La expansión de la inteligencia artificial acelera la instalación de centros de datos, pero sus proyectos pueden estar listos en un año mientras las conexiones eléctricas tardan hasta tres, una brecha que amenaza inversiones y competitividad
Un centro de datos puede requerir entre nueve y doce meses para quedar preparado, pero las obras necesarias para conectarlo al sistema eléctrico pueden tardar entre dos y tres años. Esa diferencia comienza a convertirse en uno de los principales riesgos para una industria que toma decisiones de inversión con calendarios mucho más rápidos que los de la infraestructura energética.
La expansión de la inteligencia artificial, los servicios en la nube y el procesamiento masivo de información está multiplicando la demanda por instalaciones capaces de operar de manera continua. El desafío ya no consiste solamente en atraer proyectos tecnológicos, sino en garantizar que dispongan de energía suficiente, estable y dentro de los plazos comprometidos.
Chile reúne condiciones para avanzar como plataforma regional, pero los desafíos de energía, regulación e inversión comienzan a tensionar esa ventaja. El país cuenta con 62 mil kilómetros de fibra óptica, conexión a una red de 69 mil kilómetros de cables submarinos y una capacidad de centros de datos que pasó de 35 MW en 2013 a 198 MW en 2023. Las proyecciones oficiales apuntan a que podría triplicarse en cinco años.
Una brecha de hasta dos años
El desfase fue abordado durante el encuentro Data Center & AI Infrastructure Chile 2026, donde representantes de empresas tecnológicas, inversionistas y actores del sistema eléctrico analizaron las condiciones necesarias para sostener el crecimiento de esta industria.
“Hoy en día, el principal reto al que se enfrentan los desarrolladores de centros de datos es coordinar los calendarios de ejecución de sus proyectos con los plazos necesarios para garantizar las conexiones a la red eléctrica, que suelen ser considerablemente más largos”, afirmó Rafael Pereira, director del segmento de Energías Renovables y Centros de Datos para Latinoamérica de Hitachi Energy.
La diferencia entre ambos calendarios no es un asunto meramente administrativo. Un proyecto terminado sin capacidad eléctrica disponible no puede iniciar sus operaciones, lo que obliga a postergar contratos, reorganizar inversiones y asumir costos que pueden modificar la viabilidad del negocio.
Chile posee una oportunidad energética vinculada al crecimiento de la inteligencia artificial, especialmente por su disponibilidad de generación renovable. Sin embargo, contar con energía dentro del sistema no significa necesariamente que pueda ser transportada hasta el lugar requerido, con la potencia y continuidad que necesita una instalación digital.
“La planificación coordinada es fundamental. En ella participan la industria, que ofrece soluciones tecnológicas a los clientes, el Gobierno, a través del organismo regulador que concede el acceso, y el sector privado, que realiza la inversión. Si todos nos coordinamos, creamos una mejor sinergia y, en última instancia, hacemos viable el proyecto del cliente”, sostuvo Pereira.
Capacidad general no asegura conexión inmediata
Desde el Coordinador Eléctrico Nacional, el director y consejero Jaime Peralta respaldó la necesidad de anticipar los proyectos y coordinar tempranamente a los organismos involucrados. Su diagnóstico introduce una distinción relevante: el sistema puede contar con capacidad general, pero eso no garantiza disponibilidad inmediata en cada punto donde se pretende instalar un centro de datos.
“Tenemos una demanda creciente de centros de datos que conecten diferentes partes del país, principalmente en la Región Metropolitana y en el área de Santiago. Afortunadamente, el sistema cuenta con suficiente capacidad de transmisión para integrar esta creciente demanda, pero la colaboración temprana entre los distintos organismos es indispensable para seguir operando de forma segura y fiable”, afirmó.
Según los antecedentes expuestos durante el encuentro, Chile podría incorporar alrededor de 600 MW de capacidad para centros de datos durante 2026 y otros 1.000 MW hacia fines de 2028. La escala de esas proyecciones obliga a incorporar este consumo en las decisiones sobre transmisión, subestaciones y desarrollo futuro de la red.
La dificultad es que las empresas tecnológicas necesitan certezas antes de comprometer una inversión. No basta con conocer cuánta energía producirá el país: requieren saber dónde existe capacidad de conexión, qué obras serán necesarias, quién deberá ejecutarlas y cuánto tiempo tomará habilitarlas.
La planificación incorpora la nueva demanda
El Informe Preliminar de la Planificación Energética de Largo Plazo 2028-2032, publicado el 24 de julio de 2026, incorporó por primera vez la expansión de los centros de datos entre las nuevas tendencias capaces de influir significativamente en la demanda eléctrica futura. El documento mantiene a la transmisión como una infraestructura habilitante y advierte la necesidad de fortalecer el sistema en las zonas centro norte y centro sur.
El reconocimiento oficial confirma que los centros de datos dejaron de ser un consumo marginal para la planificación energética. Su demanda se sumará a la electrificación de la minería, la industria, el transporte y otros sectores que también esperan una red más robusta y flexible.
Ese crecimiento exigirá sincronizar dos procesos que hasta ahora han avanzado con ritmos diferentes. Las empresas digitales pueden decidir, financiar y levantar sus instalaciones con rapidez, mientras los proyectos eléctricos deben atravesar estudios, autorizaciones, licitaciones, construcción y puesta en servicio.
La planificación también deberá entregar señales más claras sobre la capacidad disponible. La incertidumbre sobre los tiempos de conexión puede pesar tanto como el costo de la electricidad, especialmente cuando Chile compite con otros mercados latinoamericanos por proyectos que no necesariamente están obligados a instalarse en el país.
La energía renovable no basta
La disponibilidad de fuentes renovables constituye una ventaja, pero no resuelve por sí sola las necesidades de la industria. Los centros de datos necesitan suministro permanente, capacidad de respaldo y conexiones capaces de mantener altos estándares de seguridad operacional.
A ello se agregan las exigencias de eficiencia hídrica, consumo energético e integración con los territorios. El desarrollo de esta infraestructura crítica debe avanzar con responsabilidad ambiental, pero también con reglas y plazos suficientemente claros para que las exigencias de sostenibilidad no aparezcan cuando los proyectos ya están definidos.
El Plan Nacional de Data Centers contempla 30 nuevos proyectos y una inversión estimada de US$4.000 millones hasta 2028. Su propósito es acelerar el crecimiento de la industria bajo estándares ambientales y territoriales, reconociendo que el aumento de la capacidad tecnológica deberá acompañarse de coordinación pública y planificación energética.
La conexión también define la inversión
Chile todavía posee condiciones para consolidarse como un polo regional de infraestructura digital. La ventaja, sin embargo, no dependerá únicamente de cuánta energía renovable produzca, sino de su capacidad para transportarla y entregarla dentro de los plazos que exige la economía tecnológica.
La competencia por los centros de datos se juega en la conectividad, el capital humano y la estabilidad institucional, pero también en aspectos menos visibles: disponibilidad de subestaciones, capacidad de las líneas y certezas sobre el acceso eléctrico.
Los proyectos tecnológicos ya avanzan. La prueba para Chile será determinar si su red puede acompañarlos sin comprometer la seguridad del sistema ni obligar a los inversionistas a esperar varios años para comenzar a operar. En la carrera por la inteligencia artificial, una conexión tardía puede ser suficiente para perder una inversión.



