Una encuesta regional de Cheaf situó a Chile con la mayor frecuencia declarada de desperdicio semanal entre cuatro países. El estudio también revela que el alza de precios está modificando las decisiones de compra de los hogares
Chile registra la mayor frecuencia declarada de desperdicio de alimentos entre los cuatro países latinoamericanos incluidos en una nueva medición regional. El 49,9% de quienes respondieron la encuesta en el país afirmó botar comida al menos una vez por semana, superando a México, Colombia y Argentina.
El dato forma parte de la segunda Encuesta Regional sobre Percepción del Desperdicio de Alimentos 2026, realizada por Cheaf a 4.504 personas. Los resultados muestran una contradicción especialmente marcada en Chile: 93,6% considera que el desperdicio de alimentos es un problema relevante y 90,1% reconoce que genera un impacto ambiental medio o alto, pero prácticamente la mitad declara desechar comida semanalmente.
| País | Desperdicia alimentos al menos una vez por semana |
|---|---|
| Chile | 49,9% |
| México | 42,6% |
| Colombia | 34,6% |
| Argentina | 26,1% |
El precio de los alimentos también pesa
La investigación muestra que el alza de los precios se transformó en un factor relevante al momento de comprar alimentos. A nivel regional, 54% de los encuestados señaló que el encarecimiento fue el principal elemento que influyó durante este año en sus decisiones de compra.
En Chile, la proporción sube a 61,5%, la más alta de los cuatro países, seguida por México con 59%. La cifra conecta el desperdicio con una dimensión que va más allá de sus consecuencias ambientales: cada alimento que termina en la basura también representa recursos del presupuesto familiar que no fueron aprovechados.
Natalia Paredes, gerente general de Cheaf Chile, sostiene que “cuando casi seis de cada diez personas en Chile nos dicen que el alza de los precios ha influido en su forma de comprar y aprovechar los alimentos, queda claro que el desperdicio no es solo un problema ambiental. También es un problema para el bolsillo”.
Los hábitos de compra también aparecen dentro de la ecuación. El 43% de las personas que reconoce que promociones de varias unidades, como el 2×1, las llevan a comprar más de lo necesario, declara además desperdiciar alimentos semanalmente. Entre quienes no identifican este tipo de ofertas como un incentivo para sobrecomprar, la proporción baja a 36%.
Los descuentos, a su vez, pueden convertirse en una herramienta para evitar que alimentos todavía aptos para el consumo terminen descartados. Frente a un producto próximo a su fecha límite, 37% de los participantes dice que lo compraría si tiene descuento, abriendo espacio para estrategias comerciales orientadas al rescate de excedentes.
Supermercados concentran las expectativas
El estudio también preguntó quién debería asumir una mayor responsabilidad para reducir el problema. En Chile, 78,4% de los participantes identificó a supermercados y grandes cadenas entre los principales actores llamados a intervenir, el porcentaje más alto entre los cuatro países.
La percepción contrasta con la responsabilidad asignada a las propias familias. Solo 30,6% de quienes respondieron en Chile incluyó a las personas y hogares entre los principales responsables, mientras en Colombia y México esa proporción supera cuatro de cada diez encuestados.
La pérdida de comida ya había mostrado un impacto significativo sobre los presupuestos familiares. Una medición anterior sobre desperdicio de alimentos en Chile y su costo para los hogares identificó problemas asociados a la planificación de las compras, preparación excesiva de comida y almacenamiento, reforzando que una parte de las pérdidas se produce dentro de los hogares.
Las respuestas de la nueva encuesta se inclinan principalmente hacia incentivos y mecanismos de rescate antes que hacia las sanciones. A nivel regional, 52% considera que deberían establecerse incentivos para donar o rescatar alimentos y 28% prioriza facilitar las donaciones a bancos de alimentos y organizaciones sociales. Solo 10% menciona multas a grandes empresas entre las principales medidas.
La discusión tampoco parte desde cero. Una medición regional difundida en 2025 ya había mostrado un respaldo importante en Chile a medidas legales para donar y rescatar alimentos, junto con una demanda por mayor participación institucional y empresarial en la reducción del desperdicio.
La preocupación no está cambiando los hábitos
Uno de los principales hallazgos del estudio es precisamente la distancia entre la percepción del problema y el comportamiento cotidiano. En los cuatro países, 91% de los participantes considera que el desperdicio de alimentos es al menos relevante, pero solo 12% afirma no botar comida nunca.
La diferencia se mantiene incluso entre quienes muestran mayor conciencia. Cerca del 40% de las personas que califican el desperdicio como crítico o muy relevante reconoce desechar comida semanalmente, una proporción prácticamente similar a la registrada entre quienes le asignan menor importancia.
Para Kim Durand, fundador y CEO de Cheaf, el desafío dejó de estar exclusivamente en generar conciencia. “Las personas saben que desperdiciar alimentos tiene consecuencias ambientales, sociales y económicas, pero eso no necesariamente cambia lo que ocurre en la cocina o al momento de comprar”.
La encuesta fue realizada durante julio de 2026 y reunió 1.300 respuestas en Chile, 1.229 en Colombia, 988 en México y 987 en Argentina. Fue aplicada online a personas responsables de comprar y preparar alimentos en sus hogares. La participación fue voluntaria y la muestra es no probabilística, por lo que sus resultados reflejan las experiencias de quienes participaron y no deben extrapolarse al conjunto de la población de cada país.
La medición deja así una señal especialmente relevante para Chile: la preocupación por el desperdicio está ampliamente instalada, pero todavía no logra traducirse con la misma intensidad en las decisiones de compra, planificación y aprovechamiento de los alimentos.
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