El reporte de Group-IB revela un cambio estratégico en el cibercrimen, con ataques indirectos a proveedores tecnológicos que amplifican riesgos para empresas y gobiernos, en un escenario marcado por inteligencia artificial, ransomware y creciente exposición de economías latinoamericanas frente a amenazas digitales
El cibercrimen global está cambiando de lógica. Ya no se trata solo de ataques directos a empresas, sino de operaciones que buscan vulnerar puntos intermedios del ecosistema digital. Un informe de Group-IB advierte que los ataques a proveedores tecnológicos se han convertido en el principal vector de riesgo y que su impacto se amplifica al comprometer múltiples organizaciones desde un solo punto de entrada.
El documento —basado en investigación de amenazas digitales y cooperación internacional— señala que los ciberdelincuentes están apuntando cada vez más a proveedores de software, servicios tecnológicos y plataformas interconectadas. Este cambio responde a la creciente dependencia de redes digitales complejas, donde una vulnerabilidad en la cadena puede escalar a nivel sistémico y afectar simultáneamente a múltiples empresas e instituciones.
Un cibercrimen más sofisticado y descentralizado
El informe identifica una expansión sostenida en la escala del cibercrimen. En total, se registraron más de 310.000 víctimas confirmadas, 34.838 infraestructuras maliciosas desmanteladas y 1.809 ciberdelincuentes arrestados. Estas cifras reflejan un fenómeno en evolución, donde la sofisticación de los ataques crece junto a modelos criminales más organizados y la cooperación internacional se vuelve clave para contener su expansión.
Uno de los elementos más relevantes es la consolidación del ransomware como servicio (RaaS), con la aparición de 32 nuevos programas afiliados. Este modelo permite que actores con menor capacidad técnica participen en ataques avanzados, lo que expande la escala del cibercrimen a nivel global y facilita operaciones descentralizadas de alto impacto.
A esto se suma una tendencia crítica: la venta de accesos corporativos en mercados clandestinos. En estos espacios, se comercializan credenciales y accesos a redes empresariales que luego son utilizados para ataques dirigidos. Este fenómeno evidencia que el acceso a sistemas corporativos se ha transformado en un activo comercial y que las defensas tradicionales resultan insuficientes frente a amenazas avanzadas.
Inteligencia artificial y fraude digital
El informe también advierte sobre el rol creciente de la inteligencia artificial en el cibercrimen. Herramientas basadas en IA están siendo utilizadas para automatizar campañas de phishing, generar contenido fraudulento y replicar servicios digitales legítimos. Esto implica que la inteligencia artificial reduce las barreras de entrada al fraude digital y permite ataques más sofisticados y difíciles de detectar.
En paralelo, se ha detectado el uso de deepfakes en esquemas de fraude, donde se suplantan ejecutivos o figuras públicas para aumentar la credibilidad de las estafas. Este fenómeno introduce un nuevo nivel de riesgo, donde la confianza digital se convierte en el principal objetivo de los atacantes y las organizaciones deben reforzar sus sistemas de autenticación y verificación.
Latinoamérica en la mira
El informe posiciona a Latinoamérica como un territorio cada vez más relevante para el cibercrimen global. Durante 2025, Brasil registró 139 ataques de ransomware, seguido por México (82), Argentina (61) y Colombia (60), mientras que Chile reportó 18 incidentes. Estas cifras reflejan que la región se consolida como un objetivo estratégico para grupos criminales y que la exposición a amenazas digitales sigue en aumento.
A nivel sectorial, los ataques se concentraron en servicios profesionales, salud, manufactura y servicios financieros, áreas críticas para la economía. Este patrón confirma que los ciberdelincuentes priorizan sectores con alto volumen de datos y operaciones sensibles y que la interrupción de estos servicios puede generar impactos significativos.
El reporte también advierte que el ransomware evoluciona hacia modelos vinculados a la cadena de suministro digital, donde los atacantes comprometen proveedores o plataformas con acceso privilegiado. Este enfoque permite escalar el impacto de una intrusión inicial y eludir las defensas tradicionales de las organizaciones, redefiniendo el enfoque de la ciberseguridad.
Un desafío estructural para empresas y gobiernos
El informe de Group-IB no solo describe una tendencia, sino que plantea un cambio estructural en la seguridad digital. La creciente interconectividad de los sistemas ha ampliado la superficie de ataque, obligando a replantear las estrategias de protección.
En este escenario, la seguridad ya no puede centrarse únicamente en la defensa individual de cada organización. La protección efectiva requiere una visión integrada, donde la gestión de riesgos considere toda la cadena de suministro digital y la ciberseguridad se consolide como un factor crítico para la continuidad operativa y la confianza institucional.



