El socio fundador de Solcor y director de Energy Holding analiza cómo la expansión de los data centers, la demanda eléctrica de la IA y el avance de las energías renovables pueden convertirse en una ventaja competitiva para atraer inversión, fortalecer empresas y acelerar nuevos modelos de desarrollo productivo
Por Sandra Guijarro Vilela
La inteligencia artificial dejó de ser solo una discusión tecnológica. Su crecimiento comienza a mover decisiones de inversión, infraestructura, energía y competitividad entre países. Detrás de cada modelo, plataforma o servicio digital existe una demanda creciente por electricidad, continuidad operacional, conectividad y capacidad de procesamiento.
Ese avance está impulsando una nueva carrera global por los data centers, instalaciones críticas para sostener el crecimiento de la economía digital. En ese mapa, Chile aparece con una condición relevante: una matriz energética cada vez más renovable, costos competitivos y experiencia en contratos de suministro de largo plazo para grandes consumidores.
Así lo plantea Alexander Decock, socio fundador de Solcor y director de Energy Holding, quien advierte que la próxima fase de la transición energética no se jugará solo en la generación, sino también en la capacidad del país para transportar, almacenar, gestionar y acercar energía limpia a empresas, industrias y consumidores.
La conversación se conecta con una discusión que ya cruza a las compañías chilenas: cómo transformar tecnología en productividad real. Mientras la inteligencia artificial empresarial en Chile avanza con fuerza, el país también necesita infraestructura, energía competitiva y liderazgo corporativo para que esa adopción digital se traduzca en resultados concretos.
IA, data centers y ventaja competitiva
La expansión de la inteligencia artificial está elevando la demanda eléctrica global y acelerando la instalación de data centers. ¿Qué oportunidad abre este fenómeno para Chile?
Desde la perspectiva energética, es una oportunidad única para el país. El principal costo operativo de un data center es la energía, y Chile cuenta con una matriz energética cada vez más renovable, costos competitivos y un mercado eléctrico maduro, con múltiples actores capaces de ofrecer contratos de suministro de largo plazo.
Eso convierte al país en un destino atractivo para inversiones asociadas a inteligencia artificial y procesamiento de datos. Los data centers seguirán creciendo a nivel global y Chile tiene condiciones muy favorables para capturar parte importante de ese desarrollo. Por supuesto, los data centers también requieren agua, pero desde el punto de vista energético la oportunidad es enorme.
Chile es visto como un referente regional en energías renovables. ¿Qué falta para consolidar ese liderazgo?
Chile tiene una posición de liderazgo en generación renovable, especialmente en energía solar, pero existe una gran oportunidad para ampliar el impacto de esa transformación en el lado del consumo.
La generación distribuida es un buen ejemplo. No solo las empresas pueden producir energía; también las familias pueden convertirse en actores activos del sistema mediante la instalación de paneles solares en sus viviendas. Estamos viendo un crecimiento sostenido del mercado residencial impulsado tanto por el ahorro económico como por una mayor conciencia ambiental.
Infraestructura, permisos y almacenamiento
¿Qué tan urgente es modernizar la red eléctrica para aprovechar plenamente el potencial energético del país?
El principal desafío hoy está en la permisología. Los retrasos en la aprobación de proyectos de infraestructura han frenado inversiones, postergado nuevas líneas de transmisión y generado incertidumbre en el mercado energético.
Al mismo tiempo, Chile necesita fortalecer su red eléctrica para transportar la energía renovable desde las zonas de generación hacia los principales centros de consumo. En este punto, los sistemas de almacenamiento mediante baterías BESS se han transformado en una herramienta clave para reducir vertimientos y gestionar mejor la energía disponible.
Ahora, el almacenamiento no reemplaza a la transmisión. Son soluciones complementarias. A largo plazo, el país requerirá una red más robusta para aprovechar plenamente su potencial renovable e incluso podría proyectarse como exportador de energía hacia mercados de la región.
Chile todavía enfrenta vertimiento de energía renovable. ¿Cómo se puede resolver ese problema?
