El informe Global Cybersecurity Outlook 2026 advierte una aceleración del riesgo por inteligencia artificial y tensiones geopolíticas, mientras casi la mitad de los ejecutivos regionales expresa desconfianza en la capacidad de respuesta. La combinación de brechas de talento y cadenas de suministro complejas eleva la exposición de servicios esenciales
El riesgo de ciberseguridad se está acelerando y la infraestructura crítica aparece entre los objetivos más expuestos. Así lo concluye el Global Cybersecurity Outlook 2026, elaborado por el World Economic Forum (WEF) y Accenture, que identifica como principales motores de esta presión el avance de la inteligencia artificial, la fragmentación geopolítica y la creciente complejidad de las cadenas de suministro.
De esta forma, el reporte muestra que los ejecutivos de América Latina son los que menos confianza tienen en la capacidad de sus países para proteger infraestructura crítica frente a ataques. Casi la mitad de los líderes regionales declara no confiar en la respuesta ante incidentes que apunten a servicios esenciales, una señal que pone en el centro la resiliencia operativa de sectores estratégicos.
Geopolítica y cambio de estrategia
María Luisa Acuña, cybersecurity lead de Accenture Chile, sostiene que “en 2026, la geopolítica continuará siendo el principal factor que influye en las estrategias de ciberseguridad”, y agrega que un 64% de las organizaciones a nivel mundial ya considera escenarios de ciberataques con motivación geopolítica, como interrupciones de infraestructura crítica o espionaje.
Ante ese escenario, el 91% de las organizaciones más grandes ha modificado sus estrategias de ciberseguridad debido a este riesgo.
En Chile, la tendencia apunta en la misma dirección. “Muchas organizaciones designadas como operadores de importancia vital por la Ley Marco de Ciberseguridad están revisando sus estrategias, no solo por cumplimiento legal, sino por su rol y responsabilidad como parte de una infraestructura crítica nacional”, señala Acuña.
Brecha de talento: el punto más débil
El informe también advierte que Latinoamérica lidera el déficit de talento en ciberseguridad. Según los datos, el 65% de los ejecutivos afirma que sus organizaciones no cuentan con una fuerza laboral con las habilidades necesarias para alcanzar sus objetivos de seguridad. Esta brecha tensiona la capacidad de prevención, detección y recuperación frente a incidentes cada vez más sofisticados.
Acuña subraya que este escenario está redefiniendo el rol de los profesionales del área y exige adaptar competencias. “Hoy estamos desafiados a profundizar skills en seguridad cuántica, seguridad agéntica y a auditar algoritmos de inteligencia artificial, además de traducir amenazas técnicas en impacto de negocio y financiero para obtener el respaldo de la alta administración”, afirma.
Gobernanza y resiliencia
La gobernanza aparece como un factor diferenciador. El mismo reporte indica que el 99% de los ejecutivos de organizaciones altamente resilientes reporta participación del directorio en materias de ciberseguridad, una señal de que la toma de decisiones al más alto nivel se correlaciona con mejores capacidades de respuesta y continuidad operativa.
En un entorno donde la superficie de ataque crece y los riesgos se entrelazan con la geopolítica y la cadena de suministro, la discusión deja de ser sectorial. La protección de infraestructura crítica se vuelve una prioridad sistémica, que combina inversión, talento, regulación y gobierno corporativo.
El desafío de cerrar brechas
El diagnóstico del WEF y Accenture deja una tarea inmediata para la región: cerrar la brecha de capacidades y elevar la ciberseguridad al nivel estratégico. La presión por continuidad de servicios esenciales, cumplimiento regulatorio y confianza pública obliga a pasar de esquemas reactivos a modelos de resiliencia, donde inversión, talento y gobernanza avancen en conjunto.
La señal es clara: la protección de infraestructura crítica ya no es solo tecnológica, es una decisión de gestión con impacto económico y social.



