Por Allan Mix Vidal. Presidente de la Sociedad Chilena de Medicina de Urgencia (SOCHIMU)
La información recientemente difundida a partir del Consolidado de Información Circularizada N.º 24 de la Contraloría General de la República, sobre los tiempos de atención en urgencias hospitalarias obliga a mirar el problema con seriedad. Pero también a hacer una pregunta incómoda: ¿estamos diagnosticando correctamente las causas de la congestión?
Porque una cosa es constatar que existen esperas que debemos reducir y otra muy distinta es asumir que el problema se origina y se resuelve dentro de la urgencia. La crisis de las urgencias es, en buena medida, la crisis de hospitales que no tienen capacidad suficiente para recibir a los pacientes que requieren hospitalización. Las urgencias son la alarma de un sistema hospitalario colapsado.
Una urgencia puede comenzar el día con gran parte de sus espacios ocupados por pacientes que siguen allí porque esperan una cama hospitalaria. Si cada atención puede extenderse por varias horas y una proporción relevante de los pacientes termina hospitalizada, la capacidad para responder a nuevos pacientes que demandan atención se agota rápidamente.
En ese escenario, agregar médicos no resuelve el cuello de botella, ya que, si no hay camillas, capacidad de cuidados de enfermería, espacios, exámenes o camas clínicas hospitalarias disponibles, simplemente no hay dónde continuar la atención.
También debemos discutir otro diagnóstico recurrente, que la saturación se debe principalmente a pacientes que podrían atenderse en atención primaria. Por supuesto que debemos mejorar el uso de la red. Pero confundir ese fenómeno con la causa central de la congestión hospitalaria también es un error.
Pensemos en una urgencia de alta complejidad que recibe 150 pacientes al día. Incluso si un tercio de ellos pudiera resolverse en un consultorio, estamos hablando de 50 pacientes. Con dos boxes y un rendimiento de cuatro pacientes por hora en cada uno (el rendimiento que tendrían en el Cesfam), esos 50 pacientes podrían ser atendidos en poco más de seis horas. Es un problema que se agrega y que debemos resolver, pero no explica por sí solo por qué una urgencia queda saturada durante toda la jornada.
El paciente que realmente “se queda pegado” es muchas veces otro, es aquel que necesita hospitalización y no encuentra una cama disponible. Al quedarse en la camilla de urgencia, ocupa un espacio por el resto de la jornada, eliminando una oportunidad más de atención a los pacientes que consultan en las horas siguientes.
Por eso, las soluciones también deben estar aguas arriba. Se necesitan más capacidad hospitalaria, mejores flujos de egreso, herramientas diagnósticas rápidas (como exámenes point-of-care y ecografía al lado de la cama del paciente) y una cartera de procedimientos que permita resolver más oportunamente a pacientes más complejos. Necesitamos también fortalecer la Medicina de Urgencia.
Formar especialistas toma años; al menos tres más, luego de la formación de médico general y eso solo si ingresan directamente. Mientras tanto, el sistema debe ser capaz de atraer y retener a quienes ya trabajan fuera del sector público, con remuneraciones, condiciones laborales y espacios adecuados que permitan retener un personal valioso.
Y hay algo más que no podemos perder de vista, son los equipos de urgencia quienes han sostenido durante años la atención de pacientes en condiciones muchas veces insuficientes. Los registros de fiscalización pueden mostrar cifras, pero difícilmente capturan las decisiones clínicas, el esfuerzo y las condiciones en que trabajan quienes estamos ahí.
Por otro lado, algo muy importante y que no se debe olvidar, ni pasar por alto, es que los datos administrativos de un expediente no equivalen necesariamente a la evolución clínica real del paciente. Cuando un paciente llega en riesgo vital, la prioridad siempre será atenderlo de manera oportuna y proteger su vida.
Debemos mejorar los tiempos de atención. Sin duda. Pero para hacerlo necesitamos dejar de buscar explicaciones simples para un problema complejo.
Una urgencia no se descongestiona solo descongestionando la urgencia. Se descongestiona cuando funciona la red completa.
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