El gremio empresarial valoró los objetivos económicos planteados por Hacienda, pero enfatizó que su impacto dependerá de la implementación y de la capacidad de comunicar sus alcances a la ciudadanía
El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz llegó al seminario “La primera lectura de un nuevo ciclo”, organizado por Diario Financiero, para enfrentarse a una audiencia que conoce bien. No solo por el espacio —marcado por la presencia de empresarios, gremios y actores económicos—, sino también por su propia trayectoria, ligada históricamente al análisis económico y al mundo privado.
De esta forma, el titular de las arcas fiscales presentó los lineamientos del nuevo ciclo económico a una decena de empresarios y líderes gremiales, una instancia donde las expectativas se miden tanto por lo que se anuncia como por lo que se ejecuta.
La recepción fue de atención, pero también de cautela. Desde la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), el foco no estuvo en cuestionar los objetivos, sino en exigir claridad sobre su implementación.
“En la medida que no se conozcan los proyectos de ley o los decretos que se van a publicar, es muy difícil hacer una bajada más concreta”, planteó Susana Jiménez, presidenta de la CPC, marcando una distancia evidente entre el diseño de las políticas y su aterrizaje real.
Esa advertencia no es menor. Refleja una preocupación instalada en el mundo empresarial: la necesidad de pasar desde el anuncio a la certeza, especialmente en un momento donde las decisiones económicas requieren señales claras.
La construcción como primer termómetro de reactivación
Entre los ejes abordados, la construcción apareció como una de las primeras pruebas del nuevo ciclo. Un sector clave para la economía, pero también uno de los más golpeados en los últimos años.
En ese plano, Jiménez reconoció avances, aunque aún preliminares. “Conocimos algunos mayores detalles, por ejemplo, en todo lo que tiene que ver con incentivos para la construcción, la mayor dinamización del mercado de las viviendas y cómo podemos ir resolviendo el déficit de vivienda que hay”, señaló, integrando en una misma mirada el diagnóstico y la oportunidad.
Pero su análisis fue más allá del impulso inicial. “Existiendo un stock de vivienda importante, el desafío es cómo eso se hace en una transición para que se mantenga el dinamismo y podamos recuperar un sector que ha estado muy rezagado”, advirtió, apuntando a la necesidad de una estrategia sostenida y no solo reactiva.
Metas ambiciosas y decisiones que implican costos
El corazón del mensaje económico estuvo marcado por objetivos de alto impacto: crecimiento del 4%, equilibrio fiscal y pleno empleo. Metas que generan consenso, pero que también exigen definiciones complejas.
Desde la CPC, la valoración fue explícita. “Creo que son todos objetivos muy deseables, creo que nadie podría discrepar de aquello”, afirmó Jiménez, dejando en claro que existe alineamiento en la dirección.
Sin embargo, la advertencia surge de inmediato. “Esto requiere ponerse metas ambiciosas, así lo mencionó él, y también metas que a veces son costosas”, agregó, incorporando un elemento clave en la discusión económica: el costo de las decisiones y su impacto en distintos actores.
El desafío de fondo: explicar para generar confianza
Más allá del contenido técnico, el énfasis del gremio se trasladó a la forma en que se comunican las medidas. La legitimidad de las políticas económicas no depende solo de su diseño, sino también de su comprensión pública.
En ese punto, Jiménez fue directa. “La importancia de que se expliquen bien a la ciudadanía y que nosotros también conozcamos los detalles de todas esas medidas”, señaló, subrayando que la transparencia no es un complemento, sino una condición para avanzar.
En resume una preocupación transversal: sin claridad, la incertidumbre se instala; sin explicación, la confianza se debilita.
Entre la sintonía y la exigencia
La escena que deja el encuentro es la de un equilibrio delicado. Un ministro que habla desde un lenguaje compartido con el mundo empresarial, y un sector que escucha, pero que exige precisión.
No hay confrontación, pero tampoco complacencia. Hay respaldo a los objetivos, pero condicionado a la claridad, la implementación y la capacidad de explicar decisiones que tendrán costos.
En ese cruce se define buena parte del nuevo ciclo económico. No en las metas declaradas, sino en la forma en que estas se traduzcan en medidas concretas, comprensibles y sostenibles en el tiempo.



