Por Jubiza Pusic. Directora del Instituto Lipedema Chile
Hay enfermedades que desafían nuestra manera habitual de mirar el cuerpo. El Lipedema es una de ellas. La conversación sobre esta condición suele concentrarse en lo visible, es decir, en la forma corporal, la distribución del tejido adiposo o el estadio clínico. Pero un estudio realizado en Chile obliga a poner el foco en algo menos evidente, como es el dolor.
La investigación “Asociación entre dolor, IMC y características clínicas en el Lipedema: análisis segmentario usando bioimpedancia”, que por primera vez realizamos en nuestro país y que fue publicada en el Journal of Vascular Surgery: Venous and Lymphatic Disorders, analizó a 306 mujeres adultas con diagnóstico clínico confirmado.
Su principal aporte debiera hacernos revisar ciertos prejuicios, entre ellos que la intensidad del dolor no está necesariamente relacionada con la cantidad de tejido adiposo, el estadio clínico ni el tipo morfológico de la enfermedad.
Otro dato significativo de este análisis se traduce en que la hipersensibilidad al tacto aparece asociada con una mayor intensidad del dolor. Asimismo, la pesadez de las piernas se relaciona con niveles altos de dolor. Ninguno de estos síntomas constituye por sí solo un marcador diagnóstico específico. Pero ambos recuerdan que la experiencia de una enfermedad no puede reducirse a una fotografía del cuerpo.
El estudio también cuestiona el uso del índice de masa corporal como explicación suficiente de la carga funcional del Lipedema. El IMC no distingue entre masa grasa y masa magra ni refleja adecuadamente la distribución regional del tejido adiposo.
A mi juicio, el valor de esta investigación va más allá de sus resultados clínicos. También propone un cambio de mirada: evaluar una enfermedad significa escuchar a quien la vive. Significa considerar anatomía, composición corporal, síntomas funcionales y aquello que la propia paciente reporta.
En resumen, el primer estudio chileno sobre esta materia abre una puerta hacia una evaluación multidimensional. Porque cuando hablamos de salud, lo que se ve importa, pero lo que duele también. Y muchas veces, es aquello que no se ve lo que más necesita ser escuchado.
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