El vertimiento está asociado principalmente a las grandes plantas utility ubicadas lejos de los centros de consumo. Gran parte de la energía solar se produce en el norte del país, mientras que una porción importante de la demanda se concentra en la zona central. Cuando la infraestructura de transmisión no tiene capacidad suficiente para transportar toda esa energía, parte de ella simplemente no puede aprovecharse y se pierde.
Por eso es clave seguir fortaleciendo la generación distribuida. Se trata de desarrollar proyectos cerca de donde la energía será consumida, aprovechando techos y terrenos disponibles en zonas urbanas e industriales. Al reducir las distancias de transporte, disminuyen las pérdidas eléctricas, se requiere menos infraestructura de transmisión y permite optimizar el uso de la energía renovable.
Esa mirada ya empieza a expresarse en modelos empresariales más flexibles, donde la transición energética no depende exclusivamente de grandes proyectos. La posibilidad de reducir costos eléctricos con energía solar permite que compañías de distintos sectores avancen hacia soluciones de autoconsumo, menor gasto operacional y acceso más directo a energía limpia.
Nuevos modelos de energía limpia
Usted ha planteado que la oferta renovable debe sofisticarse y agregar nuevos atributos. ¿A qué se refiere?
Significa ir más allá de la simple generación de energía. Un ejemplo es el desarrollo de proyectos de Net Billing Virtual, que permiten a empresas ubicadas en zonas urbanas acceder a energía solar aunque no tengan espacio físico para instalar paneles fotovoltaicos.
Para ello, se desarrollan plantas solares en sectores con disponibilidad de terreno, como Tiltil, Chacabuco o Lampa, cuya generación se vincula al consumo de locales comerciales o cadenas de sucursales que operan en malls, strip centers o edificios. Gracias a la normativa de Net Billing, la energía producida por estas instalaciones puede reflejarse virtualmente en la cuenta eléctrica de los clientes, permitiéndoles acceder a energía renovable aunque no generen electricidad en sus propias instalaciones.
Durante el I-REC Day 2026 usted señaló que las grandes empresas lideran la adopción de certificados de energía renovable. ¿Cuál es la situación de las pymes?
Los certificados I-REC siguen siendo una herramienta impulsada principalmente por las grandes empresas, que los utilizan para acreditar el origen renovable de la energía que consumen y respaldar sus estrategias de descarbonización, especialmente en relación con las emisiones Scope 2. En cambio, las pymes están enfocadas en reducir sus costos energéticos.
Esa diferencia se observa claramente en nuestra experiencia en Solcor, donde trabajamos tanto con pymes de sectores como agricultura, viñas y logística, como con grandes empresas, entre ellas Concha y Toro, CCU, Mallplaza y compañías mineras.
La principal razón está en las exigencias del mercado. Hoy la mayoría de las pequeñas y medianas empresas no enfrenta requerimientos asociados a la trazabilidad energética. Sin embargo, esto podría cambiar si los estándares internacionales comienzan a exigir evidencia del origen renovable de la energía utilizada en los procesos productivos, especialmente en sectores exportadores.
Liderazgo empresarial para una nueva etapa
La mirada de Alexander Decock deja una señal relevante para empresas, inversionistas y tomadores de decisión: Chile tiene una ventaja energética real, pero esa ventaja no se convierte automáticamente en liderazgo. Requiere infraestructura, permisos más eficientes, almacenamiento, transmisión, innovación comercial y nuevos modelos de acceso a energía limpia.
La expansión de los data centers, la presión de la inteligencia artificial, la trazabilidad energética y la necesidad de reducir emisiones están cambiando la forma en que las empresas evalúan dónde invertir y cómo operar. Para Chile, el punto no está solo en producir energía renovable, sino en convertirla en una plataforma de competitividad para industrias digitales, productivas y exportadoras.
Ese cruce entre tecnología, energía y liderazgo empresarial también aparece en el debate sobre el impacto real de la IA en las empresas, donde la transformación digital exige datos, nube, conectividad, seguridad, automatización y visión estratégica. En el caso chileno, la energía puede ser el factor que permita pasar de la adopción tecnológica a una nueva etapa de desarrollo económico.



