Delegar completamente el desarrollo de trabajos implica una menor exigencia mental sostenida. En ese contexto, la externalización del pensamiento inhibe el desarrollo de habilidades creativas y refuerza una dependencia que limita el aprendizaje profundo.
El rol docente entra en redefinición
El impacto de la IA no solo afecta a estudiantes, sino que redefine el rol del docente. Según Leppe, la brecha entre lo que el estudiante sabe y lo que entrega como resultado se está ampliando y obliga a replantear estrategias pedagógicas centradas en el desarrollo del pensamiento propio.
En ese escenario, el aula requiere una mediación activa. La clave no está en prohibir la tecnología, sino en regular su uso. Por ello, los procesos de aprendizaje deben incorporar instancias de validación y análisis de la información generada por IA y garantizar que el estudiante participe activamente en la construcción del conocimiento.
Criterio y ética: el nuevo eje formativo
El debate incorpora un componente formativo más profundo: el desarrollo del criterio. Para la académica, la educación debe priorizar el proceso de aprendizaje por sobre el resultado inmediato y fortalecer la capacidad de los estudiantes para pensar de forma autónoma.
Además, el uso de IA introduce desafíos éticos. No se trata solo de eficiencia, sino de responsabilidad en su aplicación. En esa línea, es necesario formar estudiantes conscientes del impacto de estas herramientas y capaces de utilizarlas con criterio, responsabilidad y sentido humano.
Un sistema educativo sin lineamientos claros
Actualmente, la incorporación de IA en educación avanza sin una estrategia común. Existen instituciones que limitan su uso, otras que lo prohíben y algunas que lo integran progresivamente. Este escenario evidencia que el sistema educativo chileno enfrenta una transición sin criterios articulados y carece de lineamientos claros para regular el uso de inteligencia artificial.
El problema es estructural: la tecnología avanza más rápido que la adaptación educativa. En ese contexto, se vuelve urgente definir políticas que orienten su uso pedagógico y evitar que la IA reemplace procesos clave del pensamiento crítico.
El desafío de educar en la era de la IA
La inteligencia artificial llegó para quedarse en el sistema educativo. Su potencial es alto, pero también lo son sus riesgos. La evidencia muestra que su uso sin mediación puede afectar habilidades esenciales para el desarrollo académico y profesional.
El desafío no es frenar la tecnología, sino integrarla correctamente. Porque en un entorno de transformación acelerada, preservar el pensamiento crítico será clave para formar estudiantes capaces de tomar decisiones autónomas y evitar que la inteligencia artificial sustituya —en lugar de potenciar— la capacidad humana de pensar.



